"Black Rain"    
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Resumen: ¿Puede el cuerpo de Shuichi sobrevivir sin el alma de Kurama? Quizás Hiei es el único que puede ayudarle... (Yaoi, KuramaHiei)

 

Título: Black Rain

Parejas: Kurama/Hiei

Warnings: Yaoi y angst.

Disclaimer: Yu Yu Hakusho no me pertenece, pero si fuera mío, la relación Kurama/Hiei sería oficial XDD.

¡Eis! Esta vez sí que hay flashbacks, los he marcado así: * * *

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Capítulo dos: Youko Kurama

-Muchas gracias –dijo Kurama de nuevo, mirando extrañado al chico de su clase.

-¡No hay de qué Minamino! Es que siempre lo tienes que hacer todo tú.... –añadió unas risillas al final.

Kurama tan sólo le sonrió.

El otro chico devolvió su atención a la escoba que sujetaba entre sus manos, pálidos dedos envolviendo la gastada madera. El pelirrojo le observó durante unos momentos, preguntándose porqué su compañero de clase se había ofrecido a ayudarle en la limpieza.

Yoru Seishin... un chico vital y extrovertido con el que había intercambiado pocas palabras... y que le estaba ayudando en la tarea que siempre realizaba solo.

Cuando Yoru notó los ojos de Kurama sobre él, desconcierto a través de verdosos orbes, le sonrió de nuevo en amistoso y cercano gesto.

-Venga... ¡mejor limpiemos que sino no acabaremos nunca! –dijo alegremente.

El youko asintió...

Y sólo el silenció habló hasta que acabaron.

Cuando finalmente terminaron, se despidió del chico con efusión y se dirigió hasta la salida para encontrarse a un impaciente Hiei esperando en la puerta del instituto. El koorime le indicó con un gesto de su cabeza que le siguiera, alejándose de la gente que aún paseaba ante el atardecer del edificio.

No fue hasta que estuvieron unas calles lejos del instituto que Hiei se decidió a hablarle.

-¿Se te ha pasado la tontería del otro día? –preguntó con una sonrisa burlona.

-Lo siento pero... quería preguntarte esto... ¿a qué te refieres?

-A la última noche que estuve en tu casa. –ahora sus labios sugerían algo de malicia.

-Es que... no recuerdo haber hecho nada... raro.

Kurama empezaba a temer a lo que pudiera haber hecho...

-Dijiste que me querías –el jaganshi no pudo contener una pequeña risa.

¡¿Es que ahora hablo en sueños?!

-No seas así Hiei... –trató de evadir las palabras del chico- ... seguramente debía estar hablando en sueños...

Hiei sacudió su cabeza, negando.

-Estabas despierto. Totalmente. –ahora frunció el ceño, algo enfadado.

-Pues yo no recuerdo nada... debía estar medio dormido Hiei.

-¿Es que estás sordo? ¡Te digo que estuviste media hora mirando la ventana como un idiota!

¿La ventana?¡Es verdad, la encontré abierta!

Kurama se detuvo un instante, y Hiei le miró, interrogándolo. ¿Qué demonios estaba pasando allí?

-¿Qué pasa ahora?

-Hiei por favor... ¿podrías explicarme exactamente todo lo que hice ayer?

Hiei le dio la espalda y siguió andando, haciendo que el kitsune apresurara el paso para alcanzarle. La respiración de Kurama se aceleró, necesitando que las palabras que quizás le sacarían de dudas empezaran a salir de aquellos labios que ahora tenía tantas ganas de besar.

No aquí. Ni ahora. Sólo escucha lo que tiene que decirte...

-Pues... –finalmente el koorime se decidió a hablar.

* * *

Las noches con Kurama le dejaban demasiado agotado. Sentía que lo único que su cuerpo le pedía en esos momentos era dormir... pero esos malditos ruidos se lo impedían.

Tratando de ignorarlos, se acercó un poco a Kurama, buscando un lugar donde olvidarse de esa molestia.

Pero el youko no estaba en la cama.

Algo asqueado esta vez, se incorporó ligeramente, frotando sus ojos antes de abrirlos. Buscó con ellos el origen de aquellos ruidos... y a Kurama.

Bueno... los dos estaban en el mismo sitio.

El zorro estaba de rodillas justo en frente de su armario, seguramente buscando algo de ropa, y de vez en cuando soltaba algún insulto al no encontrar lo que quería.

-¿Qué haces? –preguntó Hiei, su voz ronca.

El youko pegó un pequeño salto, y lentamente le miró...

