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Naze?
(porqué?)
ADVERTENCIA: creo que es algo así como lemon, yaoi o algo por el estilo, así que si no eres adept@ a tal material, te recomiendo no leerlo. Muchas gracias!
“Muchas veces buscamos lo que está en nuestra frente, y puede pasar una vida, sin hallarlo. Solo nos percatamos de ello, cuando el tiempo destruyó toda posibilidad, y nos enfrentamos ante nuestro propio reflejo, en el fracturado espejo de la conciencia.”
“No nos une el amor, sino el Espanto” J.L.Borges
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Kurama continuó muy apagado. La única persona que preguntaba por su estado anímico era esa joven albina, triste como él, que cada vez se relacionaba más intrínseco con él.
- señor Minamino, aquí están los balances de la semana....
- gracias Sato
- no se encuentra bien, verdad? – ella lo observó con honda pena.- desearía poder hacer algo por usted.
- Le agradezco, pero no hay nada que hacer.
- No diga eso señor....... está más triste que de costumbre. Desearía mitigar la soledad conmigo, luego del trabajo, en una cafetería? Le invito un par de cafés?
- Ja, ja, gracias, pero.....
- No acepto un ‘no’ por respuesta..... así que espéreme luego del trabajo, si? Recuerde que salgo un poco más tarde.
Esa joven se había transformado en la confidente de Kurama. Desde esa vez que lo había ayudado a desembarazarse de las jovencitas que lo acosaban, había profundizado sus conversaciones.
Ella le había comentado todos sus miedos. La soledad, el abandono, el no saber quien era. Ella había sido una niña castigada. Desde pequeña quedó sin padres, tras un accidente que le provocó serias heridas en todo el cuerpo, cicatrices que le impedían mostrar sus piernas, sus brazos y cuello.
Él recordó esa conversación en un café, luego del trabajo.
- que? Sato, esa es la causa de que usted se vista tan.....
- masculinamente? Si!. Me es imposible usar esas ropas bellas sin que se note las grotescas cicatrices.
- Debe haber sido muy duro.
- Lo sigue siendo. A veces despierto en mi cuarto, con la incertidumbre de saber que hago exactamente en esta vida. Muchas veces tengo miedo de perder los pocos recuerdos que tengo de mis padres. He olvidado sus voces. Sabes lo que es eso? – la joven miraba con lágrimas en los ojos al pelirrojo - no sé muy bien lo que sucedió con mi familia, con mis padres, con mi pasado. Estuve un tiempo en inconsciencia hasta que desperté en el hospital, herida, con esas cicatrices invadiendo todo mi cuerpo, y con médicos desconocidos rodeándome, diciendo que mis padres no podrían acudir a mi pedido...
Esa noche había llorado sobre el hombro de Kurama. En el fondo el pelirrojo se identificaba con ella. Su pasado perdido, su vida a veces de tonalidades falsas, la soledad..... eran dos almas gemelas. O al menos eso parecía.
Su madre tantas veces le había recomendado que huyera de la soledad, que al menos lo intentara, puesto que no saldría lastimado.
Kurama sabía que el youko encadenado en su interior nunca le dejaría sentir más de lo que sentía, pero al menos, podría ayudar a alguien a sentirse menos miserable.
En el fondo, esa mujer le daba una sensación de dejavú difícil de identificar. Abandono, dolor, soledad, cadenas, sufrimiento... libertad..... sentimientos tan compartidos.
Pero el youko no se inmiscuiría con nadie en una relación más profunda. Podría intentarlo. Tal vez ella sería la persona indicada. Podría tratarlo, al menos, por consejo de su madre.
- oi! Minamino! – una voz suave lo despertó de su meditación. Ella le ofreció una triste sonrisa.
- Bien, vamos?
- Si, pero en lugar a la cafetería, que le parece si le invito a cenar?
- Oye! No quiero más acosos!
- Ja ja aja – ella sonrió divertida- usted es mi jefe, como piensa!? – ella sabía que tendría el permiso. Hatanaka le pidió en muchas oportunidades que ayudara a su hijastro a salir de la soledad que lo entristecía. Ella intuía que la madre estaba muy preocupada, y que por lo tanto, tendría a toda la familia de Minamino a su disposición para presionarlo.
