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Parejas: Kurama/Hiei, Yusuke/Keiko, Yukina/Kuwabara
Warnings: Yaoi y angst.
Disclaimer: Yu Yu Hakusho no me pertenece, Tsukai y Nat sips :P.
Nota: Os acordáis del capítulo cuatro? El de las galletas en la cocina? :D Pues el final de este capítulo va relacionado con ese! Así que si no os acordáis se aconseja reléerseo, que es un minuto :). Aps! He hecho una frase general para el fic, como si dijéramos "la frase de BR". Está justo debajo del título en el primer capítulo n.n.
Er... pero como aquí no puedo modificarlo, lo pongo bajo el título de este capítulo :P.
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Cuando una mano delicada y temblorosa golpeó con extrema suavidad su brazo, tal inseguridad en el movimiento que podía ser notada incluso en los dedos de la chica, Kurama no tuvo que esperar a ver la letra para saber de quien era la nota que le llegaba a través de la clase.
-Una nota para ti, Minamino –susurró la chica, sin tan siquiera mirarle mientras le entregaba un papel arrugado. Kurama le sonrió, y pese a no recibir el movimiento en su totalidad por su cabeza cabizbaja, las mejillas de la chica se tiñeron al instante de rojo incandescente al recibir esa curva en los labios de él. Kurama ni se extrañó. Es más, se preguntó por que seguía sonriéndoles si sabía exactamente cual iba a ser la reacción. Aunque... no todo el mundo mostraba la misma actitud ante sus sonrisas, por sinceras que fueran. Y en aquel momento, sólo se sentía capaz de mostrarle una sonrisa de verdad a una única persona. Aunque ésta no quisiera recibirla. Ni él darla.
Sonrió para si mismo con tristeza. Casi era irónico.
Y cuando el papel ya se encontraba bajo el cajón de su pupitre, una de sus manos bajo él en un disimulado gesto, introdujo sus dedos entre la masa arrugada para obligarla a alisarse. Y efectivamente, reconoció la letra al instante.
Ladeó su cabeza discretamente para mirar hacia el otro lado de la clase. Y la sonrisa que Yoru le ofrecía con malicia fue suficiente para corroborar el creador de la nota.
Pensó en lo inútil que había sido recordarle que hoy era el día, cuando era lo único que en su mente cobraba importancia. Bueno, no lo único.
Hiei. Y Palabras y miradas y confesiones y sangre y mentiras. Y Hiei. Y el amor de Hiei.
Volviendo a la realidad le devolvió la mirada a Yoru, asintiendo un poco, tan leve movimiento en su cabeza que podría haber sido casual. Pero no para Yoru. Y tampoco las palabras de Hiei habían sido casuales cuando...
Haz el favor de concentrarte. Se ordenó. Tienes una misión que cumplir hoy.
No pensar en Hiei era su mayor reto en aquellos días, era difícil. Y a la vez, cuando el Koorime aparecía en sus pensamientos, describirle e imaginarle era infinitamente más duro que las otras veces, cuando ideas y pensamientos sobre él venían fáciles y naturales. Le era difícil pensar y no pensar en él, y se sentía atrapado en esta torturante contradicción.
-Eh... Minamino, perdona pero... –de nuevo la voz de la chica capturó su atención, y Kurama vertió más disimulo en sus propios gestos cuando sintió la mirada del profesor clavada con sospecha en él- ...tienes otra nota de tu amigo Seishin.
Y aunque la palabra ‘amigo’ se sintió como un puñal clavándose en su piel, Kurama forzó de nuevo una sonrisa –¿nunca se cansan de sonrojarse?- y tomó la nueva nota.
“El otro día estuve hablando con tu querido amante. Le recordé que no debe ir contigo a la misión”
Kurama casi dejó escapar una rota y desgraciada carcajada al pensar cual habría sido la reacción de cualquiera de aquellas chicas si hubiera leído el género del adjetivo “querido”. Oh si, de entre todas las chicas sedientas de amor que Suuichi podría haber escogido, se había quedado con un bajito demonio de fuego con un humor deprimente que sólo le traía sufrimiento. De hecho... ¿tenía Hiei humor? Creía que no, simplemente cerraba la boca y miraba con frío en sus ojos.
