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Título: Coffee Days.
Parejas: Kurama/Hiei, otras.
Warnings: Shounen-ai.
Disclaimer: YYH no me pertenece.
Notas: Jujuju... Hiei y los dulces... ^^
2. Fantasmas hambrientos para Botan
Sabía que aquello no estaba bien. El alcohol que yo llevaba encima no podía competir ni de lejos con el que él había tomado, cualquier comparación habría resultado tristemente patética. Yo sabía lo que estaba haciendo, sabía en qué acabaría todo aquello y sabía qué pasaría mañana por la mañana. También sabía que hacía rato que él no sabía nada, no sabía lo que hacía. Sabía que dentro de dos minutos nos estaríamos besando y dentro de quince estaríamos jadeando entre sábanas. Y sabía que aquello no estaba bien. No me gustaba saber tanto.
Sabía demasiadas cosas como para permitir que aquello pasara,
sabía demasiadas cosas como echar la culpa al alcohol y sentirme en paz conmigo
mismo después, sabía demasiadas cosas como para disfrutarlo, sabía que tendría
que fingir mucho mañana. Seguía sin gustarme saber tanto.
Y aún así sabía que iba a inclinarme para besarle y sentenciar la existencia de aquello que los dos nos habíamos estado preguntando si ocurriría.
Así que le besé, preguntándome porqué tenía que saber tantas cosas, preguntándome porqué siempre tenía que saberlo todo, preguntándome porqué nadie podía salvarme de esa maldición, preguntándome porqué tenía que saber que no me quería mientras le besaba.
· · ·
-Botan, te repito que no hay nada de lo que debas preocu...
-¡Kurama! –exclamó la chica con vehemencia- ¡Te digo que en nuestro piso hay un fantasma!
El pelirrojo suspiró.
-Botan... los fantasmas no existen –trató de explicarle.
Hacía ya días que la chica se comportaba de aquella manera, y acusaba la casa de contener en su interior miles de espíritus hambrientos que estaban atentos a cualquier oportunidad para atacarles.
-¿Pues por qué a veces las puertas se abren solas? ¡Y yo oigo ruidos!
-Puede ser cualquier cosa. No estoy diciendo que mientas, pero es imposible que se trate de un fantasma.
-¿Y por qué, eh?
-Porque los fantasmas no existen.
Furia contenida cruzó los rasgos de Botan por un momento, pero a continuación tomó aire y Kurama casi entrecerró los ojos sin querer, preparándose para oír los gritos desbordados de los labios de la chica.
-¡¡Hay que hacer algo Kurama!! ¡Yo no voy a quedarme con un fantasma en mi piso! ¡¡Tú tranquilo, no te preocupes, voy a llamar a alguien!!
A Kurama le habría gustado decirle que estaba tranquilo. Muy tranquilo. Pero la chica ya se había dirigido hasta la habitación de al lado y había pulsado los numeritos del teléfono, dejando solo el rastro de su melena azulada y su aroma a fresa.
Kurama suspiró.
· · ·
Hiei golpeaba el suelo con su pie, los brazos cruzados y la mirada rastreando las estanterías ante él. Alzó un poco la mano, vacilando, y la alargó hasta el primero de los productos que atrajo su atención. Pero desgraciadamente sus ojos rubí no se pudieron controlar y cayeron sobre otra de las cajas antes de que sus dedos llegaran a su destino, y lo que acababa de ver le seducía aún más. Corrigió la dirección de su mano.
Había pensado que las barras de chocolate rellenas de mermelada de fresa eran su elección final, pero las magdalenas con trocitos de chocolate le hicieron cambiar de opinión.
Pero volvió a ocurrir lo mismo.
Y otra vez. Y otra. Y otra más.
Hiei bajó finalmente la mano, y endureció sus facciones con enfado.
Oyó la voz de Yukina a su espalda.
-Hiei, ¿has comprado ya lo que necesitamos de esta sección?
Yukina lanzó una mirada a su alrededor, registrando el supermercado con la vista, y devolvió sus ojos a Hiei cuando se dio cuenta de que éste parecía ser absorbido por la estantería de dulces.
-¿Hiei?
-Yukina, -habló el chico, su voz tratando de no sonar brusca para la chica- no.puedo.decidirme.
-Ah, perdona.
-Hn, no pasa nada.
-¿Pero cual es el problema? –preguntó la chica, su voz sonando como un delgado y dudoso hilo.
-¡No sé qué coger! Está el helado de chocolate, el de fresa... está la miel, las virutas con sabor a vainilla. Joder, no es mi culpa que haya tantos dulces aquí.
