"Black Rain"    
Por Sanasa   *~FIN~*
Resumen: ¿Puede el cuerpo de Shuichi sobrevivir sin el alma de Kurama? Quizás Hiei es el único que puede ayudarle... (Yaoi, KuramaHiei)

                                                                                                                                                                                            Título: Black Rain

Summary: ¿Puede el cuerpo de Shuichi sobrevivir sin el alma de Kurama? Tal vez Hiei es el único que puede ayudarle a superar sus errores del pasado.
Parejas:
Kurama/Hiei, Tsukai/Nat (OC/OC), Youko/Kuronue
Rating: R
Warnings: Yaoi y angst.

Wordcount: 44.208
Disclaimer: Yu Yu Hakusho y sus personajes no me pertenecen, Tsukai y Nat sips.

 

Nota: Si se recuerda la descripción de “amante” en el primer párrafo del primer capítulo, el último fragmento de este capítulo tiene más sentido y queda mejor n.n. Keiko-cvl, espero que lo disfrutes ese trozo!! Jeje n.n.

 

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Black Rain
Si el fuego pierde su calor, habrá sido porque la plata ha perdido su alma

 

Capítulo trece: El Día

 

-¡Ouch! ¡Mierda!

Hiei soltó un quejido de color cuando Tsukai retorció con más fuerza su brazo.

Kurama ni siquiera parpadeaba con sus ojos fijos en Tsukai. Éste daba vueltas en un círculo de enloquecida satisfacción.

-¿Pero qué mierda de rollo hay entre vosotros?

-Cierra la boca, Youko.

-¡¡Kurama, haz el maldito favor de soltarle, o soltarte, o lo que sea!! 

-Oh Hiei, ¡cállate! Sé lo que estoy haciendo.

Sí, lo sabía tan bien que hasta deseaba matar al zorro bajo sus manos. Porque cuando uno se odiaba a si mismo sólo quería escapar de su cuerpo, y desaparecer.

-¿Y por qué no debería matarle aunque tú estés muerto, Kurama?

-Sé que no quieres matar a Hiei.

-No lo harás, ¿verdad? ¿No estás tan loco verdad, Kurama?

Tsukai se estaba riendo. Su voz parecía al borde de las  risas, y la cordura realmente ya no estaba presente el cuerpo de Tsukai. Tener a Youko y Kurama mirando como en cualquier momento podía robarle la vida a Hiei debía ser excitante en su situación.

-Venga, pásame los documentos de Nat.

-¿Tú de qué conocías a Nat?

-¡¡Cállate, mierda de zorro!! ¡Kurama, dale los malditos documentos y suelta a Youko!

-No voy a darte los documentos.

Tsukai agrandó la sonrisa de sus labios.

-Vale, a lo mejor no le mato mientras estás mirando, pero... –dobló el brazo de Hiei, y mientras le sujetaba la cabeza con una mano, colocó el filo de su cuchillo en el nacimiento del brazo de Hiei-... puedo cortarle algo.

La carcajada que se desprendió de los labios del demonio le hizo estremecer, y una oleada de nervios y sofocación le invadió.

-Dame los documentos, o Hiei se quedará sin brazo.

-¡Kurama! ¡Si me quedo sin brazo te voy a...! ¡Ah!

Tsukai había doblado con más fuerza el brazo, pero el cuchillo seguía separado de la piel de Hiei.

-Dios, no puedo soltar a Youko. No hagas nada.

-Oh, claro que no puedes ningen, porque te juro que si me sueltas y descubro lo que está pasando aquí tu muerte no será bonita.

La amenaza viniendo de si mismo hizo que una carcajada rota escapara también de sus labios, y por un momento se sintió como el mismo Tsukai. Enloquecido.

Pero el gemido de dolor de Hiei le devolvió a la realidad. Cruda y dolorosa y desesperante.

-¡Me da igual lo que hagas con Youko, pero quiero viva a Nat!

Las palabras encendieron una idea en el cúmulo de palabras perdidas en su cabeza.

