"Black Rain"    
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Resumen: ¿Puede el cuerpo de Shuichi sobrevivir sin el alma de Kurama? Quizás Hiei es el único que puede ayudarle... (Yaoi, KuramaHiei)

Títúlo: Black Rain

Parejas: Kurama/Hiei, Kurama/OC

Warnings: Yaoi.

Disclaimer: Yu Yu Hakusho no me pertenece. Nunca dije que Tsukai-Yoru sip, pero supongo que no hace falta. n.n

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Capítulo diez: Atardecer sin los amantes

Yusuke no pudo evitar agrandar sus ojos en sorpresa y, porque negarlo, algo de incredulidad. Kuwabara a su lado no parecía estar mucho mejor. Parecía cómo si el aire presentara dificultades en llegar hasta sus pulmones, su rostro pálido. Kurama en cambio, tan sólo les mostraba una cansada expresión que no encendía el deseo de discutirle nada. Pero...

-Kurama... ¡¿estás seguro de que esto es cierto?! –preguntó Kuwabara, sus ojos reluciendo terror.

El pelirrojo tan sólo asintió.

-Por esto Tsukai está llevando a cabo todo este plan.

-Es decir... –empezó Yusuke, la sencilla tarea de tragar haciéndose difícil en su seca garganta- ... mataste a esa tal Nat y lo que quiere ahora es que robes sus documentos de defunción y los destruyas para que ella resucite.

Kurama asintió de nuevo, y Yusuke no habría sabido decir si su expresión era preocupada, o sencillamente carente de sentimiento. Desde hacía rato que no reflejaba ninguna emoción a parte de la dureza que sus facciones habían tomado. Daba algo de miedo...

-Pero... ¡¡tú ya no puedes robar!! –comentó Kuwabara, su voz alzada en histeria.

-Por eso os he pedido que me acompañarais al Makai. Vamos a buscar a Youko.

-¿Piensas pedirle ayuda? –preguntó Yusuke, moderando la voz ante el extraño comportamiento de Kurama.

De nuevo el chico asintió.

-Vaya Kurama... ¡no sabía que hacías esas cosas cuando eras un youko!

El golpe en la cabeza de Kuwabara fue inevitable. Yusuke en seguida le dedicó una mueca que intentó informarle de que, Kuwabara, no hables de eso ahora. Pero el otro tan sólo frunció el ceño en interrogación. Y cuando se volvieron hacia Kurama ese tan sólo les señaló con un gesto de su mano que caminaran.

-Hey Kurama... –empezó Kuwabara de nuevo, andando tras el pelirrojo junto a Yusuke-... ¿no va a venir Hiei?

Oh, y el detective cayó entonces en que habría sido más acertado darle un codazo en las costillas a su bocazas amigo que haber dejado que aquellas palabras se escaparan de su garganta.

Kurama se detuvo, y aunque no dejó que nada identificable se derramara en su tono de voz, Yusuke supo notar cómo esta se quebraba un instante. Así que se trataba de Hiei.

-No, Hiei no va a venir Kuwabara.

-Ah...

Yusuke dio ese codazo.

-¡Urameshi! ¿Quieres parar?

-¡Cállate y camina!

Y los tres emprendieron de nuevo la marcha. Sólo para que la voz de Kuwabara estropeara de nuevo el seguro silencio que les había envuelto.

-Kurama... no nos enfadamos porque no nos lo hayas contado hasta ahora eh.

-Gracias. Lo siento.

-No, no... ¡que no pasa nada!

-Hey chicos... mirad eso.

Los dos observaron hacia la dirección en que el dedo índice de Yusuke apuntaba, y descubrieron entre la eterna niebla de aquella zona una figura alta moviéndose veloz entre los árboles. Y cuando nubecillas grises se apartaron para darle suna mejor visión, los tres pudieron identificar la larga melena plateada que se ondeaba con el viento hacia ellos.

Bueno... esta vez no había sido tan difícil dar con Youko Kurama.

El pelirrojo pasó hacia delante, bloqueando el camino del zorro.

