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Título: Black Rain
Parejas: Kurama/Hiei, mención de Kurama/OC
Warnings: Yaoi.
Disclaimer: Pues lo de siempre... que Yu Yu Hakusho no me pertenece.
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Capítulo ocho: Atardecer con amantes
-¿Seishin? –repitió Yusuke, su mano en su barbilla.
Genkai asintió.
-Pues no me suena de nada...
-¡¡Entonces de momento no podemos hacer nada!! ¡Piensa Yusuke! –gritó Botan, una nota de histeria en su voz que no trataba de ser disimulada.
-¿Cómo que piense? ¡He dicho que no tengo ni idea de quien es!
Los dos cruzaron los brazos, refunfuñando frustrados.
-Y si en vez de desesperaros todos... ¿empezáis a buscar información acerca de él?
-¿Es que no lo ha hecho usted ya?
-Lo único que sé es que tiene la misma edad que Kurama.
-¡¡Bueno!! ¡Yo le preguntaré al señor Koenma si sabe algo! –chilló Botan, alzándose. -¡Adiós chicos!
Lo último que vieron fue el rastro de una pálida mano despidiéndose.
-¡Yo también me voy! –dijo Yusuke al tiempo que se levantaba.
-Espera. ¿A dónde piensas ir Yusuke?
-¡Está claro! ¡A buscar a ese tal Seishin!
-Bien. –contestó la mujer- Aunque en realidad tampoco creo que consigas mucho...
-¡Vaya ánimos! –se quejó el detective, haciendo una mueca- Me voy a algún centro comercial o algo así... ¡seguro que ahí hay mucha gente de la edad de Kurama!
-¡Deja de hablar y ponte en marcha de una vez!
-Que sí, que sí.
Y con eso atravesó la puerta, llevándose por el camino a un distraído Kuwabara que no parecía entender sus palabras.
~*~
¡¡Maldito zorro!!
Hiei pisó con fuerza sobre la arena del Makai, hundiendo furiosos pies en la húmeda tierra del atardecer. Y ya ni siquiera se había acordado de largarse asegurándose de que el youkai no recibía la pierda que figuraba en el trato, porqué lo único que su cerebro fue incapaz de ordenarle a su incapaz de moverse cuerpo fue que se marchara. De inmediato y hacia un sitio muy concreto. Sin importarle la sonrisa triunfal del youkai en ver el objeto sobre la mesa y desprotegido, sin hacer que miradas acusadoras de youkais entrometidos prefirieran dirigir su vista hacia el infierno antes de enfrentarse a los ojos del demonio de fuego.
Porqué lo único que deseaba en aquel momento era ir a ver al estúpido de Kurama. Eso era lo único que quería después de haber escuchado la versión de aquel youkai, mucho más creíble, acerca de lo que realmente había pasado entre Tsukai y Youko Kurama. Quería ver a Kurama y matarle.
No, quizás lo mejor sería hacerle escupir porqué había adornado con su oh tan increíble sonrisa la suciedad de toda aquella historia.
Se concentró para buscar el agujero que le conduciría hasta el Ningenkai, dándose cuenta de que traspasando árboles y convirtiéndolos en apenas fugaces y borrosas imágenes no llegaría hasta el mundo de los humanos.
Kurama le iba a oír. Y le daba igual si su repentina aparición en su casa le sorprendía o le molestaba. Lo quisiera o no, el pelirrojo iba a, al menos, disculparse por haberles escondido la verdad. ¡Por haberle escondido la verdad! ¡A él!
Y con eso apresuró su paso. Su respiración se volvió, si es que existía la posibilidad de que eso ocurriera, más brusca. Todo su cuerpo se tensó con una desagradable sensación. Y la furia remarcó su presencia.
Sí, porque ya le daba exactamente lo mismo el porqué había empezado su relación con el zorro, el porqué aquellos ojos esmeralda parecieron iluminarse en silencio al oír su propuesta por primera vez, ni siquiera como representaba que debía comportarse con Kurama.
Quería distinciones.