-¿No resulta obvio? –dijo con una extraña sonrisa.

-No tanto.

Estabas un poco agitado... algo raro viniendo de ti. Pero tampoco le di mucha importancia...

Kurama cambió su expresión y, olvidando lo que fuera que buscaba, se acercó a la cama. Dobló sus rodillas y apoyó sus brazos en el borde de la cama, observando al koorime mientras apartaba algunos mechones rojizos de su rostro.

-¿Qué? –dijo Hiei, comenzando a adaptar su expresión al enfado que sentía trepar por su cuerpo.

-Nada... –dijo en un casi inaudible susurro, mientras se tumbaba de nuevo en la cama y rodeaba los hombros del jaganshi con sus brazos, obligándole a recostarse.

Hiei se relajó, creyendo que los viajes de Kurama habían terminado finalmente, y sus ojos se estaban rindiendo cuando la voz del otro llegó inesperada.

-Te quiero... –susurró mientras dejaba un suave beso en su cuello.

Hiei abrió los ojos y, levantando una ceja, escapó de los brazos del youko para mirarle burlonamente.

-¿Te encuentras bien?

-Si, claro...ahora vuelve a dormirte que tengo que irme. –con esto, empujó gentilmente al koorime en la cama.

Hiei se quedó paralizado ante el extraño comportamiento de Kurama, viendo como se alzaba y se dirigía hasta la ventana después de repetirle al oído esas... extrañas e innecesarias palabras. ¿Con qué tonterías salía ahora? ¿Amor? Ni que ese fuera el sentido de su relación. Más allá del sexo... no había absolutamente nada.

-¿Qué estás haciendo?

-Shhh...

Kurama abrió la ventana e inhaló el fresco aire de la noche, soltando un relajado suspiro al sentir el aire a través de su piel...

Consideré la idea de hacerte reaccionar a base de golpes de puño... pero la deseché al darme cuenta de algo extraño...

Aún cargando ese sueño Hiei fue capaz de notar el instinto de su amante. Sus ganas de moverse. De matar.

El jaganshi soltó un suspiro y, levantándose perezosamente se dirigió hasta Kurama, cogiéndolo por los hombros y dándole la vuelta.

-¿Qué-estás-haciendo?

-Vuelve a la cama Hiei... –dijo bajito, justo antes de darle un suave beso en los labios- Volveré por la mañana...

El desconcierto de Hiei se acentuó, mientras cogía al youko por la cintura y le obligaba a alejarse de la ventana.

Al ver que su libertad se extinguía, Kurama le lanzó una mirada de advertencia a Hiei, ordenándole en silencio que le soltara.

Si no hubiera sido porque siempre tenía su katana cerca, y porque, al fin y al cabo, estaba hablando con Kurama...su conocido amigo y amante...

...hubiera sentido miedo.

Miedo porque su youki parecía retorcerse lentamente, pidiendo a gritos algo de acción... algo de sangre...

Aunque claro... casualmente se le olvidó contarle esa parte a Kurama.

Sin borrar la desorientación de sus ojos, Hiei tomó la mano del kitsune e intentó, tirando de ella, traerlo de vuelta a la cama, pero este se resistió y, con una forzada sonrisa le dijo.

-Ve tú, yo me quedaré por aquí.

-Haz lo que quieras.... pero mejor no salgas de la habitación, con lo nervioso y estúpido que estás vete a saber lo que podrías hacer.

-Quieres que me quede entonces? –pidió, su tono de voz demasiado suave... casi desprendiéndose de sus labios con pereza.

Hiei asintió, pensando que era mejor ignorar el inusual comportamiento de Kurama.

-Bien.

El jaganshi se tapó con una de las mantas, asegurándose de que el youko no se movía de la habitación, que en vez de irse, desvió sus ojos hacía el exterior, quedándose sentado en el alfeizar de la ventana en una pose más habitual en Hiei que en él.

Finalmente el koorime dejó que la inconsciencia le invadiera, despreocupándose ahora que tenía la certeza de que el youko permanecería ahí... sentado en la ventana... y susurrándole de vez en cuando cuanto le quería.

Pero lo más raro de todo... es que tenía la sensación de que estaba hablando... con Kurama.

* * *

El kitsune sólo pudo parpadear, perplejo, ante las palabras de Hiei, que acababan de revelarle el motivo de esa ventana abierta y de muchas, muchas cosas más...

Como por ejemplo el porqué a tantos youkais muertos.

-Hiei... soy Kurama. –dijo, algo extrañado por la frase con la que el koorime había concluido la historia.