Sacudió la cabeza y trató de concentrarse de nuevo.
Se tumbó un poco para mirar a Yoru, mostrándole la fría confusión de sus facciones. Podía ser malo que Yoru y Hiei se hubieran visto...
Y más aún si Yoru le había estado repitiendo que no debía acompañarle. Kurama sabía que cuanto más prohibida era una cosa, más intenso era el deseo de Hiei de realizarla.
Decidió no preguntar. Decidió que si la intención de Yoru era ponerle nervioso, no iba a mostrar una pizca de curiosidad o alarma.
Yoru siempre había tenido la cualidad de enredar las cosas y manipularlas a su antojo, lo había descubierto al cabo del tiempo. Yoru era así, no Tsukai. Tsukai había demostrado ser algo... indeciso y débil psicológicamente. Una breve idea se iluminó en su mente, y Kurama tuvo que tumbar la cabeza para mirar a Yoru.
El chico apoyaba su barbilla en su mano, y en su rostro había dibujado un descarado aburrimiento, una desvergüenza impropia. Y por primera vez sintió curiosidad por el Yoru que estaba observando. ¿Era el carácter autosuficiente y seguro de si mismo de Yoru el que Tsukai anhelaba tener? ¿Era aquello un mero grito desesperado por ser más fuerte y ver lo que siempre había querido ser?
Devolvió la cabeza a sus apuntes olvidados, y cerró los ojos en un flash. Según Kurama, había dos tipos de personas. Las que lloraban cuando sentían o sufrían dolor y las que lo guardaban en su interior. Kurama era del segundo grupo. Pero supo que si hubiera sido del primero, en aquel momento se estaría conteniendo las lágrimas.
~*~
-¿No crees que ya es hora de hacer algo, Urameshi?
Yusuke levantó la vista para observar a Kuwabara, sentado sobre el sofá de su casa con las piernas cruzadas, preocupación de un amigo en su expresión.
El detective se encogió de hombros.
-Ya sabes como son Kurama y Hiei, si tratamos de entrometernos sólo empeoraremos las cosas.
Kuwabara pareció genuinamente sorprendido.
-¿Pero por qué?
-Ya sabes, esos rollos chungos de sentimientos y orgullo, que creen que es signo de debilidad. Los demonios, que son raros.
-Kurama ya no es un demonio, y menos ahora.
Yusuke la lanzó una mirada significativa.
-Por favor Kuwabara... tómate a Kurama como un youkai bueno, eso es todo.
El chico bajó la vista ante las palabras de su amigo. El silenció cayó pesado sobre ellos durante unos instantes, sus respiraciones afligidas siendo el único sonido de la sala mientras los dos trataban de pensar.
-De todos modos Hiei tiene que venir aquí esta noche. Ya trataré de hablar con él. Pero tío... un demonio siempre es un demonio.
Kuwabara le observó atentamente, y cuando Yusuke terminó, su réplica no tardó en aparecer.
-Pues si están con los líos esos de demonios ¿cómo me explicas que se quieran tanto?
Yusuke se encogió de hombros de nuevo con una débil sonrisa.
Kuwabara sacudió la cabeza.
-Sí, además... sólo son suposiciones, nunca nos han dicho nada. Y lo dijo Keiko.
Yusuke frunció el ceño, repentinamente enfadado.
-¿Cómo que “y lo dijo Keiko”? ¡Que lo dijera Keiko es lo que le da más credibilidad de todo!
-¡No seas tonto Urameshi! ¡No es como si lo hubiera dicho Yukina! –levantó el brazo, señalándole acusadoramente como si acabara de cometer un crimen.
-¡No, es mejor!
El rostro de Kuwabara enrojeció con la ira, y por un momento Yusuke temió que los ojos se le salieran de las órbitas.