-Oh vaya... ¿tres ningens paseando por los bosques? –dijo con una sonrisa maliciosa el kitsune.

Y aunque Kurama gesticuló una leve, muy leve mueca al encontrarse cara a cara consigo mismo, no dejó que aquella extraña sensación se notara en su tono de voz, decidido y claro.

-Tenemos que hablar contigo.

· · ·

El camarero les miró con recelo al depositar el licor que habían pedido sobre la mesa de madera de su taberna, el panorama que se presentaba ante él sin ser el más corriente. No era muy normal ver a un youko acompañado de tres humanos, aunque podía percibir un fuerte ki en el moreno. Bah, tonterías...

Se fue hasta la barra de nuevo.

Youko, tras sorber el líquido que el vidrio contenía, observó a aquellos tres con malicia.

-Así que... –empezó- ¿me estáis pidiendo que os ayude a robar unos documentos en el Reikai?

-Sí, eso es –dijo el pelirrojo asintiendo con la cabeza.

Youko ya había notado algo raro en aquel chico. Cada vez que sus miradas coincidían, el chico no podía evitar apartar la mirada con extrañeza. No parecía vergüenza, pero tampoco sabía calificar aquel comportamiento. Aunque... wow, los ningens también podían llegar a ser muy atractivos por lo visto.

-Estáis un poco locos... en todo caso, ¿por qué unos humanos saben del Reikai?

-¿Por qué no podías ser un poco menos listo, Kurama? –preguntó Kuwabara susurrando.

El pelirrojo no respondió a la "pregunta". En vez de eso, trató de explicarse.

-Conocemos a varios youkais. Y obviamente ellos si saben de la existencia del Reikai. Nuestros asuntos no deben importarte. ¿Aceptas?

Pareció como si considerada la oferta.

-Bueno... el Reikai es un gran reto y... –se detuvo- ... ¿habéis dicho algo de unos documentos de defunción?

Asintieron.

En su rostro se dibujó pura melancolía, y ninguno de los tres supo qué pasaba por la cabeza del zorro cuando éste liberó un entristecido suspiro. Alzó la cabeza.

-Bien, acepto. Pero... me daréis algo a cambio, ¿verdad?

Kuwabara miró nerviosamente a Kurama, quien ni siquiera parpadeó al contestar.

-Por supuesto. Puedes pedir lo que quieras siempre y cuando esté en nuestras manos.

Y una mirada de lujuria apareció en los ojos dorados del zorro. Kuwabara se estremeció con miedo, y Yusuke frunció el ceño, temiendo lo que pudiera salir de aquellos sensuales labios.

-Tan solo... una noche contigo.

Y los dos detectives no pudieron contener un grito al ver que el youko estaba mirando... ni más ni menos que a él mismo dentro de poco tiempo si todo iba bien.

-¡¡No, no no!! –gritó Kuwabara alzándose de la silla, presa de la histeria.

Yusuke trató de esconder una sonrisa...

-Es mejor que no, ¿sabéis?

Kurama en cambio, no pareció sorprendido.

-¿Y por qué no? –pidió el youko con desilusión –Habéis dicho que me daríais cualquier cosa que estuviera en vuestras. Él está en vuestras manos y es a él a quien quiero.

-¡De verdad, si supieras bien lo que dices no le querrías a él!

-¡Es mejor que no!

Kurama se alzó, decidido.

-Está bien. Lo que quieras.

Yusuke y Kuwabara no cabían en su asombro. Lo único que pudieron hacer fue dejar caer la mandíbula en sorpresa e incredulidad. Youko sonrió con malicia.  Se levantó despacio.

-En ese caso, viendo que eres más inteligente que tus amigos... –los otros dos ni siquiera parecieron oír el comentario- ... te espero arriba –y señaló con su dedo las habitaciones que residían en la taberna antes de desaparecer por la escalera envuelto por un aura de misterio.

Los dos tumbaron la cabeza hacia Kurama, que mantenía una expresión extraña.