-No. Eres Shuichi ahora. –sonrió sarcásticamente, gritándole sin palabras lo que resultaba obvio.

-No lo entiendo...

-Kurama. No eres tonto. Claro que lo entiendes, yo tampoco le había dado mucha importancia hasta que fui al Makai...

-¿Qué ha pasado? –preguntó, el deseo de rodear a Hiei con sus brazos y deshacerse de ese agobio se intensificaba.

-Me he enterado de qué últimamente están desapareciendo valiosos tesoros...

-Lo sé...

Hiei le miró inquisitivamente, preguntándose porque Kurama seguía actuando como si aún no supiera lo que pasaba allí.

-Pero... es que no recuerdo nada de lo que dices...

-Ya. Y supongo que tampoco sabes que ha pasado con los tesoros ni con los youkais asesinados, ¿no? –preguntó con burla.

-Hiei, te estoy diciendo la verdad. –esta vez su rostro reflejaba seriedad... y sinceridad.

El jaganshi puso los ojos en blanco, y tan sólo mirándole, escribiendo en sus ojos lo que quería que Kurama viera, le dijo en silencio que no hacía falta que dudara de su confianza.

Y el youko lo entendió perfectamente, permitiéndoles a sus temblorosos labios dejar escapar un aliviado suspiro.

-Bien. Pero deja de negar lo evidente Kurama. Los dos sabemos quien es el que hace las escapaditas nocturnas.

-Sí... –reconoció con pesar.

Hiei desvió sus ojos hacía el cielo, y empezó a hablar en un tono melancólico, más para si mismo que para el zorro.

-Es irónico... siempre había querido conocerle... y resulta que hablo con él y ni me doy cuenta...

-Por cierto... lo que “te dijo”... ya sabes... eso de que te quería...

-¿Hn?

-No te lo creas. –esa capacidad para mentir tan bien hasta podía resultar graciosa... era tan patética...

-Claro que no. Nunca creería eso viniendo... de Youko Kurama.

~*~

-No Kuwabara. ¡Te digo que no es por allí! –dijo Yusuke algo impaciente por la insistencia de su amigo.

-¿Y tú que sabrás Urameshi?

-¡Lo sé mejor que tú! Cuando Kurama nos enseñó un día el escondite que usaba como youko apenas te enteraste del camino... sólo tenías trabajo a fijarte en el miedo que tenías del Makai...

-Sí tío... y lo peor es que aún me da miedo... –dijo horrorizado, contemplando su alrededor- No sé como a Hiei le puede gustar tanto esto...

-Si supieras luchar lo sabrías...

-¡¿Qué insinúas Urameshi?! –de pronto su expresión asustada se deformó con la furia.

-¡Nada! Tú sígueme y calla.

Y tiró de su brazo para obligarle a ir por el camino que él había dicho inicialmente.

Kuwabara iba lanzando de vez en cuando miradas a su entorno... los altos árboles... esa espesa niebla que impedía ver con claridad...los susurros del bosque... y esa constante sensación de que en cualquier momento podía aparecer un youkai más fuerte que él buscando víctimas. Eso era lo peor.

El Makai no era su lugar preferido sin duda.

Finalmente llegaron hasta el escondite de Youko Kurama siguiendo las indicaciones de Yusuke, que haciendo gala de su buena memoria consiguió guiarles haciendo que se perdieran sólo un par de veces. Todo un progreso.

La cueva era grande, y con numerosos rincones llenados sólo con oscuridad y vacío. La única luz que había era la que se colaba des de detrás de sus espaldas, haciendo que sus sombras quedaran grabadas en la pared del final.

-¿No traerás una linterna verdad Urameshi? –preguntó Kuwabara antes de soltar una carcajada.

-¡Cállate y no digas chorradas! Tú sólo busca...

-¡Ouch! ¡Mierda! Esto está lleno de piedras.

Yusuke se acercó hasta su amigo, y tras ayudarle a levantarse del suelo se fijó en esa “piedra” de la que Kuwabara hablaba. Eso no era una roca.

-¡Apártate! Me tapas la luz.

Kuwabara obedeció, dando un pequeño pasito lateral.

-¿Pero que te pasa de golpe con las piedras? ¡Ni que fueras arqueólogo! –y empezó a reír sonoramente.

La mandíbula de Yusuke cayó en asombro y indignación cuando la luz le reveló que la piedra no era si no uno de los tesoros desparecidos. Pero lo peor de todo era que no era el único.