-¡¡No hay nada mejor que la palabra de Yukina!!
Yusuke rodó los ojos y levantó los brazos, dejando a Kuwabara disfrutar de su enojo mientras él abandonaba el tema.
-Lo que dice Keiko está bien y se acabó.
-¡¡Estúpido Urameshi!!
-Oye... –empezó Yusuke, ausente y en un tono malicioso- ¿crees que para Hiei, lo que dice Kurama es lo mejor?
Kuwabara pareció relajarse de golpe, y ante la curva de travesura en el rostro de Yusuke en sus propios labios empezó a formarse una sonrisa.
Y de pronto se estaban riendo amistosamente y Yusuke tenía una mano en su estómago. Cuando sus respiraciones se normalizaron de nuevo, la sonrisa en los labios de Yusuke no desapareció.
-Bah, -dijo Kuwabara- ...ya lo arreglarán.
-Sí... –y el tono de Yusuke se volvió melancólico- Kurama y Hiei son los mejores demonios que existen.
~*~
Era curioso como a veces Hiei podía responder tan rápidamente a sus deseos y pensamientos. Justo cuando consideraba oportuno hablar con el Koorime se encontraba con esa situación.
Por un momento consideró seriamente la idea de que el Jaganshi le hubiera estado leyendo la mente. Nada muy espectacular teniendo en cuenta la condición del Jaganshi.
No pudo más que sonreír interiormente cuando le vio de nuevo en el árbol de enfrente a la ventana de su habitación. Estaba sentado sobre la rama más baja, los brazos cruzados sobre su pecho y las piernas descansando. Pero sus ojos no estaban cerrados como de costumbre. Su mirada agudizada más que nunca y su precaución envenenada parecían más eficaces que nunca. Y le miró cuando sintió su presencia.
Kurama ignoró el escalofrío que le recorrió y atravesó el patio interior para llegar hasta el pie del árbol, donde alzó su cabeza esperando a que el Koorime bajara.
Nunca lo hizo. Solo siguió observándole, y la carencia de sentimiento en sus ojos rubí estaba poniendo nervioso a Kurama, le inquietaba no saber con qué sensación le estaba apuñalando con esos ojos enormes. Enormes y preciosos. Al igual que su rostro entero. Su nariz pequeña, su mandíbula trazada a la perfección, sus labios finos y deli—
Prefirió empezar a hablar antes de dejarse llevar.
-¿Qué haces aquí?
Hiei parpadeó unas cuantas veces antes de contestar con calma, aunque Kurama supo distinguir un leve temblor aunque éste se corrigió a medida que fue hablando.
-Sólo pasaba por aquí.
Y aunque sus palabras no fueron ni muy revelantes ni reconfortantes, si lo fue su tono. Porque aunque era frío como siempre, una ligera suavidad en su voz le informaba de que el Koorime estaba tan perdido como él. Se aclaró un poco la garganta.
-He estado hablando con Yoru –empezó el pelirrojo, captando toda la atención del youkai con eso-... y me ha dicho que te ha estado diciendo que no vayas hoy al Reikai.
Hiei asintió lentamente.
-Sí, lo ha hecho.
-¿Piensas hacerle caso?
Hiei no contestó. Tumbó la cabeza y miró fijamente la ventana de su habitación con una expresión indescifrable. Y si la situación hubiera sido normal, Kurama le hubiera dado su consejo aunque el demonio de fuego hubiera sucumbido al silencio, pero no se sentía con derecho, y aquella atmósfera tensa no dejaba lugar para palabras de más. De algún modo se sentía como si hubiera ciertas palabras que no podían decir.
-Sí he venido a hacer algo aquí –dijo Hiei al final, por lo que Kurama levantó la cabeza de súbito, expectante.
El Koorime empezó a levantarse lentamente, y con un paso adelante se dejó caer, quedando ante Kurama.
El pelirrojo tuvo que bajar la cabeza ligeramente ahora.