Sintió como Youko se retorcía un momento, pero al parecer había decidido permanecer en silencio y observar finalmente.

-Pásame el sello. Yo resucitaré a Nat.

-¿Por qué tengo que creerte?

Porque nunca había odiado a Nat, y porque nunca le había odiado realmente a él, y porque nunca había odiado a Hiei y no sabía qué haría si le pasaba algo, y porque al único que odiaba ahí era a Youko.

Porque sólo quería avanzar y que todo acabara.

-Porque tienes el brazo de Hiei en tu mano.

Tsukai se rió de nuevo. Metió una de sus manos en un bolsillo y sacó un extraño sello. Se agachó levemente, pero no lo suficiente para que Hiei pudiera liberarse, y lanzó el sello a través del suelo para que éste se deslizara hasta los pies de Kurama.

Él sólo tuvo que agacharse un poco y presionar más contra el cuello de Youko para alcanzarlo. Y sólo  mirando el nombre de Nat escrito en el papel miles de recuerdos volaron hasta su mente confusa y colapsada.

La expresión de Nat cuando le había visto robando a Tsukai, y su expresión cuando la había matado. Todo parecía fresco de nuevo en su cabeza.

Sintió el peso de las miradas de los otros tres sobre él.

-¡Hazlo de una vez!

Hundió el sello en el papel sin pensarlo, y tras la marca que apareció en él, el papel empezó a desvanecerse en sus manos como humo, escurridizo y traicionero. Tal y como estaba siendo toda la situación.

Y todo quedó en silencio.

Tsukai respirando alterado, sus bocanadas de aire irregulares y frenéticas. Hiei observando su alrededor con el ceño fruncido, una expresión algo descolocada en su rostro por el dolor.

Y aunque no podía ver el rostro de Youko, sabía que su faz mostraba los mismos sentimientos que una piedra.

Él ni siquiera podía pensar. Ya no controlaba sus emociones y ya no podía parar el río desbordado de imágenes y recuerdos y momentos y palabras que se había arremolinado en su cabeza con un poder devastador, porque estaba enterrando por momentos la poca calma que le podía quedar.

-¡Genial! ¡Serás inútil! ¿Qué se supone que tiene que pasar ahora? –pidió Hiei, su voz algo distorsionada a causa del dolor.

-¡En teoría tiene que aparecer aquí de un momento a otro!

Cuando Tsukai habló de aquella manera, desesperado y con su alteración a niveles inimaginables, Kurama comprendió a la perfección lo que Youko le había dicho antes en la sala. Todo daba vueltas alrededor del amor.

Porque Tsukai se había mantenido en un estado de locura tranquila hasta que Nat se había involucrado en la situación.

Tsukai se dirigió a él.

-¿Qué has hecho mal?

Muchísimas cosas.

Pero alzó las cejas y curvó sus labios en sarcasmo.

-¿Yo? Sólo he hecho lo que me has dicho.

-¡Mierda!

Tsukai soltó un suspiro de exasperación, y volvió el brazo de Hiei a su espalda para colocar de nuevo el cuchillo en su cuello, un gruñido de dolor naciendo en la garganta de Hiei.

El corazón de Kurama se aceleró en un segundo.

Y sabía que Tsukai iba a hacer desaparecer ese cuchillo y la vida de Hiei en un segundo, y sólo presionó con fuerza la espada en el cuello de Youko, y una fuerte punzada de dolor nació en su cuello pero siguió hundiendo la hoja lo suficiente para dañarle –dañarse- pero no lo bastante como para matarle –matarse.

Ya sólo quería que todo desapareciera. Una imagen de Hiei apareció en su cabeza.

Has vuelto a hacerlo Kurama... has vuelto a traicionar a alguien que te quería.

Y así moriría su traición. Y así moriría él con ella.

-¡¡Kurama, para!! –gritó a Hiei a pesar de que una línea de sangre ya resbalaba por su piel.

-¿Me quieres tú, Hiei?

Hiei desvió la mirada hacia los lados un momento.

-Ya te lo dije.

-La pregunta era si había cambiado.

