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Naze?
(porqué?)
ADVERTENCIA: creo que es algo así como lemon, yaoi o algo por el estilo, así que si no eres adept@ a tal material, te recomiendo no leerlo. Muchas gracias!
“Muchas veces buscamos lo que está en nuestra frente, y puede pasar una vida, sin hallarlo. Solo nos percatamos de ello, cuando el tiempo destruyó toda posibilidad, y nos enfrentamos ante nuestro propio reflejo, en el fracturado espejo de la conciencia.”
“No nos une el amor, sino el Espanto” J.L.Borges
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La puerta se abrió, sin que nadie de los propietarios de aquella casa apareciera. Estaba vacía.
- vaya, que extraño!.... mi madre no está!? – se preguntó Kurama confuso....
- en este estado, seguro has olvidado a dónde se fue – le contestó bruscamente a su amigo.
Kurama se liberó de lo brazos de Hiei, e intentó subir la escalera, pero no pudo más que aferrarse a la balaustrada.
- rayos!, que mareos! Cada vez son más fuertes.- dijo furioso, cerrando con fuerza sus ojos ante su debilidad, cuando sintió que Hiei volvía a pasar sus brazos por la cintura, y apoyarse en sus hombros.
- Vamos, camina!. No voy a ser tu niñera! – Kurama sonrió con el mal humor de Hiei.
Finalmente dejó al pelirrojo recostarse en la cama. Kurama le agradeció la ayuda, y le comentó que podía dejarlo.
- no. No lo haré. –gruñó el oscuro demonio.
- Mn?- Kurama se sorprendió.
- Eres un idiota. Si esa puta vuelve a aparecer, otra vez caerás en ella, y es por su causa que estás así.
- No digas tonterías Hiei..... ella me ayuda. –aseveró con suavidad
- Vaaa.....- Hiei se recostó sobre la ventana apreciando la vista nevada, cuando sintió un golpe súbito. Giró su rostro y vio a Kurama caído en el suelo. – idiota!! que te pasa!? Que quieres hacer?- le reprendió mientras volvía acomodarlo en la cama.
- Perdón..... solo iba a buscar unas aspirinas.....
- Mierda! Esas cagadas ningen.....donde están? Dime!
- En el baño....abriendo el espejo –sin romperlo!- en un frasco verde.
Hiei se dirigió al baño, no sin antes darle a Kurama una cara reprobatoria, regresando luego con el frasco, junto con un vaso de agua. Kurama intentó incorporarse pero el vértigo se intensificó al punto de no dejarle moverse en la propia cama. Hiei se preocupó un poco.
Pasó su mano sobre la nuca del pelirrojo y lo incorporó levemente, dándole las pastillas y haciéndole beber el agua.
Los ojos verdes estaban muy dilatados. Observó fijamente esos ojos, buscando encontrar el trasfondo.
- gracias Hiei.... y perdóname....-comentó algo avergonzado por todo. Llevó sus manos a la cabeza buscando parar el dolor que se había instalado.
- Que ocurre?
- El dolor está intensificándose. – Kurama comentó dejando translucir el dolor en su rostro contraído.
- Esas mierdas ningen......- hizo una mueca, mirando el frasco-
El teléfono sonó. Kurama buscó incorporarse, sin éxito. Le pidió a Hiei que atendiera, indicándole la forma de hacerlo. Probablemente era su madre.
Hiei accedió un poco mal humorado. Levantó el teléfono y solo escuchó.
- señor Minamino?... es usted?... probablemente esté disfónico, verdad? Ja jaja, con las travesuras que ha hecho anoche..... jaja ja, le invito a cenar nuevamente en mi casa, le espero bien tarde....matanee!!!...
y el sonido cesó.
Hiei gruñó. Esa voz le irritaba.
*perra en celo* bufó pensativamente.
De regreso al cuarto observó a Kurama completamente ido, con los ojos negros, comenzando a tomar una coloración azulada en sus fauces.
-mierda! Kurama! Respira! Que rayos!
Lo sacudió fuertemente, golpeó con las palmas el rostro de su amigo, lo incorporó en la cama, continuó sacudiéndolo, pero no reaccionaba.
Subió a la cama, y se sentó sobre las caderas del pelirrojo, dando suaves golpes al pecho, para permitir el movimiento de la respiración, pero todo era fútil.