-Quiero que me respondas a algo.
Kurama asintió.
-Imagino que te acuerdas de la noche en que Youko actuó a través de tu cuerpo mientras estabas conmigo.
-Sí, claro.
No pudo evitar que una oscura sospecha le invadiera, y con ella algo de miedo. Sus palabras aquel día...
-Bueno. –continuó Hiei, su tono de voz oscuro- He venido a preguntarte porque dijiste aquello ese día.
Oh, bien.
-¿Hablas de que Youko te dijo que te quer...?
-No, tú. Hasta hace poco tú y Youko simplemente erais el mismo ser, y vuestras emociones eran las mismas, así que deja de darle la culpa a él –el tono de voz, ahora algo enfurecido, no puedo más que recordar a Kurama aquella tarde.
-¿Qué quieres exactamente?
-Hablar claro, joder.
Y aquella era una de las cosas que Kurama deseaba, pero las palabras habían pasado de morir en su garganta a perder la vida en su mente desde que Hiei había descubierto su pasado. Ni siquiera era capaz de pensar en la verdad porque ésta se difuminaba, ¿cómo iba a pronunciarla?
Pero aún así asintió débilmente ante la pregunta no formulada de Hiei.
Y el otro asintió también.
-Kurama... ¿tú me quieres?
Había sabido que iba a venir esa pregunta, y no se había preparado una respuesta convincente. Una débil y triste sonrisa cruzó por sus labios cuando se dio cuenta de que estaba comparando las preguntas de Hiei con un examen o algo difícil de contestar, molesto. Dios, era Hiei. ¿Por qué costaba tanto ser franco? Un suspiro se liberó de su garganta.
Y por un momento, decidió olvidarse de todo lo que sucedía fuera de aquel patio, de que Youko y Tsukai le estaban esperando en el Reikai, y se concentró en Hiei y lo que sentía. Y cerró los ojos mientras, sin pensarlo, sin querer pensarlo, asentía con la cabeza. Y fue como si todo su alrededor se hubiera fundido, y se sintió relajado en un lugar donde sólo quería a Hiei.
Solo silencio... al final terminó por abrir los ojos.
-Sí Hiei, claro.
El demonio de fuego abrió los ojos, y incredulidad se dibujó en su rostro. Y pareció como si por un momento hubiera deseado que Kurama dijera todo lo contrario, porque aquel desconcierto en sus ojos no reflejaba que no hubiera esperado aquella respuesta... si no que no la había querido. Pero no era como al principio de su relación, cuando habría reído y mostrado arrogante enojo si Kurama le hubiera dicho un te quiero, ahora parecía sólo... perdido.
Pero ese breve flash de desconcierto de corrigió rápidamente en su rostro, y sólo quedó una mueca en él.
Y Kurama... él decidió seguir sin pensar. Y un impulso le movió cuando separó sus labios.
-¿Me quieres tú?
Hiei desvió la mirada hacia los lados un momento.
-Ya te lo dije.
-La pregunta era si había cambiado.
Hiei arqueó una ceja, y su voz cargada de su habitual sarcasmo hasta consiguió calmar un poco a Kurama.
-¿En unos cuantos días?
Kurama decidió ignorar la pregunta de Hiei. De algún modo sólo entreabrió los labios y dejó que de ellos se deslizaran palabras, sin pensarlas.
-Pues... ¿qué estamos haciendo?
Hiei sacudió la cabeza.
-Sólo quería asegurarme. No creas que tu opinión iba a ser el gran desenlace.
Pero su tono de voz decía todo lo contrario, y aunque se sintió un poco presuntuoso, Kurama no creer a Hiei.
-Hiei, si los dos nos queremos por qué estar de esta manera.
-Porque no sólo estamos tú y yo.
-Podemos estarlo.
-No. Si no hubieras decidido callártelo todo, tal vez. Pero lo estropeaste.
Kurama frunció el ceño, sincero desconcierto paseando en sus facciones.