Los jóvenes caminaron hacia un edificio, a medida que la charla se profundizaba.
- señor Minamino, que gustaría?
- Lo que usted quiera.
- Bueno, ya que usted nunca decide.....comida italiana?
- No es una mala oferta!
- Ja ja aja, bien! venga por aquí.
Kurama se sorprendió al verse en un departamento arreglado discretamente. No había notado su ingreso al lugar. La joven comenzó a hacer ruidos en la cocina y realizar una ida y venida al salón disponiendo la mesa para la cena.
- déjeme que le ayude, Sato.
- De acuerdo. –asintió la joven.
Kurama le ayudó en todo.
Al poco tiempo, el aroma de las salsas estaba en el aire, y la comida estaba servida.
- vaya, pensé que usted compraría la comida!
- Gracias por el cumplido.
- Cual? –sonrió Kurama divertido
- Por decirme buena cocinera.
- Es muy sagaz.
- Gracias de vuelta!
Kurama observaba el rostro de esa joven y pensaba que tal vez podría intentar mitigar la soledad con ella, como realmente sentía necesidad. No tenía un fuerte sentimiento, pero el simple compañerismo le hacía pasar buenos ratos a su lado. A final de cuentas, ambos eran almas en pena.
El café fue servido en el sofá. La charla estaba sutilmente arraigada a los pensamientos de Kurama.
- y siento la falta de libertad...
- libertad? Cuál?- había preguntado la chica
- una libertad que hace tiempo no siento. Un deseo de librarme de unas cadenas que no logro identificar – miró tristemente a la joven- cadenas que no me dejan pensar ni sentir correctamente. Un ‘algo’ en mi interior que solo destruye lo que amo, que aleja lo que deseo cerca, y me aprisiona, a al vez que es necesaria dicha prisión para que no dañe todo eso que anhelo proteger.
- Señor Minamino, habla como si de un demonio se tratara – Kurama sonrió irónico. La joven sin saberlo tenía razón. Ese youko lo estaba torturando.
- Es algo así. Un demonio que no me deja vivir en paz con mi propia naturaleza.
El silencio quedó petrificado. La joven fijó sus ojos plateados en el verde del pelirrojo, y sin notarlo, rodeó el cuello del joven, trayéndolo para sí.
- déjeme liberarlo un poco – suspiró cuando lo besó profundamente.
Kurama se sorprendió de la reacción. Nada había cambiado para él. Su soledad seguía allí, y ese sentimiento de cárcel. Sin embargo sus manos comenzaron a separar las ropas del cuerpo de la joven lentamente, mientras el beso se hundió, y comenzó a sentir que la lujuria lo embargaba.
Abrió de soslayo sus ojos y notó que mechas de su cabellos se tornaron blancas. El youko quería liberarse y estaba aprovechando el momento más débil de su ser. El youko lo estaba embriagando de deseos. Sintió como las manos de la joven desabotonaban su camisa mientras gemía suavemente.
Kurama se estaba entregando a la sensación sin importarle nada. Como en los viejos tiempos, solo saciarse y salir corriendo, huyendo de toda relación. Pero la otra parte de su ser sabía que no debía hacer eso a la joven, una mujer herida por la vida.
Fue entonces que una corriente de frío le recorrió el cuerpo, separándose de los labios súbitamente y viendo por la ventana un mirar curioso. Ojos rojos tristes. Solo por un instante.
- Minamino...que ocurre? – preguntó la joven triste.
- No, yo no debí...... perdóneme, yo no quiero hacerle esto..... – dijo avergonzado
- Es normal que esté confundido – dijo la joven mientras intentaba besarlo nuevamente, y Kurama no se movía, conteniendo el dolor en su rostro.
- No, no, no puedo! Discúlpeme señorita Sato, esto no es correcto.
- Tu estás herido como yo por la soledad, hagámosla desaparecer por un rato – le dijo mientras mantenía su abrazo del cuello de Kurama.
- Pero no nos curaremos, y en todo caso, terminaré hiriéndote más.
- Yo te sanaré....
- No!
Kurama se incorporó y tomado sus cosas y se dirigió a la puerta.