Traición... eso era lo que sentía. Todo ese tiempo intentando descubrir qué diablos le ocurría al zorro, intentando protegerle, intentando encontrar, hacer sufrir y matar al que le estuviera haciendo todo aquello a Kurama.
¿Y qué había conseguido a cambio? Sólo las mentiras de aquel egoísta. Sólo que el pelirrojo no se parara a pensar a quien engañaba cuando le dijo que no había pasado nada importante con Tsukai en el pasado.
Cuando llegó al Ningenkai se detuvo, dejando que miles de personas caminaran a su alrededor, y reflexionando.
¿Realmente quería ver a Kurama? ¿Realmente quería ir y reclamarle porque no había sido sincero con él, destapando su visible dolor?
No... no quería eso en realidad. A lo mejor lo que quería era ir a ver a Yusuke y decirle que dejara de preocuparse, que si el zorro era capaz de mentirles también lo era de salir de los problemas él solo. Y que al fin y al cabo eso era exactamente lo que quería Kurama.
Lo que estaba claro era que el zorro no iba a verle un pelo de tristeza... y si ahora iba a visitarle... eso sería lo único que vería mirara donde mirara de su alma, cuerpo... y corazón.
~*~
Los ojos de Kurama se abrieron como platos, y sus manos reaccionaron, afortunadamente, más rápidamente que su cerebro ya que encontraron el camino hasta los hombros de Yoru para apartarle.
Y lo único que vio cuando encaró el castaño de sus ojos fue apatía. Profunda apatía.
-Yoru... –empezó, su voz quebrándose por un corto aunque existente momento- lo siento pero...
Lo más extraño de todo fue que aquella disculpa pareció quedar fuera de lugar. Muy fuera de lugar. Por la expresión de Yoru, que parecía completamente vacía y sin necesidad de una explicación.
-Yoru, ¿qué haces?
-¿Aún no lo sabes? –le devolvió, algo demasiado escalofriante como para considerarse una sonrisa formándose en sus labios.
-Es que... siento si me has malinterpretado pero...
-Yo no he malinterpretado nada. –contestó secamente.
El pelirrojo suspiró y apartó pelo de su cara...
-Y deja de hacer eso si no quieres que pasen cosas malas...
Kurama decidió alzarse, dejando a Yoru sentado en el sofá y colocándose, de pie, unos pasos ante él.
-Mira, perdóname. Pero no te entiendo, y creo que lo mejor sería que... te marcharas. –intentó con éxito traer la frialdad hasta su voz.
El chico arqueó las cejas, incrédulo.
-¿No entiendes lo que pasa? –dijo riendo un poco- Te recordaba más listo...
¿Cómo que me recordabas?
Yoru se alzó, encarando al pelirrojo que permanecía desconcertado, aunque manteniendo admirablemente el control.
-Por favor... –le dirigió Kurama, señalando la puerta con su dedo índice.
-Si quieres dejar de verme... ¿por qué no te marchas tú?
-Porque estoy en mi casa –contestó, esta vez sin poder esconder su sorpresa e indignación. ¿Se estaba burlando de él haciendo preguntas tan obvias?- ¿Por qué de golpe te comportas así?
El chico suspiró con cansancio.
-No es fácil tenerte cerca...
-Éramos amigos. Pero por favor... yo no quiero esto.
-No me estás entendiendo...
-No te fue difícil acercarte a mí...
-Oh, sí que lo fue... y no valió la pena, créeme.-contestó, furia en sus ojos.
Kurama sólo frunció el ceño, dejándole continuar antes de que una intervención suya pudiera acercarle más a la confusión que crecía a través de todo su cuerpo.
-Imagino que existe poca gente que hubiera llegado a conocerte en realidad... –continuó Yoru- ...me gustaría hablar con alguien que realmente pueda decir que te conoce.
-Yoru... tú me conoces. Y por favor... no quiero tener que echarte.
-No seas tonto.
-¿Qué?
-No hablaba de ti. –dijo con algo de malicia. Caminó lentamente hasta Kurama, quien no retrocedió, ni siquiera parpadeó. Yoru colocó sus labios justo al lado del oído del pelirrojo, asegurándose de que su voz caía como un cosquilleo sobre la piel del otro- Hablaba de Kurama...