Hiei arqueó una ceja, y su voz cargada de su habitual sarcasmo hasta consiguió calmar un poco a Kurama.

-¿En unos cuantos días? Eso no cambia en tan poco tiempo.

-No voy a utilizar ningún disfraz esta vez, Kurama.

-¿Por qué insistes en llamarle Kurama? –pronunció Youko a duras penas, el metal cortante en su garganta impidiéndole hablar libremente.

Y cuando presionó aún mas fuerte, ni el pelirrojo mismo pudo contener un quejido de dolor, y sonó al mismo tiempo que el de Hiei.

Y la forma de Tsukai había empezado a cambiar, y su pelo había empezado a crecer y a convertirse en esa cascada negra que era su pelo, y sus ojos tomaron el brillo mate de la oscuridad mientras Hiei trataba de mantenerse lo más lejos del cuchillo posible.

Y ya no era un youkai de aspecto débil el que sujetaba a Hiei, sino Tsukai de nuevo.

Y sintió como de golpe un alarido ahogado nacía de la garganta de Youko, y cómo este luchaba a pesar de la sangre por liberarse.

-Dios Youko, ¿por qué le has hecho esto a Tsukai?

-Mira Nat, los tesoros pueden cambiar las cosas.

-Deja de reírte. El dinero no cambia nada a no ser que seas un desgraciado como tú.

-El dinero sí cambia las cosas. Hasta tú misma traicionarías a Tsukai.

-¿Por qué dices eso? ¡Nadie traicionaría a quien ama! ¡Sólo un imbécil lo haría!

-No insultes a Kuronue.

Pero al contrario que Kuronue, él si que se merecía el insulto.

Por haber hecho lo que sólo un imbécil haría.

-¿Tsu...? ¡¿Tsukai?! ¿Qué haces tú a...? –gritó Youko, pero sus palabras se vieron ahogadas por Kurama dañándole más.

-¡Kurama, deja de hacer esto!

-¿Quieres saber lo que se siente cuando matan a la persona que quieres ante tus narices, Kurama?

No, no quería saberlo. Pero temía que iba a pasar.

-¡Ahora ya puedes mirar y disfrutarlo, Kurama!

Y el grito de Tsukai sólo hizo que le digiriera una mueca.

Pero entonces, mientras las vidas de los tres se mantenían colgando de un hilo, los tres pegaron un salto al advertir un cuerpo tendido en el suelo, inconsciente.

Nat.

Y la concentración de Tsukai se perdió ahí, porque sólo permaneció mirando el cuerpo de Nat con su mandíbula caída en incredulidad.

Pero Kurama sólo sintió como el zorro se sacudía más fuertemente bajo él, tratando de liberarse para avanzar hasta Tsukai y hacerle lo que él había estado deseando hacer desde que todo había empezado.

Y Hiei soltó un suspiro para liberar el aire que había estado conteniendo, y Kurama sintió como la sangre que Youko estaba perdiendo empezaba a marearle, y la voz de Hiei resonó difuminada y poderosa en sus oídos.

-¡Kurama! ¡¡Deja de hacer el imbécil!! –su voz y su expresión ya eran el desespero personalizados.

-Nat...

-¡¡Kurama, que no me importa que no me dijeras nada!!

Has vuelto a hacerlo Kurama...

Empujó con más fuerza la katana y su vida, ambas al borde.

-¡¡Sólo no lo hagas!!

Nat empezó a parpadear e incorporarse.

... has vuelto a traicionar a alguien que te quería.

-¡Me da igual que me mintieras, eso no cambia nada! ¡¡No nos mates a los dos!!

Pero al parecer no importaba que le hubiera traicionado.

Y ante eso, no pudo evitar que todo su cuerpo temblara en una corriente de alegría cruel y distorsionada y dolorosa y enloquecida, y sus dedos temblaron tan desafortunadamente que la empuñadura de la espada resbaló de ellos un instante.

