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Título: Black Rain
Parejas: Kurama/Hiei
Warnings: Yaoi, pensamientos algo angst y lemon.
Disclaimer: Yu Yu Hakusho no me pertenece.
Bueno... ¡aquí va otro fic de YYH por capítulos! Este es un poco diferente a todos los que he hecho hasta ahora... pero sigue habiendo Kurama/Hiei (eso no puede faltar ^_^). Ah sí, la verdad es que hay algo de lemon, pero es muy, muy suave y también algo... raro XDD. Cuando veáis esta señal ~*~, no significa que sea un flashback ni nada, es sólo un cambio de escena o de punto de vista (creo que ya se entiende... pero para que nadie salga confundido...XDD). También he decidido poner así el rating por alguna que otra palabrita...XDD.
Pues... ¡a leer! ¡Espero que os guste!
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Black Rain
Capítulo uno: La noche.
Un amante, una palabra tan simple para definir a la persona que amas, a un sentimiento secreto. Ese ser por el que engañas, por el que retienes los latidos dentro de tu corazón sólo para el momento en que vuestra presencia vuelva a coincidir, por el que ruegas al sol que se desvanezca. La sencillez de una palabra nunca será capaz de describir algo así.
Aunque... quizás el término no siempre evoca al amor.
Kurama alzó su cabeza, buscando entre ese cuerpo que lentamente le consumía. Tan sólo buscaba algo a lo que aferrarse. Algo con lo que consiguiera mantenerse cuerdo en medio de esa mezcla de sensaciones.
Sólo encontró el cuerpo de Hiei, demasiado lejano para sostenerle.
La voz de su amante, quebrada por el placer, sonaba tan vacía... tan inalcanzable... allí no encontraría lo que necesitaba.
Lo que necesitaba era que esos sentimientos que los dos desprendían no se perdieran en el aire, necesitaba que se mantuvieran enlazados entre sus corazones. Aunque... pensándolo bien... ningún sentimiento ajeno al placer se respiraba en la habitación. Al menos por parte de Hiei.
La mayoría de veces, el zorro conseguía atravesar esa cortina de pura lujuria para quedar totalmente a merced de esas múltiples sensaciones, pero otras, menos frecuentes afortunadamente, no podía escapar de su conciencia ni cuando su cuerpo era dulcemente invadido.
Allí tenía la prueba de esas situaciones.
Suaves labios se posaron sobre el hombro de Kurama, empañándole la piel con ardientes suspiros y depositando tiernos besos en ella. El youko se centró en el contacto, el más afectuoso de todo aquel cúmulo. Una pequeña muestra de amor.
La piel de su hombro vibró con la prueba sonora del placer que Hiei experimentaba, que acabó confundiéndose con su propia voz. Las piernas de Kurama se encontraron con la cintura de Hiei, la cual rodeó, hundiendo al koorime en su interior con deseo.
Kurama estaba seguro de que incluso cuando su voz no había pasado inadvertida, y cuando sus labios habían recorrido cada parte del cuerpo de Hiei, incluso así, su rostro seguía reflejando ausencia y desorientación. No era ese el sentido que quería para su relación. No era sólo el sexo lo que quería para su relación.
¿Si no era ese el sentido que quería, porque sólo era capaz de arrancar gemidos de los labios de Hiei? Era otra cosa lo que quería oír de su boca... No encontraba la respuesta. Y al zorro nunca le había gustado vivir entre incertidumbre. Pero claro... eso era mejor que la categoría de ‘amigo’.
No pienses más. Sólo siente.
Kurama lanzó su cabeza hacía atrás en éxtasis, arqueándose bajo las caricias de su amante. La boca de Hiei encontró su camino hasta los labios del otro, intercambiando alientos entre ahogados gemidos.
En un instante, los pensamientos que estaba reteniendo en su cabeza se vieron iluminados por el inesperado y sensual movimiento de Hiei, que se introdujo profundamente dentro de él en un ataque de pasión, casi frenético.