Y al aludido le dio la sensación de que incluso si hubiera sido Hiei quien hubiera rozado la temperatura de su sangre... se hubiera estremecido. Esplendorosamente consiguió resistirse a la tentadora oferta que el pánico le ofrecía, tan sólo tensando sus músculos a pesar de la mezcla de sorpresa y miedo que trepaba por su espalda, avanzando gracias a las últimas semanas con Yoru, que habían permitido la entrada a la molesta traición. Sus ojos se ensancharon considerablemente mientras ladeaba la cabeza par mirar al otro, el que había
pronunciado un nombre directamente relacionado con la necesidad de defenderse. Con la carencia que le colocaba en una más que difícil situación.
Todo aquello era demasiado increíble como para resultar una casualidad.
-¿Tsu...?
El nombre no acabó de separarse de los labios del pelirrojo, el inicio hacia el reconocimiento de la verdad flotó con desorientación a través de la atmósfera, siendo la sonrisa de Yoru, ahora contra la piel del cuello de Kurama, lo que bloqueó la liberación del verdadero nombre del chico.
Las manos de Kurama se sintieron finalmente con las suficientes fuerzas, y apartó al otro de encima suyo con un empujón que no trataba de ser discreto.
-¿Cómo lo has hecho?
-No sabes la de cosas que se pueden aprender y ganar en unos pocos años... –reveló con algo de pesar- ...pero si sabes todo lo que se puede perder en muy poco tiempo.
Un suspiro algo tembloroso se abrió paso a través de la boca de Kurama. De repente la escena había oscurecido. Oscurecido pasando por encima de aquel sol demoledor y de la vitalidad de la tarde, oscurecido tan sólo con la influencia de la expresión de Yoru, una torcida mueca inclinándose entre dolor y satisfacción. Y Kurama... se sentía invadido por el miedo y la culpabilidad en partes iguales. Los recuerdos haciéndose cada vez más palpables a través del aire de la habitación.
-Pero... entiendo perfectamente que me odies, pero... ¿por qué has hecho todo esto? –formuló una de las miles de preguntas que nadaban en su mente.
-No me preguntes eso si ya sabes la respuesta. El porque ya lo sabes.
La pregunta quemaba en su garganta, intentando salir hacia el exterior. Quería preguntarle si realmente era el quien le había separado de Youko, si era él el culpable de que cada vez se sintiera más debilitado...
Pero la prudencia le venció, dejando a entender que cabía la posibilidad de que Yoru... Tsukai, no estuviera enterado de su situación. Realmente aún no era capaz de creer que aquel, su amigo, era el youkai que él mismo traicionó tantos años atrás...
Sencillamente Yoru no existía.
-Oye, sé que lo que te hice fue algo...
-...horrible. Caíste lo más bajo posible. –le interrumpió, resentimiento en estado puro.
El pelirrojo decidió ignorar sus apuntes con tal de no complicar más la situación.
-... sé que no estuvo bien, pero no estoy dispuesto a pagar por algo que no repetiría.
-Pero es que esto no lo decides tú...
-Tsukai, te juro que yo mismo odio lo que hice, pero fue en el pasado. Tienes que aprender a olvidar.
-Olvidar lo que me hiciste supone olvidarte a ti. –confesó con un tono de voz extraño.
Oh no...
Kurama se mantuvo en silencio, dejando que la mirada del otro, enfrentándose a la suya por unos momentos, finalmente se perdiera entre el inexistente polvo que debería haber en la madera de la mesa pequeña que les separaba. Sabía que Tsukai no iba a poder.
El ataque directo nunca ha sido lo suyo...
Y ya no cabía ninguna duda, de manera que se decidió a plantar cara a los problemas por su nombre.
-¿Piensas devolverme mi alma, Yoru?
-¿Por qué insistes en llamarme algo que no existe? –dijo con malicia.
-Por favor, contéstame.
-Sintiéndolo mucho... creo que no vas a poder hacer nada si dedico no hacerlo. Tu parte humana no es muy... poderosa, diría yo. Aunque no te preocupes, si no has notado mi youki antes ha sido porque con esta forma sé esconderlo... –añadió al ver la mueca que gesticulaba el ex-zorro.