Apoderado por el desespero, Hiei tomó aire e inclinándose sobre Kurama lo besó, entregándole el aliento. Una y otra vez...
De improviso, Kurama inspiró fuertemente, recuperando el triste brillo que hacía tiempo se había instalado en sus ojos.
Observó a Hiei frente a si, próximos los labios, sintiendo el respirar del demonio de fuego sobre sus bocas semi-abiertas, tomando desenfrenadamente el aire que hacia unos minutos no ingresaba a su cuerpo. No comprendió nada. Su respiración se agitó más, mostrando su desespero y temor....
- Hiei, yo.... no se que hice...... pero sea lo que sea.... no lo quise hacer....
Hiei solo lo observaba sin aumentar la distancia. Por un momento encontró a Kurama tan débil de sí, sin esa confianza y autoabastecimiento que siempre lo caracterizaban. Perdido en su propio desconcierto, sin nadie que le ayude. Ese humano que estaba desplomado bajo suyo, era una sombra suplicante, temerosa, pidiendo perdón por su propia anemia. Un Kurama que nunca había visto, y nunca habría imaginado....
Recordó ese beso pasado que le había sabido tan bien, y que había hecho al zorro sentirse bien por un instante....
- no has hecho nada, Kurama.... fui yo....
dijo ante el dolor de su amigo, y le besó tiernamente cada labio, un toque fugaz.
Hiei abrió levemente sus ojos para observar la sorpresa y angustia del rostro de su compañero. Esta vez, Kurama había sentido algo.
Hiei comenzó a acariciar lentamente los cabellos del pelirrojo desparramados por la cama, mientras besaba cada parte de su rostro. Sus labios posaron secamente en la frente, la nariz, en cada una de las mejillas, el mentón...
Lamió las lágrimas que Kurama derramaba, tratando de curar las pequeñas heridas de sus ojos, buscando la luz que antes poseían.
- Hiei, no hagas esto.... el youko solo te lastima......
Hiei abrió lentamente la camisa del pelirrojo y apoyó un beso en el lugar donde su hermana había posado sus manos. Y quedó estático por un instante.
Kurama derramó más lágrimas, sin poder controlarse.
Hiei besó cada una de las gotas, y cayó sobre sus labios. Buscando rehacer las experiencias sentidas, ayudó a Kurama a abrir su boca lentamente, para permitir un beso delicioso.
Sus lenguas danzaban profundamente, mientras el pelirrojo acariciaba el cuerpo del medio-koorime, desnudándolo muy despacio, sintiendo el temor de ambos, acomodando a su demonio sobre su propio cuerpo.
Kurama besó el cuello desnudo de Hiei arrebatándole suaves sonidos de un tímido placer, de una entrega temerosa. Deslizándose por debajo del cuerpo del demonio de fuego, comenzó a besar todo el pecho macizo de su compañero, rodeando sus mamilos, besándolos, lamiéndolos, hasta que erguidos demostrasen el placer en el rostro de su dueño.
Hiei suspiraba fuertemente, y Kurama no podía detenerse, excitado con el sonido aterciopelado de ese bravío demonio.
- aahh....Kurama....cúrame.....
escucho palabras susurradas de su amigo, mientras lamía el pecho, a la vez que acariciaba apenas con las puntas de los dedos, la espalda de su cómplice. Esas caricias bien suaves y leves, apenas rozaban los vellos del demonio, produciéndole un escalofrío en todo el cuerpo, a la vez que gemía ahogadamente.
Hiei se apartó muy lento de su compañero, sentándose sobre las caderas de éste, mirándolo con terror, siendo visto por esos ojos tan vacíos, gritando por ayuda.....
- Hiei..... yo..... – comentó tristemente el pelirrojo, mientras buscaba la forma de recuperar su respiración- ... no....podría curarte................... yo.... ni.. siquiera....se... como curarme......
Hiei lo observó sin modificar su actitud fría y hostil. Lentamente terminó de desabotonar la camisa, y dejar el torso desnudo de su compañero. Kurama solo lo observaba con pavor. Sentía que deseaba a Hiei, pero también sabía que el youko lo dañaría.... tendría que pararlo ahora o nunca.....