Sólo él poseía eso. Sólo él disfrutaba de esa lengua que ahora jugaba con su oreja, sólo él recorría el cuerpo del koorime. Y aunque no llegara hasta su corazón, aunque para Hiei su relación nunca tuviera más sentido que ese, aunque ese sentimiento doliera, aunque le quisiera tanto... aún así Hiei sería sólo suyo... y no perdería esa parte de él que había conseguido robar.
Al fin y al cabo, los dos sabían el rumbo que tomaría eso cuando empezaron, debía adecuarse a la decisión que tomó.
Tenerlo de esa forma era mejor que la soledad.
Esa vez se concentró en todo ese hasta entonces abstracto y lejano placer, volviendo a la realidad y... tal como su mente le ordenó... sólo sintiendo.
No pienses más.
~*~
Preciosos orbes esmeralda salieron de su escondite bajo la piel de sus párpados, destapándose. Kurama buscó con sus ojos en la oscuridad de su habitación, sintiendo una extraña sensación recorrerle la espalda.
No encontró nada salvo las sombras de la noche.
Frunció el ceño, sorprendiéndose ante el raro olor que había tomado el aire... como si estuviera escondiendo la presencia de alguien.
Hiei gruñó cuando el zorro intentó incorporarse, y Kurama tuvo que apartar los brazos de su amante de su cintura para salir de la cama.
En el mismo instante en que sus pies se plantaron en el suelo, la desnuda piel de su pecho fue azotada por el fresco aire de la noche que se colaba a través de su ventana... ¿abierta?
Juraría que ayer la cerré...
Contando sólo con unos boxers para proteger su cuerpo del frío de la noche, se acercó hasta la ventana, su guardia alzada por si acaso.
Con cautela, sacó su cabeza unos centímetros por la ventana, observando el exterior con una extraña expectación. El olor a pino que desprendía el árbol de enfrente fue lo primero que percibió. Estaba seguro de que ayer se había asegurado de que nadie les molestara.
Siempre lo hacía.
Tras unos minutos, se encontró observando la farola de la calle como si esta fuera revelarle algún misterioso secreto que le explicara porque el aire estaba tan agitado. Sintiéndose algo estúpido, decidió cerrar la ventana con suavidad, evitando molestar a nadie... más concretamente a ese precioso koorime que descansaba en su cama.
Se coló entre la comodidad de las sábanas, y reposó su cabeza sobre el hombro del dormido jaganshi. Podía preguntarle a Hiei por la mañana si se había fijado en el estado de la ventana antes de... no. No hacía falta.
Hiei nunca había sido demasiado observador con este tipo de cosas, y si ni el zorro mismo lo había sido en aquella situación... Hiei no debía haber sabido ni el día que era.
Bueno, había estado ocupado con sus deberes antes de la llegada de Hiei, así que, dejando a un lado su personalidad a veces excesivamente precavida, era normal que hubiera olvidado el pequeño detalle de la ventana.
Reconfortado al haber encontrado una explicación, volvió a dormirse mientras hacía desaparecer completamente la distancia que separaba su cuerpo del de Hiei.
~*~
Cuando se despertó por la mañana, le sorprendió desagradablemente la falta de compañía en la cama, y el youki de Hiei había desaparecido completamente de su alcance. Se alzó algo mareado, y consiguió llegar hasta la mesa, donde el pálido reflejo del papel le había revelado la existencia de una nota.
Cogió el papelito con sus manos y lo acercó hasta sus dormidos ojos.
“Hoy tenía que irme al Makai... asuntos míos, ayer no te lo dije y como dormiste poco he preferido irme. Espero que se te haya pasado la tontería de ayer zorro estúpido. No pienso volver a coger un ‘bolígrafo’ de estos para escribirte, y si esto era una tarea de esas para tu estúpida escuela ningen... haber tenido papel a mano.
Hiei.”
Kurama parpadeó y releyó la nota diez mil veces, como si fuera a cambiar con su insistencia.
Realmente le hizo algo feliz que el koorime se hubiera dignado a explicar su ausencia, allí se notaban las ventajas de ser su amante. Pero los constantes martillazos que recibía su corazón eclipsaban cualquier posible alegría.
Aún así... ¿por qué decía eso de que había dormido poco? Él y Hiei habían dormido lo mismo...
“Espero que se te haya pasado la tontería de ayer...”