El youkai soltó un suspiro y avanzó un poco hacía Kurama, quien se tambaleó un poco sobre sus pies, sin moverse de su sitio. Y cuando el pelirrojo notó la respiración del otro de nuevo contra su hombro, ya algo molesto e inquieto ante el apego que Yoru parecía tener a su piel.
-Apártate.
-¿Por qué? ¿Es que ahora que ya no tienes tus plantas contigo me tienes miedo?
-No sé quien de los dos es el que tiene miedo Yoru... –dijo, el frío de sus ojos turbándole la mente a Tsukai, quien cada vez sentía aflorar con más intensidad el mismo Kurama que le traicionó años atrás. Su voz, su actitud y la expresión de su rostro de parecían demasiado a los de aquella vez...
-Yo no tengo miedo.
-Es la primera vez que nos encontramos cara a cara, ya que siempre me has atacado desde lejos... y en principio no tendrías porqué esperar más si lo que quieres es matarme.
Yoru se estremeció. Y sin contestarle, acercó de nuevo sus labios al oído del pelirrojo, quien contuvo la respiración a pesar de la orden que pedía ser escuchada en su cerebro –apártate-.
Pero justo cuando sus labios se dejaban caer sobre la piel de Kurama, el ruido violento e inesperado de la puerta del salón abriéndose hizo que Yoru apartara su cabeza al instante en un acto reflejo.
Kurama dejo escapar con alivio inimaginable el aire que había residido hasta entonces en sus pulmones, reconfortándose más de lo que había imaginado al sentir el youki a su espalda.
Hiei...
Se dio la vuelta dispuesto a andar hasta él, pero el brazo de Yoru le tomó de golpe por el hombro mientras su mano secuestraba las suyas en una posición muy incómoda.
-¡Kurama, estúpido! –escupió el Jaganshi, que mostraba una expresión de lo más desconcertada. Supongo que el panorama era algo sorprendente.
-¡Sea lo que sea ahora no es el momento, Hiei!
-¿Qué coño hace el tío de tu clase? –pidió con malhumor.
-Youkai estúpido... –murmuró Yoru, asegurándose de que Hiei le oía.
El Koorime, poseído por su enojo, se dispuso a acercarse hasta el chico que le insultaba sin ningún derecho, sus intenciones no siendo muy honradas, pero encontrándose sólo con una amenaza hacia Kurama.
-Yo de ti no me acercaría mucho...
-¡¿Pero qué dices loco?!
-¡Hiei, es Tsukai! –reveló Kurama, soltando a continuación un apenas audible quejido por su mano aprisionada, la fuerza aplicada incrementando cuando Yoru topó con los ojos del demonio de fuego, que le observaba con extrañeza.
-Tomar la forma de humano... interesante... –comentó-... así que sois dos cobardes en vez de uno.
¿Qué dices ahora, Hiei?
Kurama parpadeó unas cuantas veces, sospechando que a lo mejor Hiei había conseguido información que él debería haberle dado...
-Hiei... después te lo explicaré, pero ahora...
-Quiero saberlo ahora.
-¡Hey! –demandó Yoru, aumentando considerablemente la presión en las muñecas de Kurama, quien fue incapaz de mantener el dolor fuera de su expresión. –Tú, si no quieres que le pase nada mal al zorro... mejor dame esa espada.
-Hiei le observó durante un rato... y finalmente negó con la cabeza.
-¿Cómo que no? –pidió Yoru, más extrañado incluso de Kurama, quien confiaba en el demonio a pesar de todos los problemas que pudiera haber entre ellos.
El Jaganshi llevó su mano hasta la funda de su espada, y liberándola del cinturón, decidió lanzarla al suelo, lejos de sus propios dedos, antes de entregarla al youkai que adornaba su demoníaca forma con pelo y ojos castaños.
-¿Qué quieras ahora? –le preguntó Hiei, alzando las cejas.
-Tsukai no vas a arreglar nada así...
