"Naze"    
Por Jinsei no Maboroshi  

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Resumen: Cuando cada uno elige su propio destino...

 

Naze?

(porqué?)

Por Jinsei no maboroshi

 

ADVERTENCIA: creo que es algo así como lemon, yaoi o algo por el estilo, así que si no eres adept@ a tal material, te recomiendo no leerlo. Muchas gracias! 

 

“Muchas veces buscamos lo que está en nuestra frente, y puede pasar una vida, sin hallarlo. Solo nos percatamos de ello, cuando el tiempo destruyó toda posibilidad, y nos enfrentamos ante nuestro propio reflejo, en el fracturado espejo de la conciencia.”

 

“No nos une el amor, sino el Espanto” J.L.Borges

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Capítulo 4

 

-señor, estoy oliendo un humano por el este.

-         otro? Mierda!, es que no hacen más que caer en el Makai?

Hiei comandaba la patrulla principal. Realmente no era un buen trabajo, pero al menos, estaba en su mundo.

-         que hacemos con él? – le dijo un demonio cíclope, al señalar a un humano inconsciente.

-         Hn. Tráiganlo, y no lo lastimen.

Llevaron al humano al laboratorio especial, donde una sesión de hipnosis impartida por Hiei determinaría en él   la sensación de que dicho evento, en caso de recordarlo, solo sería bajo la forma de un sueño extraño.

-         listo, devuélvanlo a la frontera.

-         Si señor.

 

Las cosas estaban en orden incluso para Hiei. La patrulla lo entretenía bastante, y lo combinaba con un entrenamiento brioso impartido por la propia Mokuro. Cada vez perfeccionaba más su arte del dragón, al igual que su espada, pero no podía alcanzar el poder de Mokuro. Ni tampoco lo deseaba.

Como ella misma le había dicho en aquél enfrentamiento, no habría necesidad de darle sentido a la vida con el argumento de desear vencerla. El sentido de su existencia debía ser otorgado por otra cosa. Pero qué?.

Recordó el enfrentamiento con Shigure. Sino hubiera sido por Mokuro, ésa habría sido su última lucha. Digna, pero sin placer alguno. Estaba completo, ya había encontrado a su hermana, y esa perla preciosa que le daba tranquilidad y paz, a pesar de no ser la propia. Realmente no comprendía como había llegado a ese punto de desdén. Solo respiraba porque no tenía otra cosa para hacer. Vivir esperando que algo le diera sentido a su vida, hasta que no pudo aguardar más. Y allí fue cuando, sin pensar en su dragón negro ni en estrategias efectivas, se lanzó contra ese adversario, una especie de maestro para él, sólo con la espada, dispuesto a morir y matar en el mismo instante, en el mismo momento, sin más nada que acotar. Y no había sentido nada. Solo alivio, cuando ya arrodillado en el suelo veía su sangre expandirse, y fue entonces, que Mokuro le devolvió la perla.  Fue un reto, el reto de vivir teniendo otro tipo de fin. Ya no más odio, ni rencor, ni abandono. Un fin diferente. Quizás el equilibrio?. No lo sabía. Pero era un objetivo por el cual debería aprender mucho.

-         que trabajo sin gracia –las palabras lo arrebataron de sus pensamientos

-         si, no se como Mokuro aceptó hacer esto, es humillante.- tres demonios hablaban entre sí. Todos pertenecían a la patrulla de Mokuro.

-         Cállense! Si hemos perdido debemos aceptar las reglas – dijo el tercer demonio, ese que había servido a Mokuro por más de 150 años. Realmente era un fiel seguidor.

-         Pero es que no comprendo, si Mokuro hubiera expandido su poder al 100% nada de esto hubiera pasado y sería actualmente la líder.

-         No. Todo el poder que vieron es el que tenía.

-         Que? – preguntó el demonio más alejado, mientras Hiei observaba la situación sin pronunciar palabra alguna.

-         Mokuro es un ser controlado espiritualmente. En peleas pacíficas, como la del torneo, su poder es reducido al 50%. Ese fue el máximo poder que veremos en ella. Es realmente una pena.

 

Hiei ingresó al cuarto de Mokuro. Ella lo observó y sonrió.

-         pasa algo, Hiei?

-         Nada!, que es aburrido el trabajo.

-         Si quieres, puedes regresar al Ningenkai.

-         Está bien, lo haré si lo necesito.

 

Hiei esbozó una sonrisa irónica en su rostro. Mokuro comenzaba a acostumbrarse a ese carácter mal llevado y cínico. Todo lo que hacía Hiei era defenderse con una barrera extrema, para evitar ser lastimado. Después de todo, solo era un niño que la vida lo había golpeado duramente.

 

Mokuro se incorporó en su aposento, y miró a Hiei, que estaba sentado en la silla, con sus pies sobre la mesa.

-         ahhhff, no aprendes Hiei!.