Y Nat ya estaba mirando la escena con horror, y Tsukai la estaba mirando con ojos que amenazaban con llorar en cualquier momento, Y Hiei abrió los ojos en terror repentino. Y Youko le dio un codazo aprovechando su momentáneo desconcierto y se liberó de sus brazos y su amenaza.

Tsukai no volvió la cabeza, no lo notó. Y antes de que el youkai pudiera parpadear, Youko ya estaba frente a él con furia iluminando su rostro.

-¡Detente, Youko!

Pero a pesar del grito que Kurama consiguió que saliera de su garganta, el zorro ya le había desobedecido.

Porque Tsukai ya tenía una rosa clavada en el centro de su corazón, y Kurama la hundía y la hundía con fuerza y Hiei había aprovechado para deslizarse con sus rodillas a través del suelo y salir del alcance del cuchillo.

Y antes de que el grito ahogado de una Nat temblorosa pudiera terminarse, Tsukai ya se había desplomado sin vida en el suelo.

“¿Por qué se traiciona a alguien a quien se ama?”

Y con él Yoru y el guardia del Reikai y el amor de Nat. Y Youko estaba respirando con furia e ira, y Kurama sólo parpadeaba porque su corazón ya estaba demasiado inundado de dilemas.

-¡Dios!

Nat estaba apoyada contra una pared, casi sujetándose en ella como si fuera a desplomarse si apartaba las manos, y Youko le estaba mirando con un largo odio que ya había desaparecido.

Los documentos de defunción de Kuronue en su mano se hicieron más obvios que nunca.

Sabía que en un segundo el zorro ya no estaría en su campo de visión, y que en un segundo más él y Kuronue volverían a robar y a amarse y a destrozar y a asesinar y a acabar de romper en añicos las piezas de aquel puzzle demasiado complicado y dividido.

“Sólo se traiciona a quien se ama cuando se sabe que también él te ama. Porque nada va a cambiar eso.”

Y aún así dolía.

Pero ni Hiei ni Nat ni Tsukai ni él iban a sufrir más el dolor de las traiciones y las venganzas.

-¡¡Kurama, ya solucionaremos lo de Kuronue, pero haz el favor de dejarle marchar!!

Cerró con la fuerza que había perdido su mano alrededor de la empuñadura de la katana, y tomándola como nunca había sabido hacer, y esta vez pensando muy bien en lo que hacía, se acercó hasta Youko y simplemente hundió la espada en el corazón del zorro. En su corazón.

-¡¡¡No, mierda!!!

Dos gritos sonaron al unísono mientras sentía el dolor en su propio pecho, y el mareo y el dolor se intensificaron de tal manera que ya sólo quería que todo desapareciera. De nuevo volvió a sentir esa naturaleza, esos destellos de youko en su interior mientras se unía a Youko para morir. Y en la fracción de segundo que duró la respiración de Hiei... ya había muerto junto a Youko.

Y el silencio cayó en la sala.

Un silencio que de algún modo pareció tranquilo y reconfortante. Y ya sólo se oían los sollozos de Nat, que se había apartado de la pared para acercarse hasta Hiei, su equilibrio frágil.

Miró al demonio de fuego y le habló.

-¿Q-qué... qué ha pasado aquí?

Y a Hiei le habría gustado responderle, pero ni él mismo lo sabía.

~*~

Hiei cubrió un bostezo con su mano, y al mover el brazo no pudo reprimir un gruñido de dolor, la tela de la camisa que se había puesto rozando la herida que aún había en su brazo.

Hacía ya bastante rato que el aburrimiento había recaído sobre él, así que echó un rápido vistazo a la habitación del Templo de Genkai en la que se encontraba.

No había nada aprovechable en la habitación. A parte del cuerpo dormido de Kurama tendido en una cama, claro estaba.

Sin poder evitar esbozar una sonrisa, se movió a través del suelo hasta el borde de la cama, acordándose del día en que habían llevado ahí a Kurama después de encontrarse con Tsukai en el bosque.

Y Tsukai... bueno, ahora ya no le podían encontrar.

-Zorro estúpido –murmuró.