-a~hhhhyyy, Hieiiii~i..... cielos!......- suspiró cuando sintió el demonio besar muy suavemente sobre su piel, acariciándole de la misma forma que él lo había hecho, tan efímeramente, que solo producía escalofríos de deseo. Besó sus mamilos, los masajeó, lamía cada parte de su cuerpo.
- aahh, ah!, ah! Hiei!….. Hiei!! .....
el muchacho respiraba agitadamente a cada toque del demonio de fuego, que lo enloquecía con esa lengua, quemando toda la piel en cada beso.
Kurama comenzó a arquearse contra la cama, separando sus piernas inconscientemente, mientras abrazaba posesivamente a Hiei, quien no se detenía en sus besos y caricias....
Incluso, había aprovechado el arqueamiento de Kurama, para pasar sus manos por debajo, acariciando parte de su espina, tan suavemente....con tanto calor....
Calor. Eso lo estaban confundiendo a ambos. Una tierna sensación de hogar los invadía.
- Hiei!...ahhh, ahhhhh....... no te detengas!!!! Suave!!
- Kurama!....mnh...nh....
Kurama gemía suavemente, dejándose llevar por el placer de esos toques, buscando explicar el porqué de esas reacciones que no había experimentado antes, con aquella joven que tan bien lo amaba, sin herirlo, buscando curarlo, pero sin ese calor con el cual Hiei lo estaba rodeando....
Esa nueva sensación le hizo creer que todo lo que aquélla mujer le mostraba era falso y sin sentimiento....
Continuó cavilando hasta que Hiei incorporó uno de los mamilos del pelirrojo en su boca, sumiéndolo en el placer, desvaneciendo todo pensamiento, entregándose al mar de sensaciones.
Kurama bajó suavemente los pantalones de su amigo, sin que lo notara. Mientras suspiraba y respirada placenteramente.
Hiei hacía lo mismo que él, siguiéndolo como el pupilo sigue a su maestro, y despojó a Kurama de sus pantalones y ropa interior.
Detuvo sus besos y se sentó sobre las caderas de su amigo nuevamente, sintiendo la necesidad de Kurama, bajo sus muslos.
Observó el rostro bello de su amigo. El cabello desparramado por la almohada y la cama, con un verde opaco en su mirada triste, y las mejillas rosadas. Sus labios separados muy leve para poder respirar.....
- detente Hiei, solo saldrás lastimado.... no te podré curar......
Hiei lo observó fascinado. Sabía que él también tendría las mejillas coloradas.
- cúrame, y enséñame a curarte....
susurró el jaganshi cuando bajó sobre el cuerpo de Kurama para profundizar un beso hambriento, delicioso, lleno de deseos de no ser rechazado en su eterno pedido por cariño.
Kurama advirtió eso. Se percató de la soledad de ese ser en el momento. Hiei, rodeado de solo fuego, impedía que cualquiera se acercara.... solo mendigaba cariño, nunca ofrecido por nadie, solo deseaba que alguien no le temiera, que no huyera pavoroso de su presencia, que le fuera entregado algo más que miradas de recelo y miedo.... era un alma herida.... como el propio Kurama, que perdido en su desierto de hielo, en una infructuosa búsqueda de la libertad de un demonio en un cuerpo humano, sólo encontraba carne a su alrededor, pero ningún amor real, al cual pudiera necesitar.
Y allí estaban los dos....
Kurama sintió que el youko se apoderaba de él, que sus mechas se tornaban plateadas, mientras buscaba el sabor del alivio que ese demonio le ofrecía en el beso desesperado, anhelante, lleno de necesidad de cura para ambos.
Abrazó más fuerte a Hiei, arañando su espalda, poseído por el youko emergente. Sintió como el demonio de fuego se había tensionado, como la vez anterior, pero aún así, no se alejó. El joven pasó una mano por debajo de la cabeza de Kurama, obligándolo a hundir más el beso.
El pelirrojo sintió un estremecimiento. Hiei se estaba ofreciendo como cura, no importaba que el youko lo destruyera, lo usara, lo humillara....
Kurama recomenzó a llorar desesperadamente. Intentó decirle a Hiei en el beso, que se detuviera, pero solo obtuvo un contacto más recóndito, más tierno, lleno de súplicas, de compasión....