-Mmm... Kurama, sabes lo que vas a hacer, ¿verdad? –trató de preguntar Yusuke con calma.

-¡¡No puedes hacer eso!!

-Tranquilos. No voy a dejar que pase nada.

Y esas fueron sus únicas palabras antes de que desapareciera por la puerta de entrada, no hacia las habitaciones.

-¿Pero qué hace?

Y la sorpresa de los chicos tan solo fue en aumento cuando volvió a entrar, un poco de alivio en el suspiro de sus labios, y caminó tranquilamente pero con determinación hacia el pie de las escaleras. Llevó sus dedos hasta sus labios, e hizo algo ahí que ninguno de los dos vio con claridad. Se tumbó para dirigirles una última mirada.

-No os preocupéis por nada. Vuelvo enseguida.

-¿Cómo que vuelves enseguida?

Pero Kurama ya estaba subiendo los peldaños.

· · ·

-¿Ha dicho que enseguida volvía? –preguntó Kuwabara unos minutos después, asustado.

-Kuwabara... no vamos a subir ahí.

-¡No, no! –soltó, y los dos pensaron que las palabras eran suficientes por unos segundos.

Yusuke había apoyado su espalda contra la silla y observaba con insistencia las escaleras. Kuwabara en cambio, no podía evitar pensar en miles de cosas y moverse con nerviosismo.

Hey, Urameshi... –empezó, una mano colocada en su cabeza cómo signo de su incomodidad- ¿Qué piensas de esa historia que nos ha contado Kurama?

Yusuke, brazos y piernas cruzadas, movió sus ojos desde la suciedad de la barra hasta su amigo, dirigiéndole tan sólo una mala mirada mientras pensaba en algo que contestarle. Tampoco había mucho que decir. Todos ellos sabían lo que Kurama había sido algún día, todos ellos sabían que el zorro merecía respeto y admiración desde que le habían visto casualmente en algunas luchas, y todos ellos sabían que el Kurama de ahora poco tenía que ver con su antigua naturaleza. A partir de ahí... conocer con detalle algunos de sus crímenes tan sólo les hacía tener más conciencia de su crueldad, eso no debía cambiar su opinión respecto a Kurama. ¿De verdad hacía falta que le contara todo aquello?

Yusuke gimió un poco con pereza.

-Sí, bueno... ya sabes que Kurama ha cambiado mucho.

-Pero, ¿por qué no nos lo había contado hasta ahora?

-¿Cómo querías que nos lo hubiera contado antes? ¿No ves cómo te lo estás tomando? Tú tan sólo has tenido que oírlo, pero imagínate saber que fuiste tú quien lo hizo. No es fácil para él.

Kuwabara asintió lentamente. Y algo desencajó en su mente, una pequeña laguna en las situaciones que empezaban a ordenarse.

-¿Crees que el enano sabe eso?

El detective se encogió de hombros, mirando tristemente hacia la escalera.

-No lo sé... no creo que él lo aceptara tan bien cómo nosotros.

-¿Por qué no?

-Kuwabara, eres idiota ¿eh?

El otro frunció el ceño, empezando a alterarse. Pero la mirada de cansancio y la mueca en el rostro de Yusuke detuvieron toda la ira que estuviera dispuesta a hacer acto de presencia en su humor. En vez de darle vía libre, le pidió que se explicara.

-Pues porqué ya sabes cómo es. Y ahora estate atento, Kurama podría bajar en cualquier momento.

Y aunque la guardia del detective se mantenía alerta, pensó con melancolía en la expresión que Hiei habría gesticulado. Él estaba más acostumbrado que él o Kuwabara a ese tipo de cosas, se había criado en el Makai al fin y al cabo. Pero Hiei nunca confiaba en el tipo de youkais que llevaban a cabo ese tipo de asesinatos, esos tan complejos y sanguinarios. Y bueno... el demonio de fuego sí confiaba en Kurama. Saber que él había sido autor de algo así... le habría decepcionado de algún modo, saber que su Kurama había sido caído así de bajo. Hiei había matado por necesidad durante toda su vida, Youko por placer. Por eso quizás, Hiei odiaba ese tipo de actos y todo aquel que los cometía. Por eso le habría molestado descomunalmente saber lo de Kurama. Aunque claro... no veía posible que Kuwabara pudiera comprender eso.