¿A que se refería con eso? Era cierto que últimamente, se fuera a dormir a la hora que fuera, la mañana siguiente se despertaba con una inusual sensación de cansancio... pero no le había comentado nada a nadie, ni siquiera al jaganshi...
Bueno... ya tenía una excusa para irle a buscar al Makai más tarde.
El sonido de una mano golpeando la puerta de su habitación le hizo reaccionar.
-¿Shuichi? –la voz de su madre a través de la madera.
-Si mamá, puedes pasar.
La puerta se abrió, y Shiori entró en la habitación, con una expresión algo cansada.
-¿Acabas de llegar? –preguntó Kurama al tiempo que le daba un beso en la mejilla.
-Sí, al final hemos acabado más pronto de lo que pensaba.
-¿Y ha ido bien?
-Sí, muy bien. ¿Hoy tienes clases verdad?
-Sí, ahora iba a prepararme para ir.
-Muy bien, yo me voy a la cama, esto de quedarme toda la noche trabajando en la oficina no me gusta demasiado... –dijo bromeando.
-De acuerdo.
Y cerró la puerta con suavidad.
A Kurama le molestaba que su madre últimamente tuviera que quedarse a trabajar por las noches, la pobre quedaba agotadísima. Pero gracias a la ausencia de su madre por las noches, las visitas de Hiei se habían hecho más frecuentes, y eso no le molestaba precisamente.
Decidió dejar durante un rato sus preocupaciones a un lado, y ducharse de una vez para ir al instituto.
Al sentir la cálida agua deslizarse por su piel no pudo contener un relajado suspiro, pero tuvo que obligarse a acelerar el paso, pues la carta de Hiei y su madre le habían retrasado.
Consiguió salir de su casa en tiempo récord, y llegar al instituto en diez minutos. Por suerte las clases aún no habían empezado, se sentó en su pupitre al tiempo que el profesor llegaba.
Uff... justo a tiempo.
Pero esa mañana las leyes de la herencia y la genética no consiguieron captar su atención. Aunque gracias a Dios, su distracción paso desapercibida durante todas las clases, y no fue hasta que salió y se encontró a un expectante Yusuke esperándole en la salida del instituto que volvió a respirar relajado.
-¡Hola Yusuke! ¿Qué haces aquí?
-¡Hola Kurama! Pues... venía a hablarte sobre un asuntillo... –sonrió algo nervioso.
-¿No querrás que te preste dinero? –preguntó Kurama bromeando mientras le indicaba con la mano un camino.
-¡No no! Esta vez no... –dijo el detective, riendo.
Siguieron andando hasta llegar a un café, donde se sentaron en una cómoda mesa para dos, justo al lado de la ventana.
-Bueno... ¿qué querías?
-En realidad no creo que te haga mucha gracia...
-Tú sólo dilo. –le animó con una sonrisa.
-Verás... resulta que Botan me ha dicho.. que últimamente están apareciendo muchos youkais muertos en el Makai...
-¿Y eso que tiene de extraño? Siempre ha habido asesinos en el Makai.
-Pero todos estos youkais eran poseedores de algún tesoro valioso, y además todos han sido matados de la misma forma... –Yusuke hizo una extraña mueca, y sus ojos chocolate se posaron con nerviosismo sobre Kurama.
El zorro frunció el cejo, sintiéndose incómodo. Tesoros... su antiguo objetivo...
Todo eso era demasiado extraño.
-¿Y... como los mata? –pidió, casi temiendo la continuación.
-Pues... les araña la parte delantera del pecho... y luego les estrangula... no con las manos, si no con algo que deja en sus cuellos unas marcas parecidas a...
-Espinas... –terminó Kurama, respirando con dificultad.
-Exacto... el Rose Whip ¿no? –dijo Yusuke lentamente, casi sin querer que las palabras escaparan de sus labios.
Sintió como si una devastadora lluvia fría le hubiera arrasado. El aire se negaba a llegar hasta sus pulmones con facilidad, y todos sus músculos se tensaron con la desagradable noticia.
Algo parecido a cuando pensaba en Hiei.
-Yusuke... –empezó- yo mataba así a mis víctimas...