Su sonrisa disminuyó un poco cuando Kurama empezó a moverse entre las sábanas, sus ojos haciendo ademán de abrirse mientras Hiei ajustaba de nuevo su expresión a la severa seriedad.

El pelirrojo parpadeó varias veces, confundido, y cuando se dio cuenta de que estaba viendo, se incorporó de golpe y le buscó con la mirada.

-¿Hiei? ¿Qué ha pasado?

Hiei suspiró cuando sintió de nuevo el ki de Kurama. El familiar ki que había sentido tantas veces al acercarse a su casa, y que no había notado desde hacía mucho tiempo.

Aquel zorro era idiota. 

Así que en vez de responderle, se alzó un poco sobre sus rodillas y envolvió su cintura con sus brazos mientras hacía que sus pechos quedaran pegados en respiración perfecta y acompasada.

Y Kurama casi nunca mostraba signos de debilidad, pero cuando sintió la simple insinuación de los brazos de Hiei en su cuerpo, se aferró a él y simplemente le abrazó con todas sus fuerzas.

Y al cabo de unos segundos de silencio, sus respiraciones el único sonido en la habitación, Hiei desenvolvió sus brazos de Kurama y se apartó para mirarle, dispuesto a responder las miles de preguntas que sabía que iba a hacer.

-¿Qué ha pasado? –repitió, sus ojos abiertos en incredulidad y él de seguro que sospechando lo que había hecho para que respirara de nuevo.

-¿Realmente crees que estando al lado de una sala de documentos de defunción te iba a dejar muerto?

Kurama no respondió, sólo le miró y frunció un poco el labio.

-Pues cogí tus documentos, el sello... y aquí estás.

-Pero... –Kurama cerró los ojos un momento, como concentrándose- ... Youko y yo... ya no estamos separados, Hiei.

-¿No me digas?

Kurama rodó los ojos.

-Descubrimos que al morir los dos os volvisteis a unir, de modo que al resucitar... pues resucitasteis juntos. Kuwabara dijo que podríamos haberte matado desde un principio y luego resucitarte, el muy imbécil. Le pegué por eso.

Kurama sonrió un poco, y luego frunció el ceño.

-¿Kuwabara? ¿Cuándo estuvo Kuwabara ahí?

Hiei resopló. ¿Ahora tenía que contar toda la historia? Bff...

-Al poco rato de que tú hicieras el imbécil y te mataras, Kuwabara, Yusuke y Genkai llegaron. A esas alturas ya habíamos atraído a todos los guardias del Reikai y al mismo Koenma. Pero por suerte, Genkai nos demostró que es más inteligente que los inútiles de Yusuke y Kuwabara.

-¿Qué hizo?

-Le dijo a Koenma que tú y yo nos habíamos enterado de que Tsukai y Youko iban a cometer un robo en el Reikai y que habíamos ido para intentar detenerles –reveló con una sonrisa maliciosa, y Kurama sintió la suya crecer en sus labios también a pesar de que trató de reprimirla- Y dijo que las cosas se habían puesto mal y que habíais acabado los tres muertos.

Kurama asintió un poco, digiriendo toda la información, y por un momento sus ojos se perdieron mientras pensaba en todo.

-Koenma se lo tragó, y bueno... luego venimos aquí todos, y tu has dormido toda la noche después de que te resucitáramos.

-Me resucitaras.

Hiei no pudo evitar elevar una esquina de sus labios.

-Eso.

-Dios, ¿y Tsukai y Nat?

-Tsukai sigue muerto. No hicimos nada, y en aquel momento tampoco se nos pasó por la cabeza la idea de resucitarle a él.

-¿Y Nat?

-Nat está aquí, en el templo. Yusuke y Yukina se lo explicaron todo. Lloró bastante, la muy pesada.

-Hiei, es natural que llorara –dijo en tono desaprobatorio.

Hiei lanzó los ojos al techo e hizo una mueca.

-Ya, ya. El caso es que se calmó un poco. Pero dice que no quiere ni verte.

-Eso también es natural –dijo con un suspiro, cerrando sus ojos esmeralda.