-¿Para qué quieres virutas con sabor a vainilla?
Hiei rodó los ojos y no contestó, no creyó que Yukina pudiera llegar a entender nunca la estrecha relación que había entre él y todos los dulces. Se dio cuenta de que trataba de encontrar alguno que tuviera una etiqueta pegada, anunciándole que él era el elegido, que él tenía que ser su elección. Pero ninguno de ellos parecía dispuesto a revelarle el misterio. Y nunca le había gustado hacer de detective.
Se encontró sonriendo cuando pensó que tal vez debería llamar a Urameshi para que le ayudara, y sacudió la cabeza, haciendo desaparecer la curva de sus labios con algo de repulsión.
Nah, no había sonreído.
-¿Estás bien, Hiei?
-Sí, sí, ve a pagar, yo vendré enseguida.
Y cuando la chica se alejó con una sonrisa, Hiei devolvió su concentración al montón de dulces que reposaban rogantes ante él.
¡¡Mierda!!
Al final pensó que si su primera elección había sido el chocolate con frase había sido por algo, y lo tomó con los ojos entrecerrados –era una buena táctica para no ver lo demás- y dio la vuelta para caminar hacia las cajas, rápido y sin mirar atrás, para unirse a una atareada y nerviosa Yukina que murmuraba que haría tarde en su cita.
Los dulces siempre habían sido su perdición.
· · ·
Kurama empujó la puerta ante él, dedos presionando contra el metálico pomo de la puerta de la tienda. Con sólo dar el primer paso y adentrarse en el interior pudo captar el olor a libros y estanterías, y esa conocida esencia le robó una sonrisa.
-Hola, Keiko –levantó su mano en forma de saludo y dirigió su sonrisa hacia la chica detrás del mostrador.
Ella levantó la vista del cuaderno en el que estaba escribiendo, números y cálculos naciendo bajo su bolígrafo, y sonrió cuando le vio.
-¡Hey, Kurama!
Se incorporó un poco y le indicó con su mano que se acercara.
Kurama cruzó la tranquila y silenciosa librería con pasos calmados.
-¿Te dijo Yukina que quería hablar contigo?
-Sí, claro, por eso te llamé ayer.
-Oh, claro –dijo rodando los ojos en obviedad- Bueno, pues...
Kurama se colocó ante el mostrador, manos en los bolsillos y mirada expectante.
-No te importa si te lo digo aquí, ¿no? Quiero decir, no puedo salir e invitarte a un café ni nada –dijo riendo un poco ante su situación.
-Oh, claro que no, no te preocupes.
-Bien –una sonrisa- Verás... el otro día una amiga me presentó a un chico.
Kurama sintió como pizcas de confusión le rozaban, pero su expresión se normalizó mientras seguía escuchando a la chica. ¿Iba a contarle su vida amorosa? No que le molestara en absoluto, pero en realidad no creía que él fuera el más indicado...
-Vale, el chico es muy guapo –reveló, y su tono de voz hizo que Kurama empezara a sentir algo más de curiosidad- Y ahora mismo no tiene pareja...
Kurama ya estaba empezando a pensar las tácticas que le podía recomendar a la chica para que pudiera empezar a salir con ese chico, deduciendo que era lo que ella le iba a pedir: consejo. Él siempre estaba y estaría encantado de ayudar a sus amigos, pero no entendía porque la chica le había escogido a él precisamente cuando tenía a... Botan, por ejemplo. Oh, tal vez por eso le había escogido a él. Porque si no tenía que escoger a Botan.
-Y bueno, el caso es que no le disgustaría conocer gente nueva y eso, ni tampoco empezar a salir con alguien sólo para probar un poco...
-Pues lo tienes muy fácil, Keiko –le dijo con una sonrisa.
-Mmm... no tanto.
Kurama arqueó una ceja como gesto interrogativo.
-Kurama, le gustan los chicos.
Oh. Así que por eso le había llamado a él.
Y si intentar ayudarla a conquistar a alguien no le molestaba, aquello conseguía irritarle un poco. Sólo muy poco.
Trató de ser lo más educado posible.
-Mmm... Keiko, te agradezco mucho que intentes ayudarme, pero ahora mismo no quiero...
-Venga Kurama, sólo una cena. Ve un día a cenar con él y luego dices sí o no.
-Keiko, ahora no quiero pareja –dijo, y buscó alguna excusa que añadir para disfrazar esa sentencia- Estoy ocupado con el bar, y me gusta la vida independiente que llevo. Una pareja sería limitar mi libertad.