Su cuerpo cedía a las riendas de la lujuria, percatándose que el youko lo tomaría por entero, y no le permitiría apreciar la sensibilidad que el demonio le demostraba por única vez en su vida a alguien. El youko lo bloquearía, y no le consentiría actuar acorde a los sentimientos inestables de ese demonio oscuro.
Los cuerpos comenzaron a adquirir el movimiento de la pasión. Kurama sabia que debía detenerse....pero no podía....
Lloró sin sosiego..... derramando lágrimas por sobre sus mejillas, gimiendo entre el deseo y el dolor de su propia impotencia..
Sintió que nunca sería perdonado por un ser tan ingenuo como el que le estaba besando.....cuando se percató que una mano áspera secó entrañablemente las lágrimas.
Hiei sintió sorprendido el conflicto que Kurama intentaba ocultarle. Kurama temía por el youko, pero el jaganshi sabía que no había tal youko. Kurama, youko o esa figura humana, eran el mismo ser.... solo uno.... por el cual él estaba comenzando a sentir........ una cálida necesidad......
Kurama se abrazó fuertemente a Hiei, separando sus piernas más y más....
Hiei se detuvo por un instante, comprendiendo los pasos a seguir pero Kurama lo detuvo con un suave suspiro murmurado al deshacer el beso.
- basta Hiei..... te dañaré.....
Hiei le sonrió infantilmente, y se abalanzó sobre el cuerpo que aún lo mantenía firme en el abrazo. Kurama se sorprendió al observar esa sonrisa, que lo determinó.
Cruzó las piernas alrededor de las caderas de Hiei, preparado a controlar al youko por cualquier ataque...... pero de repente....
- aaaaayyyyy Hiei!!...aaahhh, noooooo –
su rostro se contrajo del dolor al sentir la suave penetración de su amante. Hiei lo estaba abrazando más fuertemente, presionándolo contra si.....
- Kurama, déjame sanarte......
Susurró en el mar de deseo que se iniciaba.....
Lentamente continuo el suave movimiento abriendo paso en el interior de Kurama.......
- ah, ah,aaayyyy!!! Cielos!!!!Hiei!!!Hiei!!!aaannn!!
El pelirrojo solo atinaba a jadear más fuertemente entre murmullos repitiendo el nombre de su amante, derramando lágrimas y sollozos......
- Hiei, Hiei, aaahhh, no te detengas......
El joven abrió más las piernas, permitiendo una mayor profundidad en su interior. Hiei suspiraba, jadeaba...
Ingresaba acompasadamente en la más recóndita parte del alma de Kurama.
- aaay, Hiei, yo........ ahhhh...... no.....aay, deseo........aaaaahhhh, lastimarte.....
sollozaba entre el desvanecimiento y la lujuria, sintiendo cada vez más como Hiei ingresaba en su cuerpo, lo impelía firme, pero suavemente, despacio, para permitirle a su amante tener el valor y la fuerza de luchar contra ese youko inexistente, ese zorro plateado, que solo era su propio reflejo, en el temor de su vida humana....
Kurama se arqueaba, presionando más hacia su interior ese cuerpo que abrazaba firmemente entre sus brazos y piernas. Más hondo, más dulce, más placentero....
- Hiei! Hiei!!! No....aahhhh......quiero....aaay!ay!....dañarte...aaaaaahhh! Hiei!
Suspiraba a cada movimiento de su amigo, clavando sus uñas en la espalda de su amante, recibiendo entre lágrimas la constante inclinación que se adentraba lentamente, rozando su punto más sensible....suave y pausadamente....
Hiei mantenía el ritmo de las estocadas acompañando a su amante, respirando al unísono, jadeando en simultáneo, sintiendo su propio sabor en el de Kurama, sintiendo su aroma mezclarse con el zorro, sin prisa, sin fuerza, con gusto, con cariño, sin rechazo ni soledad.
- Hiei, más, más!...... – suplicaba el pelirrojo, experimentando el aumento de las estocadas – más, Hiei, necesito más de ti, más de ese calor.....- comenzaba a elevar la voz, alborotado por el inminente éxtasis, mientras Hiei continuaba sus movimientos, besando el cuello del pelirrojo, ahogando sus distintivos gemidos de placer con la suave piel sudada de su compañero. Lentamente Kurama perdía el aroma a muerte, recuperando el antiguo.
Kurama se arqueaba aún más, en búsqueda de la huida a esas sensaciones, y en la profundización de las mismas....