Y aún en medio de su preocupación por el pelirrojo no pudo remediar el sonreír al ver que había calificado a Kurama como una de las pertenencias de Hiei. Su Kurama... tenía su gracia.

-¡Hey, mira!

Cuando vio el dedo índice de Kuwabara señalar hacia la escalera con vehemencia, enseguida observó lo que su amigo trataba de enseñarle. Kurama bajaba tranquilamente por los peldaños con la misma expresión con que había subido, aunque ésta vez parecía algo... aturdido.

Los dos se levantaron rápidamente.

-¿Estás bien, Kurama?

El pelirrojo asintió, y entonces sonrió de una forma un poco forzada, aunque aquello tranquilizó a los dos por mucho que les doliera ver que su alivió era traído por el esfuerzo que su amigo había realizado al empujar sus labios a esbozar una sonrisa.

-Pero... ¿qué has hecho? Quiero decir... el zorro quería, ya sabes... –dijo Kuwabara, el hecho tan difícil de asumir para él que hasta le costaba pronunciarlo.

Kurama llevó una mano hasta sus bolsillos, y sacó de ellos una extraña semilla. Tendió su mano para que la vieran.

-Es capaz de dormir a un ser vivo casi instantáneamente –contó ante los rostros preguntones de sus amigos.

-Pero.... hay que tragárselo, ¿no?

-Sí, Yusuke.

-¡Esto es aquello que te has metido en la boca antes de subir! –cantó Kuwabara triunfalmente, una gran sonrisa en sus labios. Kurama afirmó de nuevo con la cabeza.

-Cuando Youko lo ha tragado, ha quedado dormido al cabo de unos segundos. Lo bueno es que el sueño en el que se cae no es del todo normal, la conciencia de quien lo sufre queda totalmente expuesta, de modo que he podido escoger lo que creería cuando despertara. Ya podéis imaginar lo que es.

Los dos hicieron obvia la sorpresa que les había asaltado a través del tamaño de sus ojos.

-Oh... –dijo Kuwabara-... entonces, ¿cómo se lo has dado?

Yusuke no pudo controlar sus puños, los cuales dejaron caerse con fuerza sobre la cabeza de su amigo.

-¿Tú que crees, inútil?

-Me lo temía –dijo Kuwabara mientras inhalaba aire.

-Venga, deberíamos irnos –dijo Kurama- Me he encargado de que prometiera que nos veríamos mañana. Lo planearemos todo.

Los dos chicos asintieron, y a continuación siguieron al pelirrojo hasta el bosque de nuevo, despidiéndose del camarero con unas cuantas monedas sobre la mugrienta barra.

Yusuke caminaba al lado de Kurama, mientras que Kuwabara les seguía desde detrás colocando sus ojos sobre cualquier sombra, tomándose más que seriamente su trabajo de guardaespaldas. Y aunque el detective también vigilaba su alrededor, sabiendo que en aquel momento Kurama no valoraba su presencia para otra cosa que no fuera realizar aquello, no podía evitar que las palabras tantearan en sus labios tratando de deslizarse a través de la voz. No debía haber sido fácil para Kurama contar algo como aquello. Y por su reacción al oír hablar del Koorime, sabía que también él estaba enterado. Y al igual que él, por la mirada vacilante que había capturado en los ojos de Kuwabara, sabía que no era el único que deseaba decirle algo al pelirrojo.

-Oye Kurama... –empezó Yusuke cuando ya se encontraban de nuevo entre los árboles, las voces del casi caído atardecer rodeando sus palabras, haciéndolas menos entendedoras a oídos del pelirrojo- ... sea lo que sea... bueno, de igual.