Hiei se encogió de hombros, y después de eso los dos se sumergieron de nuevo en el silencio, nadando entre preguntas y sentimientos que había que sacar a la superficie.

-Dios, que bien sienta esto –dijo Kurama de golpe, y Hiei imagino que se refería a tener a Youko de nuevo. No, no tenerle. A ser Youko de nuevo.

Al fin y al cabo, aquello era otra cosa natural. Porque Youko podía ser despiadado y cruel, pero era Kurama.

Hiei tomó aire profundamente.

-Vale, Kurama.

-¿Qué?

-Eres un idiota, ¿de acuerdo?

-Oh, gracias –dijo Kurama, fingiendo ofensa- Hiei, no hace falta que me digas eso, ya hiciste y demostraste bastante. Sólo quiero darte las gracias.

-Que no, no seas un zorro idiota y déjame hablar. ¿Crees que me iba a declarar o algo por el estilo?

Kurama se rió, y Hiei trató sin éxito de contener una sonrisa. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que no había oído esa risa?

Demasiado.

-Te iba a decir que me da igual que seas un idiota. Y que me traicionaras. Agradéceselo a Youko. Y a las galletas, pero bueno...

-¿Galletas, Hiei? Oh.

-¿Oh, qué?

-Me acuerdo de ese día –dijo con una dulce sonrisa en sus labios.

¿Y quien había olvidado esa tarde?

Y no le había contado porqué Youko también había contribuido –de alguna manera- a que se diera cuenta de que no importaba lo que le hiciera, pero sólo con recordar lo que le había dicho aquel día en su cocina acerca de las galletas –acerca de él- había bastante.

Porque su respuesta no había cambiado. Y no cambiaría pasara lo que pasara.

-Bueno, en ese caso, Hiei... yo también te perdono por cambiar de opinión cada cinco minutos –dijo Kurama, juguetón.

Hiei lanzó los ojos al techo con una expresión sarcástica.

Se relajó de nuevo, y al rozar su cabeza un pensamiento que acabaría de hacer la situación perfecta, una extraña felicidad le embargó.

-Kurama, ya sé porque me traicionaste.

Kurama hizo una mueca.

-¿Por qué?

Hiei respiró profundamente una última vez.

-Por que sólo se traiciona a alguien a quien se ama cuando sabes que el otro también te ama. Porque nada va a cambiar eso.

Los ojos de Kurama se abrieron e iluminaron de golpe. Porque era la segunda vez que oía eso, y las dos habían sido de los labios de la persona que amaba.

Y frunció un poco el ceño y pensó que no era casualidad que Hiei supiera eso y se extraño un poco, pero en vez de hacer cualquier pregunta, dejó que Hiei hubiera descubierto aquello de una forma que él no supiera.

O eso pensó Hiei cuando, sin decir nada más, se inclinó para besarle.

Cuando los labios de Kurama se unieron a los suyos, cualquier pizca de malestar que le pudiera quedar por toda la situación ya terminada, se desvaneció como ahuyentada por el viento. Aunque en realidad había sido ahuyentada por el beso.

Hiei rodeó el cuello de Kurama con sus brazos, y poco a poco y sin perder el contacto, se fue levantando para sentarse ante la cama con Kurama. Y cuando ya estaba frente a él, las manos de Kurama sobre su pecho, sólo se dejó llevar cuando Kurama empezó a inclinarse sobre él. Sólo ellos importaban cuando sus lenguas se encontraron entre las caricias de sus labios y sus manos que parecían tener vida propia. Y al sentir como todo parecía tan claro con ese beso, como el hecho de que nada podía estropear eso y el amor entre ellos era tan obvio, se preguntaron porqué habían pensado durante un maldito segundo que aquello se acabaría.

Y cuando al final se separaron y volvieron a recuperar la individualidad de su aliento, sus pechos subiendo y bajando por la falta de éste, Hiei supo que no quería nada más en el mundo.

Porque ya todo había acabado.

-Ya está –no pudo evitar murmurar.