-No te he dejado alejado de tu fuerza y debilitado para nada, ¿es que crees que no voy a aprovecharlo? Tú. –se dirigió a Hiei, quien le obsequió con una mirada inexpresiva- ¿No tienes curiosidad por saber lo que se siente cuando matan a quien quieres delante de tus propios ojos?
Los párpados de Kurama se dejaron caer mientras su labio inferior era mordido por sus propios remordimientos... y Hiei ni siquiera pestañeó. El pelirrojo creyó adivinar lo que estaba pensando el Koorime.
-No sé como pretendes matarle con... “las manos”. Kurama sigue siendo más fuerte que un simple humano, y por lo que tengo entendido, en el Ningenkai no puedes tomar tu verdadera forma. –dijo Hiei con malicia.
-Ah no... pero mis poderes no desaparecen a pesar de que ahora parezca un humano... –una sonrisa apareció al fin en los labios de Yoru.
-Tsukai... ya te he dicho que no sabes cuanto lo siento...
-Deja eso. Ya no sirve ahora, zorro.
-Eh tú. –Hiei llamó la atención del youkai- ¿Quién te ha dicho que yo le quiera?
Y finalmente Kurama sintió hervir la sangre en su cabeza, a pesar de que el sentimiento expresado en su rostro no varió.
Yoru frunció el ceño.
-Sois amantes.
-¿Cómo lo has averiguado? –pidió Kurama.
-Ha sido fácil...
-Los detalles no nos importan Kurama. Eres algo estúpido, ¿no?
-¿Pero qué dices?
-Si, según tú, yo le quiero y tu le matas ante mis narices... a quien vas a joder va a ser a mí. Creí que querías vengarte de Kurama. –le dijo con burla.
-¡Así al menos podrás ponerte en mi lugar!
-¡Te estoy diciendo que lo siento!
-¡Y yo te estoy diciendo que me de igual que lo sientas!
Hiei suspiró.
-No seáis idiotas los dos... tú no vas a matar a Kurama y tú... tú seguirás siendo siempre igual de cobarde.
-Te he dicho que después te lo explico...
-A mí también me interesa saber porqué le has mentido a tus amigos. Es más, a la persona que amas.
Hiei frunció el ceño, enfadado, y Kurama se atrevió a replicar con seguridad.
-Tsukai, lo que hay entre Hiei y yo no es amor...
-Por una vez dices algo inteligente. –dedicó Hiei.
-Eso no cambia el que yo vaya a matarte.
-Eres realmente muy idiota... no vas a conseguir haciendo esto. –Hiei rió un poco, algo de maldad derramándose en su voz- Seguro que Koenma estaría contentísimo si recibiera los documentos de defunción de Kurama...
Yoru pegó un pequeño salto al oír las últimas palabras del Jaganshi, y el demonio y el pelirrojo le miraron con curiosidad cuando Yoru puso la misma expresión que si acabaran de descubrir uno de sus secretos más profundos.
-¿Y ahora qué pasa?
-¿Qué has dicho?
-¿Qué pasa con lo de los documentos de defunción?
Yoru les miró a los dos por unos instantes... y finalmente suspiró de nuevo al tiempo que les permitía a las manos de Kurama sentirse un poco libres.
-No quiero matarte... tengo una propuesta que hacerte.
-¿Qué quieres? –preguntó Kurama.
-Primero acepta... y luego te soltaré Kurama.
-No... –dijo Hiei con malhumor - ... primero suéltale y luego hablamos de esa propuesta tuya.
Yoru cerró los ojos con tristeza, y a continuación obedeció las órdenes del youkai, soltando totalmente a Kurama.
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Notas de la autora: Primero de todo... siento mucho haber tardado tanto. U-U He cambiado un poco las cosas, el cambio de escena ahora son tres puntitos (me han obligado T-T) y el título de los capítulos y todo está en el medio ahora, a que queda mono? :)
OH, y tranquilos, que no me he olvidado de que Hiei primero ha dicho que no iba a casa de Kurama y de que no está del todo explicado lo que pasó en el pasado con Tsukai y Kurama (aunque imagino que ya tenéis una idea XD), en los próximos capítulos ya se aclarará :).
¡Sayonara bye bye!