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Naze?
(porqué?)
ADVERTENCIA: creo que es algo así como lemon, yaoi o algo por el estilo, así que si no eres adept@ a tal material, te recomiendo no leerlo. Muchas gracias!
“Muchas veces buscamos lo que está en nuestra frente, y puede pasar una vida, sin hallarlo. Solo nos percatamos de ello, cuando el tiempo destruyó toda posibilidad, y nos enfrentamos ante nuestro propio reflejo, en el fracturado espejo de la conciencia.”
“No nos une el amor, sino el Espanto” J.L.Borges
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-Shuuchi, hijo, se te hace tarde!
Un grito delicado provenía de la planta baja. Kurama abrió lentamente los ojos hallándose en la revuelta cama. Hacía tiempo que no quedaba dormido de forma tan intensa que no escuchara el despertador.
Lentamente se incorporó en la cama, y notó que su pijama estaba hecho jirones.
* rayos, otra vez* pensó para sí mismo. Su otro lado buscaba desesperadamente encontrar la forma de liberarse de ese cuerpo humano, de esas reglas que se había impuesto. El abandono del youko significó hundir en lo más profundo de su ser a un zorro con ansias de libertad. Genkai tenia razón. Él debería aprender el duro arte de vivir con cadenas, tal cual como los humanos lo hacían.
Observó su escritorio. Allí estaban los recuerdos de su época de alumno, con mayor libertad que ahora. Los estudios nunca habían representado un problema. No demandaban ni tiempo ni espacio. Solo los hacía. En esa época, sin embargo, había algo más que libertad...
*vaya, ya hace 6 meses que todo es como antes* pensó para sí mismo. El verano había finalizado, y estaban en la época más agonizante del Ningenkai. El otoño. Kurama no apreciaba mucho esa estación. Podía ver el color de la muerte, del desdén, de la frustración en todos los vegetales. Los amarronados y amarillos árboles caían rendidos a las inclemencias del tiempo. De deshojaban lentamente, día tras día, resignados a su propio destino de muerte. El pelirrojo reflexionó, al fijar su mirada en ese árbol que siempre se mostraba tan bello frente a su ventana. Ese cerezo, que ahora sólo le daba su desnudez como ofrenda, casi muerto.
*Algo está agonizando en mi. Acaso todos los humanos sienten esa agonía tan lenta con el pasar de los días?*.
deslizó su mano por sobre sus cabellos y los lanzó hacia atrás. Se incorporó de la cama y comenzó a cambiar el pijama destruido por las ropas de trabajo. Trajes y corbatas.
Bajó rápidamente a la cocina y se encontró con la dulce sonrisa de su madre.
- Shuuichi, como has amanecido hoy?
- Bien, kaasan, y tu? –le entregó la misma sonrisa que ella le había dado. Ella era una de las pocas cosas que no agonizaba aún.
- Bien, hijo.
- No debiste dejarme dormir hasta tan tarde.
- Pero Hatanaka me dijo que no había problema si ibas un poco tarde. Has trabajado mucho, y el cansancio te agota. –Kurama asintió resignado a la explicación con la cual quería engañarse a sí mismo.
Kurama abandonó la casa y se dirigió a la empresa.
Allí pasaba horas frente al ordenador llevando la administración de la misma. Ese lugar estaba lleno de personas que pasaban la gran mayoría del día en un lugar al que aborrecían, solo para vivir. Era irónico. Vivir solo para eso.
- señor Minamino? Se encuentra bien? – le dijo una suave voz al encontrarle pensativo y lejano.
- Ee, si, solo una distracción, disculpe señorita....señorita?
- Ah, perdón, soy nueva, me llamo Sato Matsumi, la antigua secretaria fue dada de licencia por su enfermedad.
- Ah! Que le ocurrió?
- No se sabe, una enfermedad desconocida hasta el momento. Usted no sabe nada? Es usted un dirigente!- Kurama frunció el ceño ante tal descortesía, pero no dijo nada.
- Trajo las carpetas del balance?
- Si, aquí las tiene. Y perdóneme. – ella le sonrió con disculpas. Kurama las aceptó, tal vez habría más personas tensas como él.
El día finalizó. Sólo pudo saludar superficialmente a Yuusuke quien corría para tomar el bus. Desde la fiesta, no había sabido de nadie más. Su vida social se había marchitado....como siempre le acontecía en otoño.
Prefirió regresar a su casa caminando, sin esperar a Hatanaka.
Esas cadenas lo estaban destruyendo lentamente. Pero no solo eran los grilletes de la vida lo que lo ataban. Había otra cosa que le afectaba.
Vio un banco vacío, en una plaza desolada. No iba a ser mala idea descansar ahí hasta que su mente se aquietara un poco.
- aaayyy!!! Shuuichi!!!! Shuuichiiii!!!
Kurama vio de soslayo, y descubrió a un grupo de chicas acercándosele como en su época de estudiante. Pero no solo fue un recuerdo, sino que eran ellas, las mismas chicas crecidas que lo acosaban diariamente en su escuela.
- chicas? Como están? Hace tiempo!
- Aaayy!!! Shuuichi, en serio!!! Cuanto tiempo!! Te visité, pero nunca te hallaba. Que pasó?
- Aah, mucho trabajo.
- Ah? Y donde trabajas? – dijeron las jóvenes al unísono.
- Eso no importa! – se apresuró a comentar cuando descubrió las intenciones de las chicas en el mirar pícaro de cada una de ellas.
- Ay, Shuuichi, tienes novia? – el silencio se estableció de súbito.