-Soy capaz de entender porque no m dijiste que me querí... quieres, por una vez usaste la cabeza y supiste que eso era lo mejor. Pero no todo te lo tenías que callar, inútil.
Cuando lo entendió no pudo frenar la oleada de frustración que le embargó.
-¿Por qué le das tanta importancia a que no te contara lo de mi pasado? Nunca te he dicho todos mis crímenes, ese es sólo uno más.
Hiei puso los ojos en blanco.
-Estábamos en un caso relacionado con ese crimen concreto –le dijo con cansancio y obviedad en su voz- Y a eso se le llama traición, una falta de confianza, y una manera de utilizarnos cuando merecías ser abandonado. ¿Luego la gente me acusa a mí de frío? Hn, qué tonterías. Tal vez no voy sonriendo a todo el mundo ni soy muy educado con la gente que no conozco, y ni siquiera trato de ayudar a todo aquel con problemas que se cruza delante de mí, pero nunca he traicionado la confianza de aquellos que llamo amigos.
Sintió cada breve descripción de su carácter como un cuchillo atravesando con fuego su piel, y pronunciado de aquella forma sonó tan superficial que no pudo evitar estremecerse.
-Hiei, no es eso. Kuwabara y Yusuke no han reaccionado así. Te lo tomas...
-Yusuke y Kuwabara no se metían en la cama contigo.
-Eso antes no tenía importancia –dijo ahora con frialdad.
-¡Pues ahora sí la tiene! Por mí como si a Kuwabara y Yusuke y el resto de nuestros amigos quieres ocultarles el gran secreto de tu vida. Pero yo quiero saberlo.
-Esto es algo egoísta.
Hiei frunció el labio, solemne. Y por un momento pareció como si estuviera controlando algún impulso, alguna orden de actuar inminentemente formulada desde lo más profundo de su corazón. Aunque sólo parpadeó, le miró directo a los ojos y habló con una voz de gélido dolor, uno tan resentido y dañado que se ha helado para protegerse.
-No se llama egoísmo. Se llama amor. Y tal vez una amistad traicionada puede ser reparada, pero no el amor. Más bien debería decir que se le llamaba amor. Y yo de ti empezaría a prepararme para esta noche porque si no Tsukai y Youko van a tener que esperarte. Yo no voy a esperarte nunca más, ni lo hagas tú conmigo.
Y con eso, saltó de nuevo hacia el árbol y desde ahí convirtió su presencia en una sombra escurridiza, negro haciéndose borroso como su figura. Y ya no estaba.
Y por primera vez en toda su vida, incluso pasando por encima del evento de Youko... Kurama sintió exactamente lo que era no tener alma.
~*~
Cuando Youko vio esa noche la mirada del joven pelirrojo Suuichi petrificada, adivinó que algo no iba bien. Aunque se guardó cualquier pregunta o comentario malicioso, ya que si algo había aprendido con Suuichi era que si éste no quería decir algo, no había forma de persuadirle. Era algo como él en ese aspecto.
Y de hecho, lo repensó al ver como le dirigía un gesto interrogativo con su cabeza, había muchas cosas en las que él y Suuichi se parecían, y se sentía algo extraño con él.
-Ya era hora de que llegaras.
-Tenemos que entrar –dijo, su voz sin reflejar ningún sentimiento. Era como si de golpe aquello sólo fuera un cuerpo vacío.
Pero aún así se dio la vuelta para encarar los muros del Reikai.
Aquello era un reto.
Ni siquiera él mismo se había creído su suerte cuando Suuichi y aquellos dos humanos se habían presentado ante él con semejante historia. ¿Qué era posible resucitar a alguien? Oh dios, sonaba demasiado tentador como para no probarlo. Y ninguno de aquellos humanos sabía de muertes recientes en su vida. Ni de frustraciones por pérdidas sentimentales. No, ellos no lo sabían, pero él había sabido perfectamente lo que hacía cuando había aceptado aquella misión.