-Jaja... ou. –la risa de Kuwabara cesó cuando este descubrió la verdadera identidad de su amiga.

-Son... son los tesoros que pertenecían a los youkais asesinados... –ojos chocolate repasando molestos todos aquellos objetos, como si le estuvieran engañando.

No... Kurama no le había mentido...

-¡No puede ser! ¡Kurama me había dicho que no había sido él!

-Pues... eh... uh... esto...

-¡No digas eso! ¡Él nunca me mentiría A MÍ!

-¿Yo? ¡Pero si yo no he dicho nada Urameshi!

-Mierda, mierda, mierda....¿sabes lo que te digo?

-Emmm... ¿mierda? –Kuwabara ya no sabía donde había perdido la cordura su amigo.

-¡No! Voy a hablar con Kurama para que me explique todo esto.

~*~

Kurama levantó la vista de sus inacabados deberes y observó a Hiei, sentado cómodamente en la ventana, seguramente como él lo había hecho la noche anterior...

Estaba distraído, mirando algún punto inconcreto del árbol enfrente de la ventana... su árbol favorito.

Kurama recordó la alegría que le invadió cuando el jaganshi comentó desinteresadamente que aquel árbol era en el que se sentía mejor... añadiendo al final que quizás era porque le tenía a él a un paso de distancia literalmente.

Aunque... la verdad era que Hiei no pensaba mucho cuando decía ese tipo de cosas. Tan sólo lo soltó, sin darle importancia.

No era consciente del daño que le hacía a él. Si lo fuera probablemente entonces dejaría de decirlo.

A veces adoraba esa tipo de palabras del jaganshi, pero sólo eran breves flashes del paraíso, falsos. Resultaba un duro trabajo convencerse a si mismo de que en realidad Hiei  no sentía lo mismo que él en alguna parte de su corazón...

De la misma forma que él estaba mintiendo respecto al concepto que tenía de su relación... también podía estarlo haciendo Hiei... ¿no? Era difícil contener la esperanza. Pero tenía que hacerlo, si no era peor cuando esta chocaba con la cruda y deprimente realidad.

Intentó concentrarse de nuevo en los deberes, apartando, en contra de sus deseos, los ojos del irresistible cuerpo del koorime.

Oyó el timbre en el piso de abajo, sonando inquieto e insistente. Luego su madre, voces, y apresurados pasos hacía arriba, hacía su cuarto.

Finalmente la puerta de su habitación se abrió, revelando la presencia de un enfadado Yusuke y un exhausto Kuwabara.

-¡Hola chicos! ¿Qué os pasa? –preguntó preocupado Kurama, mientras Hiei tan sólo giraba su cabeza para observar al detective y al... imbécil.

-¡Eso digo yo! ¿Qué pasa Kurama?

El zorro, alarmado, se levantó de su silla y, apartando gentilmente a Kuwabara, cerró la puerta, escondiendo la enérgica y quizá demasiado alta voz de Yusuke de su madre.

-¿Qué pasa de qué?

-Seguro que está hablando del tema del año Kurama... –informó Hiei con una sonrisa sarcástica.

-Mira... quiero creerte Kurama, pero es que todo se me pone en contra.

-¿De qué hablas?

-¡Hemos estado en tu escondite! –dijo Kuwabara, queriendo tener algo de protagonismo en esa emocionante escena.

-Oh –Kurama se detuvo, imaginando qué era lo que pasaba.

A veces le molestaba asociar las ideas tan deprisa.

Hiei tiene razón... sé perfectamente que es lo que pasa aquí. Me lo acaban de confirmar.

-¡Y allí hay todos los tesoros del Makai que han estado desapareciendo!

-Yusuke, cálmate.

-Pues explícame qué es lo que está pasando aquí.

-Verás... Hiei me ha contado que ayer, en plena noche, yo iba diciendo todo el rato que quería marcharme.

-¿Marcharte de donde? –pidió Kuwabara, rascándose la cabeza.

-¡De su habitación estúpido! –soltó de golpe Hiei, sin moverse de su sitio.

-Sigue.

-Y bueno... yo no recuerdo nada de eso, ¿y te acuerdas de lo que te dije anteayer? ¿Eso de que por las mañanas me levantaba cansado?

-Sí... –dijo Yusuke, empezando a entender.

-Pues.. Hiei me dijo que ayer estuve actuando algo raro y, ahí va nuestra teoría: creemos que mi alma de Youko, con el cuerpo de Shuichi, es quien sale por las noches ha hacer todo eso, a matar y a robar y que yo no me acuerdo de nada por la mañana. Pero como ayer se encontró a Hiei, no pudo llevar a cabo lo que tenía pensado.