-         Que? –le dijo mirándola por el ribete del ojo.

-         Saca tus sucios pies de la mesa.

-         Cierra el pico!.

-         Ahff, y bien? –suspiró enojosamente.

-         Y bien qué? – Mokuro salió de su cómoda cama y se acercó a Hiei sentándose frente a él. Dio un golpe rudo a los pies de éste, los cuales cayeron precipitadamente de la mesa.- Oye!!!idiota!! cuidado!-gritó Hiei.

-         Ah? Acaso te lastimé? – preguntó irónicamente Mokuro, sonriendo por los ataques de caprichos que surgían en ese medio-koorime.

-         Qué quieres Mokuro?. – la voz de Hiei se calmó. Sabía que ella estaba buscando algo.

-         Hace tiempo que estamos trabajando juntos Hiei. Sería bueno comenzar, no?

-         Comenzar que?- miró a un costado.

-         O aún es demasiado temprano....? no lo recuerdas.? En la lucha....

-         Hn!.

-         Tenemos que eliminar todo residuo de dolor. Solo así podremos darle un sentido nuevo a nuestras vidas. esa piedra drenó todo el odio que solía tener en mis objetivos. Ella me dio paz y serenidad, y esclareció mi mente de tal forma, que permitió la reflexión objetiva. Es muy cálida, a pesar de venir de una koorime. Es extraño pero tiene un brillo pálido, casi triste –Mokuro se acercó a Hiei y pasando una mano por su cuello sacó las dos piedras escondidas por su estola blanca y gabán negro, y las posó sobre su mano- me resulta increíble que una simple piedra pueda resumir en si misma tantos estados emocionales....

-         Por eso valen tanto.

-         Pero no son como las otras piedras....las de las otras koorime...

-         Estas encierran parte de la energía del bebé al que le corresponde.

-         Tanto puede hacer esa energía para darle un brillo tan....

-         Prohibido?

-         No, extraño. Fuera de su naturaleza gélida.

-         Hn – Hiei sonrió. Recordó las infinidades de veces  que había pensado lo mismo cuando décadas atrás quedaba concentrado horas mirando su piedra, viendo su brillo, y disfrutando del placer que le daba.- eso es porque ambas piedras son de niños prohibidos.

-         Como así?

-         Mi madre sabía que sus hijos no iban a ser bienvenidos en su país. Pero a pesar de eso, tenía la esperanza de convencer a las viejas del lugar. Al nacer y descubrir que uno de sus hijos era de naturaleza invertida, y que su protección era el fuego y no el hielo, lloró las lágrimas sabiendo el destino que nos depararía, el horror de no poder criarnos, de morir, y de pensar que sus hijos también agonizarían en un país frío como ese. Sus lágrimas solo sintetizaron ese sentimiento de abandono, de frustración, de saber su muerte próxima, con la esperanza de que las cosas no tomaran ese rumbo. Ella no era como esas viejas, sintió demás para su raza.- Hiei bajó su vista y la fijó en las perlas, que Mokuro aún sostenía con su mano.-

-         Comprendo. Hiei, no tienes deseos de volver a tu tierra? Ya no tienes odio.- le preguntó absorta en las perlas.

-         No lo se. Por más que vaya allí, las cosas no cambiarán su forma ya fijada.

-         Puede ser, pero tal vez, logres redefinirlas.

-         No hay nada que hacer – Hiei se levantó y tomó las perlas de la mano de Mokuro. Eligió la suya y se la ofreció a Mokuro.

-         Qué haces, Hiei?

-         Tu aún deseas esta perla. No te la estoy dando, que te quede claro, solo te la presto.  Termina de sanarte con ella.

-         No la aceptaré Hiei....

-         No te la estoy dando. Es MIA, no lo olvides. Prefiero que la tengas en lugar de estar mirándome permanentemente.

-         Ja ja ja, me la das porque te molesta ser visto? Ja ja ja, resultas más sensible de lo que imaginaba.

-         Cierra la boca!! – dijo Hiei de mal grado, arrojándole la piedra a Mokuro, quien la capturó en el aire con gracia.

-         Pero dime una cosa Hiei.... durante la pelea no hay sentimientos, verdad?

-         Si, así es.

-         Si tuvieras que pelear con tu hermana.?

-         Eso nunca sucederá.

-         Pero si sucede? Que harías? – Hiei frunció el ceño y observó a Mokuro.

-         No se que pretendes, pero ten la seguridad de que eso nunca sucederá.

 

Hiei se incorporó y salió del cuarto.

- aún es muy temprano para decir todo, Hiei. Demasiado temprano.- Mokuro se recostó en su cama, suspendiendo delante de sí ese collar, observándolo embelesada.

**una piedra que sintetizó la vida y la muerte con la esperanza y la frustración. Y esa es la energía de Hiei?. Que terco. Un niño de hielo muerto, desesperado por controlar el fuego y la vida. Já, que ironía.**