Y aún así sabía que corría un riesgo altísimo. Su cabeza no habría sido más que un regalo para colgar en el despacho del príncipe Koenma como decoración, y éste habría sentido puro y descarado orgullo en sus venas cada vez que hubiera viso la prueba de que habían atrapado al famoso y buscado Youko Kurama. Así que siendo quien era, era probable que no saliera con vida de esos muros.
Y mirando de reojo a Suuichi, empezó a andar hacia lo que podía ser la salvación de su tristeza, o su mayor perdición.
~*~
Hiei no había encontrado la ventana de Yusuke tan acogedora como la de... no la había encontrado acogedora. De modo que decidió usar la puerta por una vez. Y había influido más el hecho de que no se sentía con deseos de trepar pisos y ventanas, que no su simpatía por el cristal.
Realmente tampoco quería... pensar. Quería cosas fáciles, y una puerta la era.
Yusuke abrió rápido, el nerviosismo destacándose en sus movimientos.
-Hey, Hiei –dijo excesivamente alto incluso para él.
Si el detective encontró algo extraño en el hecho de que hubiera utilizado la puerta no lo comento, algo que Hiei agradeció enormemente. No estaba seguro de que su capacidad de hablar hubiera salido intacta.
Se adentró en el piso de Yusuke, y se encontró un Kuwabara muy pálido sentado en el sofá.
Perfecto, lo que necesitaba. Dos idiotas preocupados por Kurama.
-¿Sabes algo de Kurama?
-No me vengas con esas –soltó violento- Si vais a estar todo el rato preguntando por Kurama yo me largo.
Y al parecer aquella advertencia fue suficiente para los dos, porque el silencio cayó sobre ellos mientras el miedo y la preocupación se hacían mas densos en el ambiente. Lo notó al respirar.
-Joder, sólo estamos preocupados Hiei. Hemos pensado en ellos y así, ¡es normal que estemos preocupados hombre!
Kuwabara saltó.
-¡El que no es normal eres tú! ¡Todo el día tan tranquilo!
-No hables de cosas que no sabes.
Y aunque Hiei medía más o menos sus palabras, su tono de voz parecía estar mordiendo en vez de hablando. Esa persistente furia parecía estar grabada en su piel, y podía sentir cada latido de ésta, cada segundo de su existencia le estaba torturando de una forma desconocida para él. Y lo desconocido daba miedo y era escalofriante. Y una persona necesitaba un abrazo para ahogar esa asfixiante sensación.
Empezó a caminar a través del salón.
-Tal vez deberíamos ir a ayudarle –sugirió Kuwabara en un tono esperanzado.
-No digas tonterías –escupió Hiei mientras se apoyaba contra el cristal de la ventana, mirando el cielo nublado con ojos vacíos.
-Si ese imbécil de Yoru no quiero que tú fueras, Hiei, seguro que menos querría que fuéramos nosotros. ¡Pero es que me da igual lo que quiera ese! –dijo Yusuke.
Hiei sintió una ráfaga de ira atravesarle, pero controló sus impulsos.
-Kurama tampoco quiere que vayamos.
-¿Te ha dicho eso?
Hiei negó un poco con la cabeza, pero no contesto.
Al cabo de unos segundos de silencio, el suspiro de Yusuke cortó la tensión del aire.
-Pues supongo que no podemos hacer mucho –dijo al final, encogiéndose un poco de hombros.
Kuwabara aún tenía el ceño fruncido y las facciones muy tensas, y los brazos cruzados sobre su pecho.
Yusuke se acercó hasta el sofá y se sentó al lado de su amigo, toqueteando y removiendo todos los objetos.
Y ruido de revistas y cajas y cojines y Yusuke tosiendo y bolsas de plástico y un gruñido y vasos y nervios y mandos y cables y libros...
-¡¡Estate quieto!!
Kuwabara y Yusuke volvieron la cabeza hacia el hasta entonces impasible youkai, su grito habiendo despertado intriga y inquietud en ellos. Hiei sólo siguió con la vista puesta más allá d