-Pero... –la chica se detuvo un momento, y tras buscar las palabras adecuadas siguió intentando convencerle- Kurama, no puedes pasar tu vida entera esperando a Hiei.
-No estoy esperando a nadie –dijo, y esta vez su voz se endureció- Mi respuesta no tiene nada que ver con él, te lo aseguro.
Keiko le observó unos segundos, tratando de escrutarle bajo esa mirada despejada y ligera que escondía tantísimas cosas bajo su color relajado. Y tal y como había esperado, no descubrió nada ahí a parte de simpatía y educación aún sabiendo que había mucho más. Había sabido que no ganaría nada mirándole, Kurama no se dejaba adivinar.
Suspiró con resignación.
-Está bien, pero si cambias de opinión.. avísame, no dudes en hacerlo.
-De acuerdo. Y muchas gracias de todas formas –añadió al final, compensando los escasos segundos en que hubiera podido ser desagradable.
-De nada, Kurama.
· · ·
Cuando Hiei cerró el armario de la cocina, la voz de Yukina contándole sus planes quedo ahogada.
-¿Qué? –pidió el chico, con su cabeza echada hacia atrás para oír mejor a su hermana.
-Decía... –entró en la cocina- que lo siento mucho, pero que hoy no podremos mirar esa película. Lo siento muchísimo de verdad, pero la persona con la que había quedado mañana al final sólo puede salir a cenar hoy. Mañana vemos esa película, ¿vale?
Hiei tuvo dos segundos para tragarse la irritación que aquello le había causado sin que se notara. Se encogió de hombros para darse tiempo.
Claro que le gustaba pasar
tiempo con Yukina. Claro que se sentía traicionado y molesto y enfadado. Y claro
que no iba a dejar que nadie notara aquello.
-Hn, pues vale –dijo al final, mientras se servía un vaso de agua.
-¿No te enfadas?
-No, puedes hacer lo que quieras.
-Gracias –dijo, acompañando su agradecimiento con una sonrisa- Pues ahora me voy a la Universidad, y ya volveré mañana a la hora de comer.
El agua que Hiei estaba bebiendo quedó esparcida sobre el mármol de la cocina, culpa del repentino ataque de tos del chico.
-¿C-como que ma-mañana?
Las mejillas de la chica se encendieron.
-Pues... es que creo que me quedaré a dormir a su casa.
Y el sentimiento sobre-protector de Hiei decidió que ya se había escondido durante suficiente tiempo.
-¿Pero quién es esa persona?
Yukina abrió y cerró la boca varias veces sin que una sola palabra aflorara de ésta. Sus ojos parecían inundados de alarma, y se veían intimidados y amenazados bajo ese rojo intenso. Hiei pensó que se sentiría culpable de que Yukina estuviera atrapada después, cuando hubiera descubierto con quién demonios andaba.
-Pues es... mi...
Se calló. Alzó las cejas, tratando de hacer obvia la continuación de su frase y no tener que acabar de pronunciarla.
Hiei sólo inclinó la cabeza hacia delante, sin entenderlo.
-¿Tu qué?
-...mi... mi pareja –dijo al final, mordiendo su labio inferior a continuación.
-Oh –Hiei parpadeó varias veces, incrédulo.
-Siento no habértelo dicho antes...
-Yukina...
-Mm, dime.
Hiei cerró los ojos con fuerza al soltar la siguiente frase.
-Dime que no estás saliendo con Kuwabara –abrió los ojos de golpe y no pudo evitar agrandarlos en impaciencia mientras esperaba con ansia la respuesta. Si el payaso había conseguido engañar a Yukina y salir con ella le iba... le iba... oh, ¡no sabía qué le iba a hacer! Pero iba a ser algo muy feo.
La chica exhaló aire de golpe.
-¿Kuwabara? ¡No, no! No es Kuwabara. Pero creo que... preferirías que fuera él –las últimas palabras surgieron con tristeza de sus labios, casi murmuradas y con un toque de tristeza melancólica.
-¿Por qué dices eso? Yukina no seas tonta, no hay nada peor que Kuwabara.
Ella no contestó.
-Da igual... de verdad tengo que irme, o llegaré tarde.
-Hn, lo que quieras.
-Si quieres ya hablaremos con más calma de esto.
-Que sí. Llegarás tarde.
Hiei miró el agua derramada y soltó un gruñido.
Ella suspiró con tristeza y finalmente, con los libros bajo el hombro, salió de la cocina y abandonó el piso para dirigirse hacia la Universidad.