* que hago!? Si les digo que no, nunca me abandonarán, si les miento.... van a querer confirmación....aarrghh....*
- déjenlo en paz! – gritó una voz muy sensual y femenina. – soy yo, no lo molesten. Está ocupado. – la joven chica miró al grupo esperando reacción.- me podrían dejar a solas con él, debo hablar.
Las mozuelas quedaron sorprendidas. Era una mujer muy bella, vestida de traje, sin que por ello, le quedara extremadamente masculino. Sus cabellos blancos le caían hasta la cintura.
El grupo se despidió del pelirrojo y caminaron hasta que la masa se extinguiera en el horizonte de la calle. Solo entonces Kurama pudo ver quién era la mujer que le había salvado de mentir o de ser eternamente agobiado.
- señorita Sato! – sorprendido acotó.
- No se preocupe Minamino, yo no soy como ellas, simplemente le salvé de ese atosigante acoso infantil.
- Ja ja ja , muchas gracias, ciertamente me ha librado.
- No es nada, me extraña que usted esté a estas horas por la plaza, está muy fea como para apreciarla, no le parece?
- Usted es rudamente sincera –sonrió amable Kurama, mientras hacía una señal de invitación a la joven albina, para sentarse a su lado.
- Mn? Eso es un insulto? O un halago?- dijo traviesamente mientras se acomodaba en el banco.
- Lo que usted guste!
- Vaya! Ya son las ocho. Y bien? No me dijo que hacía por estos lados?
- Descansar y observar. No es nada de raro.
- Pero lo es cuando la plaza está tan muerta.
- Puedo preguntarle algo, Sato?
- Mmnn??, no, no tengo novio..... – sonrió cínicamente. Kurama rió de la situación. Había olvidado ese humor que lentamente lo comenzaba a abandonar.
- No, no es eso. Quisiera saber cuál es su objetivo en la vida? Si no le molesta comentármelo – se disculpó el pelirrojo, mientras recordó esa misma pregunta dirigirse a si mismo en el penúltimo enfrentamiento, hacia más de 6 meses atrás.
- No tendrá usted fiebre? Realmente esos planteamientos son más bien para suicidas!. – lo miró con curiosidad, y le tomó una mano, dándola vuelta para ver sus muñecas.-
- Que hace Sato?
- Perdone – lo soltó suavemente- quería cerciorarme si usted ya había pensado en alguna locura.
- Tampoco es una pregunta suicida.- comentó Kurama cerrando sus ojos en una expresión seria.
- No, pero cuando es cuestionada a más de uno mismo, es por algo. Esa pregunta es muy personal. Y en esa misma intimidad debe ser respondida. Cuando sale los límites del cuerpo, y se repite ante toda persona que se le presenta, es señal de que necesita una respuesta que no coincida con la propia, o en el peor de los casos, conseguir una simple respuesta ajena, ya que internamente se carece de ella.
- Y como sabes tanto de eso.?
- Yo misma – sonrió amargamente- vivo en esa agonía. En un constante preguntar sin respuesta. Se lo que busca señor Minamino, pero créame, en mi no lo encontrará, porque yo aún sigo buscando.
- Sus muñecas ya fueron......- preguntó con temor buscando observar las manos de la joven albina.
- No solo ellas..... pero olvide eso. Por ahora mi objetivo de vida es mantenerme viva para descubrir esa razón. Déjeme aconsejarle, haga lo mismo, y evada al máximo la soledad. Ella es la que nos enloquece.
- Sufre usted con la soledad?
- Acaso quien no?- la joven se incorporó del banco y lanzó una mirada fría a Kurama. Solo en ese momento se percató de que los ojos de esa mujer eran grises. Un gris perlado y pálido. – mañana tendremos que madrugar, señor Minamino, perdóneme, pero continuemos la charla en otro momento, si?, adiós.
Kurama observó esa figura desvanecerse en la cada vez más oscura calle.
Meditó en la penumbra, percatándose que había más espíritus condenados de los que se imaginaba, y que todos agonizaban, lentamente.
- kuraaaamaaaa!!!!!- de súbito giró su rostro hacia el dueño de la voz escandalosa. Esbozó una sonrisa amena al ver una pareja acercándosele.
- Kuwabara, Yukina!!!!
- Que rayos haces aquí Kurama, en la penumbra???- dijo preocupado el joven alto.
- Nada, solo meditando. Es bueno.
- Vaaaa. Como quieras....- Kurama se percató que ambos estaban con las manos dadas. El tiempo había pasado muy rápido, pero su vida no había notado los cambios que había traído para el resto.
- Ah? Y esto? Kuwabara, lo has logrado?- comentó con una sonrisa elegante y pícara.
- Que vergüenza! - Yukina se ruborizó.
- Naaa!!! Que no!!!! Yukina!!-miró al pelirrojo- Kurama! Nosotros ya lo hemos decidido.....
- También? Vaya, mis felicitaciones.
- Gracias –dijo la koorime aún avergonzada- pero, yo aún no le contesto del todo.
- Como? –el pelirrojo preguntó sorprendido, mientras observó el rostro disgustado de Kuwabara.
- Si!, esta chica se volvió loca! Quiere invitar a la ceremonia a Hiei! Y no me dice porqué!
- Ya te expliqué Kazuma! Es un amigo nuestro, y muchas veces me ha salvado – sonrió para Kurama.
El pelirrojo comprendió repentinamente. La jovencita resultó saber más de lo que aparentaba.
-no te preocupes Yukina, cuando tenga un tiempo iré al Makai y le daré el recado. Pero cuando es la fecha?.
Los jóvenes se quedaron platicando un poco más mientras las horas pasaban. Kurama comprendió que todos lo único que hacían era mitigar la soledad.