Yusuke le miró aturdido durante unos momentos, procesando toda la información.

-Ah... ¡vale! Ahora ya lo entiendo....

-¡Pues yo no! ¿Qué dices que te pasa por las noches?

-Pues que...

-Déjalo Kurama, ni en un millón de años lo entendería.

-¡Cállate enano!

-¡Pero no podemos dejar así las cosas! No puedes ir por ahí robando y matando por las noches. –explicó Yusuke mientras le daba un golpe en la cabeza a su amigo- Por cierto... tengo otra pregunta...

Esta vez sonrió burlonamente, con algo de malicia.

-¿Qué pasa?

-¿Qué hacía Hiei en tu habitación en medio de la noche? –dijo sonriendo, travieso.

-¡Rascarle la espalda si te parece! –dijo Hiei, sus ojos relucientes, y sin poder acallar una risa.

-¡¿Qué?! –estalló Kuwabara, alarmado.

-Estuvimos entrenando hasta tarde y le invité a quedarse a dormir porque ya casi era de noche–explicó Kurama, totalmente calmado- Le presté un saco para que durmiera. Deja de bromear Hiei.

-Vale, vale... –dijo Yusuke, riendo suavemente- ¿Y qué podemos hacer con lo otro?

Kuwabara finalmente se sentó en la cama de Kurama, recibiendo una amenazadora mirada de Hiei, que le informaba de que si se acercaba a la ventana su cabeza podía salir perjudicada.

-Tranquilo, tengo algo pensado. Lo haré solo.

Yusuke se ofreció a ayudarle, repitiéndole que no dejaría que afrontara algo tan serio él solo, pero finalmente fue convencido por Hiei, quien le dijo que debía respetar las decisiones de Kurama.

Y ya más relajados, todos empezaron a hablar efusivamente y a reír por temas carentes de gracia, mientras a veces Hiei sonreía sarcásticamente o apuntaba lo estúpidos que eran. Pero aunque sus palabras y gestos siguieran las bromas de sus amigos, la mente de Kurama se encontraba lejos de la habitación, lejos de las despreocupada voz de Kuwabara y las miradas inquietas de Yusuke. Su cabeza pensaba en el futuro. En dentro de unas horas más concretamente... cuando el Sol se pondría...

Esa noche esperaría a Youko Kurama.

~*TBC*~

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Notas de la autora: ¡Hola de nuevo! Espero que os haya gustado este segundo capítulo, y a partir de ahora ya intentaré actualizar más deprisa ^_^. Muchas gracias por les reviews en Besos de película ^o^... pero quería decir una cosa... Inari-chan... ¿¿de verdad puse “camas”?? XDD Uuhh... que mal... XDD. Gracias por decírmelo... ya me fijare más en no hacer esos fallos tontos ^__^.

Yukii: Ya he acabado los exámenes como puedes ver y también lo he continuado (como también puedes ver XDD). Pues mira... el día en que publicaste “No me preguntes” me volvió a pasar lo mismo (aunque el review lo dejé más tarde), y también era la segunda vez que recibía el aviso por la noche XDD (estamos condenadas a leer a las tantas ¬_¬...). ¡Gracias por el review!

Dark Raxiel: Oye... tu no me envías reviews... ¡tú me cuentas tu vida! (es broma eh! XDD). En cuanto a lo que dices del fic... sip, lo decidí cuando tu ya no estabas XD. Aquí tienes la continuación y espero que te haya gustado ^_^.

Vanne: Parece que Vanne ‘sí estaba leyendo eso’ XDD. Supongo que este es otro caso de “ff.net y sus manías” XDD... gracias por el review, al menos sé que lo has leído ^^U. Oooops... por cierto... jeje (risa nerviosa) hay que cambiar una cosa U_U... me he dado cuenta de que esto no es un “Romance/Angst”... creo que es más bien un “Romance/General” (porque también hay acción, algo de misterio y creo que se colara algo de horror XDD... bueno, o al menos se intenta que haya esto XD). Espero que no sea un problema (lo digo por la página) y siento que tú pagues mis despistes U_U *sorry*.

Baalberi: Pues aquí tienes el segundo capítulo, espero que se te hayan aclarado las dudas ^_^. Y puedes estar bien tranquila... yo tampoco tengo naaaaaada de paciencia XDD.

¡Muchas gracias por los reviews!

¡Hasta el próximo capítulo!