O quién sabía, de la misma forma que le había estado engañando hasta ahora, también era posible que le estuviera engañando ahora y se estuviera saltando las clases para ir a ver a ese.
Entendió entonces que el gruñido no había sido por el agua.
· · ·
Kurama observaba atentamente a ese chico, con cautela, con precisión, con cuidado, con hastío. Hasta con algo de miedo.
Era realmente muy extraño que Botan hubiera encontrado un detective profesional dispuesto a comprobar si había fantasmas en un pequeño apartamento del centro de Tokio. Y si ese chico se hubiera tomado el trabajo a broma y se hubiera notado que sólo estaba ahí para conseguir el dinero que sacaría de la sesión Kurama no se habría extrañado tanto, pero el problema era que el muchacho parecía serio. Muy serio.
No era que le molestara, se alegraba de que Botan hubiera encontrado una solución a su problema, eso haría que se calmara y dejara de preocuparse. Claro que se alegraba por ella. Sólo no podía evitar encontrar increíble toda la situación, hasta tenía su punto de graciosa.
Dejó caer la mochila de su hombro y se adentró hasta el comedor, donde Botan y el chico inspeccionaban el hueco que había entre la pared y el sofá.
-Shhh... no haga ruido señorita, podría ser muy peligroso...
-Uuuhhh... ¡me callo! ¡ni una palabra! ¡estoy muda!
-Vale vale...
-¡Pero ni una sola!
-¡Shhh! ¡El fantasma podría enfadarse!
Kurama abrió los ojos con incredulidad, observando la escena con asombro.
-¿Y por qué tiene que enfadarse?
-Oh, usted no sabe como se enfadan cuando se les despierta en medio de su siesta...
Ese chico era un gran actor, apreció Kurama. Eso, o realmente estaba muy mal...
-¿Ahora está haciendo la siesta?
-¡Claro! ¡Shhh!
Kurama intervino finalmente.
-Hola, buenas tardes.
-¡¡Uaahh!!
-¡¡El fantasma!! ¡¡El fantasma!! ¿Dónde?
-Oh, perdón.
Botan había pegado un saltó sobre el sofá y había empezado a registrar frenéticamente su alrededor hasta que sus ojos cayeron sobre Kurama, mientras que el chico se había dado la vuelta tan súbitamente que había acabado cayendo del sofá, sus piernas sobre él mientras su cuerpo estaba tumbado sobre la alfombra.
-¡¡Kurama!! ¡No nos des esos sustos! –dijo Botan.
-Lo siento de verdad, no sabía que os asustaría tanto.
-¡¡Sshh!! ¡Callaos todos! –dijo el chico mientras se incorporaba de nuevo y extendía los brazos a sus lados, serio en su papel. Una expresión severa se cruzó en su rostro mientras observaba el salón en busca de algo. Botan cubrió su boca con las manos y esperó, Kurama sólo miró al chico.
Al cabo de unos segundos, dejó caer los brazos a sus lados y dijo con una expresión abatida:
-Ya se ha ido.
-¡¡Mierda!!
Kurama se disculpó de nuevo.
-Bueno, a ver... –empezó ese chico moreno, rascándose la cabeza mientras se levantaba del sofá- Ya sé lo que pasa aquí.
Botan se alzó también y caminó hasta Kurama, su faz seria y expectante.
-Escúchale Kurama que sabe lo que se dice, es detective.
-Obviamente, aquí hay un fantasma.
Botan aspiró aire y se tapó de nuevo la boca con las manos. Kurama permaneció inexpresivo, sólo con el ceño algo fruncido. Oh, eso eran noticias muy... muy... increíbles. Literalmente increíbles.
-Pero se niega a mostrarse, porque no lo he encontrado.
-¡Pero puede que esté por aquí, hombre! Puede ser que no le hayamos visto –soltó Botan.
-No, no. Si yo no lo he visto, es que no está. Que no.
Kurama parpadeó. Debía de ser muy eficaz, ese chico...
-¿Pues entonces qué hacemos? –pidió Botan, alarma y terror en sus ojos.
-Sólo se me ocurre una manera de echar a este fantasma de aquí... –empezó en tono oscuro y misterioso, increíblemente serio.
-¿Cómo, cómo?
-No es un método bonito, señorita... –advirtió.
-¡Que da igual, dígalo ya!
-¡Una sesión de espiritismo!
-¡¡Aaahhh!!