- perdóneme Sato, pero yo no quiero que las cosas sean así....
- tiene miedo de amarme?
- No
- Entonces?
- De herirte....
Kurama salió del departamento. Más dolido de lo que había ingresado. Había descubierto una verdad horrenda. El youko era carne, finalmente, y como tal, gobernaba todos sus instintos. Preso durante tanto tiempo, aprovecharía esos momentos para liberarse, para tomar rienda suelta de sus pasiones más bajas, sin el menor interés de compromiso.... era una condena.
Kurama caminó bajó la inicial nieve que caía lentamente. Fue a la misma plaza desolada de la ciudad, y eliminando la nieve del banco se sentó allí, resuelto a abandonarse a la idea de que el youko nunca le dejaría ser feliz, y sentir libremente. Que solo lo dejaría tener el cariño de su madre.
- porqué? – se dijo suavemente, mientras sostenía su cabeza entre sus manos, evitando que las lágrimas cayeran. – la soledad me persigue....- una gota recorrió su mejilla que se destruyó en el suelo.
- Kurama. – el pelirrojo se sorprendió de escuchar esa voz, y levantó el rostro rápidamente, clavando la vista en el dueño de la misma.
- Entonces.... estuviste ahí?
- Perdón. Corté la inspiración?- sonrió cínicamente la negra imagen a su frente. Kurama sonrió.
- Hiei!. Cuanto tiempo!.
- Zorro idiota!, que tienes? Te ves tan.....- Hiei comentó mientras observaba todo el cuerpo de Kurama-... abatido.
- No es nada – sonrió Kurama.
- No tuviste éxito con la jovencita? – Kurama se sorprendió. Escuchar hablar así a Hiei era extraño. Esa figura oscura también estaba cambiado.
- No. No es eso....
- Hn?
- Es el youko. – Hiei lo observó seriamente. El pelirrojo había bajado la vista, por eso, el demonio de fuego prefirió sentarse al lado de su amigo.
- Que tiene?. No era que lo habías abandonado?
- Si. Pero solo su cuerpo. Su alma se hizo carne. Me controla cuanto más débil estoy.
- Tu eres youko, y no ese humano que simulas ser.
- No. Soy ambas cosas. Pero el youko está sintiendo como he coartado su libertad.
- Ah? Y que no haces ahora que antes si?
- No tiene cuerpo, al tenerlo dormía cuando no me transformaba, pero ahora, está presente en mis emociones. Busca la manera de desligarse de todos. A mi madre la ha aceptado, pero últimamente me he alejado. No quiero ver a nadie, ni hablar con nadie.
- No me pareció eso allá....- habló desvergonzadamente el jaganshi.
- Hiei! No seas asi! Estoy hablando en serio. Esa joven estuvo ayudándome últimamente.
- Mh? Siempre asi? Vaya! – comentó sorprendido
- Hiei! – Kurama se ruborizó, ese demonio entendía muy mal las cosas.- quiero decir que habló mucho conmigo. Trató de hallar heridas para curarlas. Pero yo no me puedo inmiscuir con ella. El youko solo la usará y la dejará, como siempre ha hecho. Estoy alejándome de todos, sin poder solucionar nada. – Kurama comenzó a contener los sollozos. Bajó su rostro, siendo oculto por sus mechas rojas, protegiéndose de la mirada de Hiei.
Hiei se sintió incómodo. Miró a un costado, tratando de no escuchar el lamento de su amigo. Las cosas estaban algo cambiadas. Mokuro le habría dado un buen consejo... no parecía un buen momento para regresar.
- Kurama, transfórmate! – le ordenó Hiei. El pelirrojo se sorprendió.
- Ya no puedo. Ya no hay forma.
- No lo creo. Tu cabello tenía mechas plateadas.
- Pero no es su forma, es este propio cuerpo. El youko quiere apoderarse de este cuerpo. Quería proteger lo que amaba, y ahora solo siento que todo lo pierdo....- otra lágrima cayó sobre sus manos reposadas en el regazo.
- Kurama, ve a descansar. – dijo rudamente Hiei y desapareció.
Kurama quedó un tiempo más llorando en el banco, mientras la nieve lo helaba profundamente.