- más!...aahhh...... sentirte..aaayhhh....asi...más – Kurama presionó aún más sus piernas, sintiendo que la penetración llegaba a la más profunda distancia – aayyy, dios!, Hiei, Hiei, no me dejes!!- perdía el control, perdía la conciencia, solo llenándola con la sensación extática que el demonio de fuego le entregaba, le ofrecía en forma de cura, en forma de placer...- más, aah.....aay..... no me dejes, Hiei, no! Por favor! Hiei! Aaahhh, no me abandones!!!! más!!!
Kurama presionaba el lazo que los unía, buscando desesperadamente ser fundidos en uno solo.
-no me dejes!! Aaahh!! Aahhh!!! Aahhh!!! Más Hiei!!!! No me abandones!!!!! Hiei!!
La última estocada de Hiei se introdujo más allá de sí, sintiéndola profundamente, penetrándolo por completo, apreciando la unión de las emociones que ambos compartieron en ese instante
-Hiei!- grito de súbito, con sonido gutural- no.... me..... dejes......- movió sus labios mientras caía con su amante en brazos contra la cama, pesadamente.
Hiei gozó en su interior, sintiendo la calidez de su acto extenderse por sus entrañas, tonificándolo, y purificándolo. Kurama también había alcanzado su clímax, en el mismo instante que Hiei, manchando las sábanas, otorgándoles la mezcla de sus propios aromas. La respiración de ambos era agitada.
Hiei se incorporó un poco, para apoyarse sobre el pecho de Kurama y observar su rostro aún perdido en el placer: sus fauces más coloreadas, con gotas de sudor por su rostro, mezcladas por las lágrimas, el cabello desparramado por sobre la cama, su cuello, y la almohada, respirado agitadamente, abriendo apenas sus labios, que mostraban la dulzura de su lengua.
Hiei lo había observado y escuchado completamente. En cada instante, como Kurama sentía el dolor, el placer, y la angustia. Había visto como derramó lágrimas, y buscaba desesperadamente contener al youko. Lo habría hecho?. Hiei supuso que si, ante la escena bellísima de su agotado zorro. Recordó sus suspiros llamándolo, haciéndole notar su gozo. Escuchó sus ruegos y en ese instante de máximo placer, mover sus labios suavemente, formando esa frase de nuevo:
`no me dejes’.
Hiei estaba algo confundido. Sus propios pensamientos estaban enlazados, revueltos, desordenados. No deseaba mostrarse tan débil como Kurama lo estaba haciendo ante él, pero sabía que en el fondo lo era, igual que ese pelirrojo desplomado bajo sí.
- no te dejaré..... tu no lo hagas – pensó Hiei, llevando su mano ante el rostro cansado de Kurama, corriendo los cabellos que ocultaban la belleza de la satisfacción en su rostro.
Fue cuando Kurama abrió despacio sus ojos, para clavarlos ante los ojos fogosos de Hiei, entregándole una sonrisa completamente curadora.
El jaganshi se sorprendió, al descubrir en esa expresión una gran paz y sosiego. Luego reparó que Kurama comenzaba a acariciar su espalda, muy suavemente, aliviando la presión que hacía en él, con sus piernas y brazos. Pero continuó manteniendo a su amante dentro de si, aún cuando el placer había expirado.
Acarició el rostro del ruborizado Hiei, quién se había obligado a callar sus propios gemidos, y conformado con el sonoro placer de su amigo.
El pelirrojo sabía cuan difícil podía ser para Hiei el demostrar siquiera una sonrisa. Ese demonio oscurecido por la vida, se obligaba a si mismo a ocultar cada sensación, cada deseo, por temor a ser rechazado en su súplica mendiga de afecto, por miedo a que lo poco que su alma sentía pudiese ser arrebatada, desvirtuándolo por completo de las sensaciones, para siempre.
Kurama pasó una mano por sobre el rostro de Hiei, mimándolo, despacio, buscando la prueba de que eso era la realidad.
Hiei se acomodó en el pecho del pelirrojo y comenzó a ser llevado por el sueño lentamente, mientras sentía que esas manos que recorrían su cuerpo de forma sumisa, lo estaban curando, lo estaban arrebatando de las manos frías de la soledad.... y con esa sensación se durmió.... con esa emoción, en silencio, ambos se durmieron.