Kurama le sonrió y negó con la cabeza.

-No, a mí aún me queda algo que hacer.

-¿Pero qué dices? Ahora no voy a dejar que te metas en más líos.

-Oh venga, confía en mí. Es algo sencillo, esta noche volveré a estar aquí.

-Voy contigo.

-No Hiei, es algo que debo hacer sólo.

-Sip, definitivamente eres imbécil.

Y Kurama volvió a reír justo antes de darle otro beso rápido.

Se levantó y se apartó de Hiei, y anduvo hasta la puerta. Hiei se alzó también y fue con él hasta la puerta, donde se colocó detrás de él y esperó a que la abriera y saliera.

Y ya en el patio de mañana del Templo, Hiei le dedicó un último zorro estúpido mientras Kurama desaparecía de nuevo entre los árboles.

Pero esa vez era para volver.

 

~*~ 

 

Horas después, esa misma noche, Kurama suspiró al llegar de nuevo la Templo de Genkai. La noche ya había caído y el ambiente era más bien dormido, pero habiendo conseguido lo que quería, se fue directamente a la habitación de Nat.

Retiró la puerta asomando la cabeza, y la vio sentada en el suelo ante la mesa con una taza de té ante ella.

Al oír el ruido de la puerta, ella levantó la mirada y frunció el ceño con furia cuando le vio.

Kurama ignoró la mueca que recibió y se coló en el interior de la habitación, lo que había ido a buscar totalmente seguro entre sus dedos.

-Hola –dijo.

-Lárgate, ya sabes que no quiero verte.

-Y lo entiendo, pero vengo a darte algo. Algo que te debo.

Nat soltó una carcajada triste sin humor, pero violenta. La muerte no le había hecho cambiar su brusca índole, pensó Kurama con inusual alegría.

-¿Vienes a pedirme disculpas? Porque eso es lo único que me debes, gran hijo de...

-No, sé que con eso no se arregla nada.

Se acercó aún más y se sentó al otro lado de la mesa, mirándola con su faz totalmente seria.

-Nada puede arreglar lo que hiciste –escupió ella.

-Lo sé, pero al menos... –se detuvo y suspiró, viendo que en realidad no sabía lo que iba a decir. ¿Qué le podía decir después de todo el daño que había hecho?

Respiró hondo, y mirando por última vez lo que traía en su mano, lo colocó encima de la mesa y se lo acercó con el dedo índice.

Ella frunció el ceño al ver unos cuentos papeles y un objeto pequeño en el centro de la mesa, y se inclinó un poco para inspeccionarlo de cerca.

No pudo evitar que sus ojos se abrieran en sorpresa y felicidad cuando se dio cuenta de lo que era.

-¿Esto son..? –comenzó, la esperanza atascándose en su garganta.

-Sí. Son los documentos de defunción de Tsukai y el sello que le hará resucitar.

La respiración de Nat se aceleró, y vio como bajaba la cabeza y sonreía, y aunque en realidad le estaba sonriendo al papel y no a él no importó, porque se sintió satisfecho de ver felicidad aflorar en ese rostro.

-¿Lo único que tengo que hacer es marcarlo con este sello? –preguntó ella. 

-Sí.

Ella suspiró un momento, un suspiro tembloroso a causa de la emoción.

-Tsukai y yo nos iremos de aquí. Y si alguna vez nos volvemos a encontrar... sólo ignóranos.

Kurama frunció el labio y asintió.

Y luego, cuando ella ya estaba en la puerta con los papeles y la clara intención de marcharse, se dio la vuelta y le miró por última vez.

-A veces morir es bueno, para empezar de nuevo.

Y después de decirle aquello, le sonrió. Fue primera y la única sonrisa que le había dirigido a él desde que se habían conocido, y Kurama sólo pudo devolverle la sonrisa.

Y con eso, Nat ya se había marchado con los documentos y el sello.

~*~

 

“Un amante...

Después de saludarles a todos y explicarles lo que había pasado en la sala principal del Templo, Kurama salió al exterior para buscar a Hiei.