El detective desvió su mirada hacía el suelo y asintió lentamente, confirmándole silenciosamente que ya estaba enterado de eso.
Kurama trató de calmarse... respiró hondo e intentó traer su serenidad de vuelta, pero el seguido de sucesos extraños que ocurrían empezaban a eliminar su habitual paciencia.
-Te juro que yo no... –trató de excusarse.
-Mira Kurama... prefiero confiar en ti ¿vale? Prefiero creerte a ti antes que hacerle caso a Koenma, pero... ¡dime algo por favor!
-Es que... yo no sé nada al respeto.
De sus labios escapó un desesperado suspiro, y apoyó su frente en su mano, tratando de recordar alguna cosa que le pudiera servir... pero lo único en que su mente era capaz de pensar en esos momentos era en Hiei, y en ese maldito y constante cansancio que...
Joder. El cansancio.
-Bueno... últimamente me levanto con la misma sensación que si hubiera estado toda la noche haciendo ejercicio...
El detective frunció el ceño ante las palabras de su amigo.
-¿Y no sabes lo que haces por las noches?
-Hombre, a parte de... –se detuvo.
Los nervios le estaban traicionando. Si no quería que Hiei le cortara la cabeza era mejor que cerrara la boca y se guardara las palabras que seguían.
-¿A parte de...?
-Dormir. A parte de dormir creo que no hago nada más. O al menos... te juro que no recuerdo haber... matado, a nadie.
-Pues todo esto es muy extraño.
-Yusuke te lo juro...
-No, si te creo Kurama pero... –el detective suspiró, intentando conservar esa ciega fe que tenía siempre en sus amigos- Mira, vamos a investigar que es lo que está pasando aquí y... ya verás como se aclara todo ¿vale? Además... el Reikai no puede demostrar que hayas sido tú.
-De acuerdo... pero no he sido yo.
Yusuke se comportó de forma extraña durante el tiempo que tomaron en beberse cada uno un café, riendo nerviosamente de vez en cuando, y lanzándole frases innecesarias diciéndole lo mucho que confiaba en él.
Kurama decidió terminar con la cita antes de acabar con el sufrimiento de Yusuke, así que se dirigió hasta su casa, aún algo aturdido.
Al llegar, se deshizo rápidamente de los libros y se tumbó en la cama, sintiéndose incapaz de realizar cualquier posibles deberes.
Realmente no había sido un día muy bueno. Las noticias de Yusuke no habían sido para nada reconfortantes.
Hundió su rostro en la almohada, intentando respirar calmado...intentando ignorar esas punzadas en su corazón... como agua helada traspasándolo...
Tenía frío.
Estaba totalmente seguro de que él no había hecho nada durante las noches... pero entonces... ¿por qué se sentía tan exhausto?
No pienses más en ello...
Necesitaba saber que era lo que pasaba ahí, e intuía que Hiei podía ayudarle.
Hiei...
Aunque sólo fuera su cuerpo lo que poseía... aunque ese sentimiento de amor no fuera mutuo... la presencia del koorime en aquellos momentos no le habría venido mal...
No pienses más.
~*TBC*~
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Notas de la autora: Pues hasta aquí llega el primer capítulo XDD. Como siempre me ha salido un poco largo creo... es que no puedo evitarlo...XDD. El título del fic es de una canción de “Staind”, no lo he inventado yo ^_^.
Vaaaaaale, lo confieso... este capítulo ya lo tenía escrito des de hace bastante tiempo, pero es que lo dejé algo abandonado porque no sabía como seguirlo... y eso que lo encontré el otro día y acabé el primero y... aquí está ^_^. Cuando termine los exámenes (que será, afortunadamente, dentro de poco) lo seguiré, pero de momento sólo dejo este capítulo ^_^.
Por cierto... Vanne, si estás leyendo esto y te ha gustado, ya sabes... tienes mi permiso ^_^ (insisto en el ‘si estás leyendo esto’ XDD).
Creo que no tengo nada más que decir... mi mail ya os lo debéis saber de memoria XDD... espero que os haya gustado y... ¡hasta dentro de un tiempo! (hasta que pueda seguirlo T-T)