Kuwabara frunció el ceño. Kurama se detuvo. Y lentamente el pelirrojo empezó a volverse hacia el detective, quien respiraba profundamente tratando de obviar la palabra Hiei de cualquiera de sus frases.

-Gracias, Yusuke –dijo el pelirrojo de golpe- Y a ti también, Kuwabara.

Aunque su tono había surgido algo forzado, Yusuke no pudo evitar la sonrisa en sus labios. Y tampoco Kuwabara, quien tras entender el repentino agradecimiento de su amigo, había hecho aparecer la felicidad en su rostro. Kurama siguió andando.

Y Yusuke sabía, que fuera lo que fuera... él y Hiei lo iban a arreglar pronto. Y si no era así, él mismo de iba a encargar de que el demonio de fuego entrara con razón. A golpes, si hacía falta. Al fin y al cabo... el Kurama de Hiei no podía estar triste de aquella manera.

· · ·

Hiei relajó sus brazos sobre el tronco de aquel desconocido árbol, preguntándose cruelmente porqué el de Kurama parecía tan cómodo en comparación con aquel. Aquel árbol no era lo mismo. Desde ahí no sentías la frescura de las plantas embriagar tus sentidos, y tampoco el ángulo del tronco era tan perfecto para apoyarse en él. No era lo mismo ni de lejos. Y tampoco pensar en Kurama era lo mismo. Ni de lejos.

No desde que había reconocido, y no ante él mismo, que el placer no era lo que... bueno, no era solo lo que quería del pelirrojo. Y Dios, ¿por qué lo había dicho? Cerrar la boca era lo mejor a veces. Y si la situación y el ambiente hubieran sido otros, si todo su entorno no le hubiera cegado demasiado la cordura como para saber qué era lo que había que decir y lo que no, aquel pensamiento se hubiera quedado guardadito en su cabeza. Aunque, oh mierda, la había cagado.

Y a pesar de todo seguía enfadado con él... ¿Por haberle escondido su pasado? No, la decepción ya era demasiado antigua. ¿Por no dejarse ayudar en la nueva misión y en todo el caso? No, aunque reconocerlo le hiciera enfurecer, sabía que al fin y al cabo Kurama lo hacía por su bien. Hn, cómo si no supiera cuidarse solo. Y seguía enfadado con él... el porqué no lo sabía, pero estaba enfadado.

Ojos rubí se clavaron sobre el cuerpo del chico que caminaba con calma bajo él.

Bajo el sol aquellos cabellos castaños brillaban con más intensidad, y aunque el cuerpo no llevaba su usual uniforme supo reconocerlo de todos modos.

Yoru levantó la cabeza y le miró.

-¿Te gusta mucho estar en los árboles? –preguntó con burla- Muchos días te había sentido rondando en ellos.

Hiei, con un gruñido como acompañante, bajó hasta el suelo para colocarse a su lado.

-¿Qué quieres? –preguntó.

-Nada, tan solo paseaba... buscaba a Suuichi. Bueno, a Kurama –corrigió, una expresión de malicia en su rostro, a juego con su voz.

Hiei le siguió observando, sin contestar.

-No iba a hacerle nada –aseguró- Pero aunque quiera deshacerme de él, verle casualmente alegra la vista, eso no se puede negar.

Levantó una ceja. Tsukai estaba loco...

-¿Ya sabes lo que vas a hacer cuando Kurama vaya al Reikai? –preguntó mientras hundía las manos en los bolsillos. Al parecer el nivel de prepotencia se disparaba en él cuando el pelirrojo no estaba cerca.

-Voy a hacer lo que me dé la gana. No voy a quedarme de brazos cruzados porque tú lo digas –contestó con calma.

-¿Y si lo dice Kurama?

-Kurama no dice lo que yo hago y lo que no.

-¿Ah no? –preguntó, fingiendo sorpresa. El muy... –No, no, claro...

Y por encima de la sonrisita inocente Hiei sabía ver que se estaba burlando de él. Curioso... no había mostrado tan abiertamente ese tipo de humor hasta entonces. Qué pesado.

-Kurama no está aquí, así que puedes marcharte.