Sólo pudo sonreír cuando le vio sentado al borde de una piedra, los árboles anochecidos extendiéndose ante él.

“Una palabra tan simple para definir a la persona que amas, a un sentimiento secreto...”

Se sentó a su lado, y cuando Hiei advirtió su presencia, no pudo evitar sonreír un poco. Aquello de sonreír cada vez que le veía se le pasaría al cabo de unos días, al fin y al cabo era Hiei.

-Hey, zorro. Yusuke me ha contado que le has dado los documentos de Tsukai a Nat.

Kurama asintió.

-Era lo menos que podía hacer para pagar lo que les hice. Al menos ahora podrán vivir felices.

-Oh, qué patéticamente bonito –dijo Hiei con burla.

Kurama sonrió.

-¿Qué te crees que haremos nosotros, Hiei?

“Ese ser por el que engañas, por el que retienes los latidos dentro de tu corazón sólo para el momento en que vuestra presencia vuelva a coincidir...”

-A parte de recuperar el tiempo que perdimos mientras tú decías que nada de sexo... –empezó a decir con malicia juguetona.

Kurama se rió de nuevo, y pasó un brazo por la cintura de Hiei para atraerle.

“Por el que ruegas al sol que se desvanezca...”

Y entonces sólo perdió sus ojos a través del paisaje que tenía delante. Y realmente no era muy romántico, porque los árboles ya eran viejos y los tenía vistos, y una masa de verde no tenía ningún encanto. Pero no importaba, porque estaba con Hiei y aquello hacía cualquier cosa lo más romántico del mundo.

“La sencillez de una palabra nunca será capaz de describir algo así...”

Hiei descansó su cabeza sobre su hombro con los ojos cerrados, respirando en su esencia de una forma relajada que era la primera vez que Kurama notaba.

Y no dijeron nada más, pero no hacía falta.

Porque esta vez el término... evocaba al amor en su plenitud.

 

~fin~

 

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Notas de la autora: Yupi! Final feliz! :D Kurama y Hiei sólo pueden acabar juntitos :P.

Pues... ¡se acabó! Uffff... ¿se os ha hecho tan largo como a mí?  XDD
Bueno, no me enrollaré más...

Agradecimientos: Bueeeeeeeno, ya acabamos :P...
Pues para empezar, MUCHÍSIMAS gracias a Qfapo. Por leerse cada capítulo y revisarlo (hacer de beta, vaya :P), y soportarme durante el tiempo que he estado escribiendo este fic, escuchándose mis crisis y frustraciones :P. Y sobretodo por hablar, ya para el final,  muuuuuucho rato conmigo un día acerca del fic y ayudarme a llegar a un final lógico sin que me volviera loca. Juju, probablemente no habría podido acabar nunca este fic si no hubiera sido por ella :P;;. Pues eso... que gracias, Qfapo n.n.
Una abraçada, Hocus!!!

También a Dark Raxiel, por tragarse también parte de mis crisis y recordarme que tenía que escribir xDD. Y a Yukii por lo mismo, porque también le solté algún rollo a la pobre n.n’’. Y a Vanne, por supuesto, por dejarme publicar el fic en Favourites y animarme.
 

Bueno, ahora me siento muy estúpida por estar diciendo todo esto, pero bueno xD. 

Y muchas gracias también a baalberi, Eli-chan1, Inari-chan, Zekhen-angel, la verdadera fuerza viene del corazón, Zei Ivanov, Misao   chan, Rakime-vh, Tomoe, Alex Minamino, Irumi, Shady10, Vaslav, Keiko-cvl, Haruka, VALSED, Kelly, La LoKa KeLLy, Siesna, Palimpsesto y Jen-Sweet, por dejar reviews, porque son un gran ánimo y DE VERDAD ayudan muchísimo a la autora n.n, y a todos los que lo hayan leído desde Favourites.

Y bueno, espero que todo el mundo lo haya disfrutado, y muchísimas gracias por los reviews, y por leerlo!!!!!!

¡¡¡Sayonara bye bye!!!