-¿Dónde está?

-Eso no es cosa tuya.

-Lástima... de todos modos quería informarle de que ya he encontrado algo.

Hiei no respondió, pero al parecer el silencio le reveló a Yoru en algún momento que quería que siguiera hablando. Eso, o que se moría por contar sus hazañas.

-Ya tengo el sello especial con el que hay que destruir los documentos.

Hiei alzó de nuevo sus cejas, viendo que si quería que aquel inútil le entendiera tendría que recurrir a las palabras.

-No te he pedido que me expliques lo que has conseguido haciendo de rata.

-Oye, con Kurama no eres tan desagradable... –dijo de nuevo.

-Es triste que aún no hayas conseguido quitarte al zorro de la cabeza –espetó, sin mostrar ninguna reacción ante sus provocaciones.

-Te aviso de que lo único que yo siento por Kurama es odio.

Hiei sonrió con incredulidad, levantando sus labios con malicia.

-Lo único que yo veo es obsesión.

Yoru se encogió de hombros, algo vacilante.

-Tú mismo deberías saberlo. Kurama es... –levantó una mano en el aire mientras arrugaba las cejas, pensando en la palabra adecuada- ... solo digamos que no es alguien que se olvide fácilmente.

Hiei cambió su posición para ver con claridad el rostro del chico, el sol caído cegando su visión con luz dorada.

-Sabes a lo que me refiero, ¿no? –pero al parecer Yoru empezaba a conocerle, ya que pareció como si hubiera previsto que no iba a contestar cuando siguió hablando- Si solo pasando una noche con él ya le recuerdas para toda la vida, imagina pudiéndote considerar por un tiempo su amante.

Hiei respiró con calma, aunque el comentario había surtido el efecto esperado.

-Por desgracia la reencarnación no le ha sentado mal. ¿Le has visto?

No creyó que la pregunta mereciera una respuesta. En vez de dirigirle una palabra cerró los puños con fuerza, tratando de deshacerse de los nervios.

-Sólo por curiosidad... ¿sigue siendo tan bueno en la cama?

-Cállate de una vez.

-De hecho, eso era lo que mejor se le daba.

-Cierra la boca, inútil.

-Para lo único que es realmente bueno es para follar.

Y aquello fue suficiente. Hiei lanzó sus manos sobre el cuello de la camisa de Yoru y presionó, haciéndole chocar contra la pared más cercana. Y no pensaba decirle nada, tan solo dejó que sus dedos se hundieran en la piel del otro mientras le dirigía una enfurecida mirada.

Los labios de Yoru fueron curvándose en una sonrisa.

-¿Cómo era aquello que dijiste un día? "Yo no quiero a Kurama"...

La carencia de ganas de golpear aquella sonrisa estúpida no fueron el problema. El problema fue que aquel tono malicioso le estaba informando de que un puñetazo era exactamente lo que Yoru estaba tratando de sacar a flote. De modo que tan sólo presionó con más fuerza para liberar la tela de sus manos, y lanzándole una última mirada de advertencia desapareció.

Yoru sacudió un poco la cabeza. Y la satisfacción creciente que residía en su interior fue alimentada con una buena dosis, pues Hiei tan solo se estaba comportando tal y cómo él quería. Y era una lástima... era una lástima que el chico le cayera tan bien.

Pero tenía que hacerlo. Tenía que llevar a cabo el plan que tanto había torturado su mente. Y por suerte iba a hacerlo muy pronto. Solo tenía que tragarse un poco la simpatía que empezaba a sentir por el demonio de fuego y todo sería mucho más fácil.

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Notas de la autora: Parece ser que esto ya va bien de nuevo n.n. Ya sé que lo de Youko/Suuichi era un poco raro... pero es que me sentía gamberra cuando lo escribí :P. Y de hecho eso me hizo pensar que no sé porqué hacemos a Youko tan pervertido y promiscuo, porque nunca han dicho que así fuera... pero es que es más divertido XD. Supongo que es lo mismo que Hiei y su Nieve Dulce.