Botan pegó un salto ante la palabra espiritismo y se agarró de los hombros de Kurama mientras este agrandaba sus ojos en sorpresa. ¿Espiritismo? No había hecho eso desde... bueno, sólo lo había hecho un día con Hiei y Kuwabara hacía mucho tiempo, cuando aún iban al instituto. Recordaba perfectamente como lo único que habían conseguido fue acabar con dolor de barriga de tanto reír en vez de invocar a un fantasma, y cómo él intentaba decir que se mantuvieran serios pese a que era incapaz de contener sus propias carcajadas.
Botan respiró profundamente un par de veces y recuperó la compostura mientras ese chico hacía muecas extrañas con su boca para tratar de reprimir una sonrisa ante la reacción de Botan, pensó Kurama.
-Bueno... pues sería conveniente que se hiciera una sesión de espiritismo cuanto antes en este piso –dijo el moreno- ¿Cuándo le va bien?
-Mmm... ¿va a hacerla usted? –preguntó Kurama con educación, añadiendo una sonrisa a sus palabras.
El chico entrecerró los ojos ligeramente cuando Kurama se dirigió a él, y una media sonrisa se coló entre sus labios cuando respondió. Una sonrisa que hasta entonces no había utilizado.
-Así es, ¿cuándo quieres que pase? –preguntó con un tono de voz extraño.
-Mmm... –Kurama le dirigió una mirada interrogativa a Botan, a quien no le parecía importar la atención del chico hacia Kurama. El pelirrojo pensó que debía estar demasiado asustada como para pensar en eso- ... pues cuando a Botan le vaya bien.
-¡¡Esta misma noche!! –dijo ella con vehemencia, temiendo que la hicieran dormir una noche más en ese piso lleno de fantasmas.
-De acuerdo, pues ésta noche a las ocho vendré a echar a ese fantasma. Podéis invitar a dos o tres personas, ¡así será más efectivo!
Kurama asintió con la cabeza y sonrió con educación.
-Pues aquí estaré esta noche –dijo el chico mientras empezaba a andar hacia la puerta de entrada, echando un último y dramático vistazo al salón.
Botan le acompaño hasta la entrada, y Kurama alzó la mano y murmuró un Adiós como despedida mientras dejaba que la chica la atendiera, ya que había sido ella la que le había llamado y pensó que sería de mala educación encargarse él.
Se dirigió hasta su habitación y se dejó caer en la silla del escritorio.
Sólo entonces, cuando se encontró solo en su habitación, pensó de nuevo en las palabras de Keiko.
Él estaba seguro de que no estaba esperando a Hiei, y de que no quería conocer a nadie más pero por razones totalmente independientes a Hiei, y no comprendía porque la gente no entendía eso.
-Venga Kurama, sólo una cena. Ve un día a cenar con él y luego dices sí o no...
Eso podía hacerlo, una cena no implicaba ni sugería nada, y al fin y al cabo divertirse no le iría mal. Pero estaba el hecho de que, cuando se daba una cita organizada más por los amigos que por las personas implicadas en si, era fácil pensar que el otro realmente quería algo. Y Kurama no quería hacerle daño a... ese chico.
¿Cómo debía llamarse?
No sería sabio preguntárselo a Keiko.
Cuando vio encima de su escritorio una hoja con algunos escritos que iban a ser el menú de verano del bar, se acordó de que le había dicho a Kuwabara que le llamaría para saber cómo le había ido la mañana sin él ni Hiei.
Estaba ya en el salón con el teléfono en la mano cuando oyó el timbre de la puerta sonar de nuevo, y los tacones de Botan sobre el parqué antes del ruido de la puerta abriéndose. Y no tuvo tiempo de identificar esas murmuraciones inteligibles que soltó la persona recién llegada, sólo vio a Hiei acercársele con pasos furiosos hasta la mesilla con el teléfono.
-Hola Hi... –empezó con una sonrisa, pero el chico le cogió de la muñeca y le casi-arrastró hasta su habitación, donde cerró la puerta a sus espaldas rápidamente.
En algún momento, Kurama vio la mirada confusa de Botan escrutarles en silencio.
-Hiei, ¿qué pasa? –preguntó con el ceño fruncido Kurama.
Hiei respiraba con fuerza y tenía las manos reposando en sus caderas en gesto de ofensa, y sus ojos revisaban enfadados la habitación con nerviosismo, la furia ya completamente instalada en él.
-¡¡Tienes que ayudarme a matar a Kuwabara!! –dijo finalmente con la voz un poco ahogada, su respiración irregular de correr hasta el apartamento, supuso Kurama.
-No voy a matar a Kuwabara. Por favor, cuéntame lo que ha pasado.
-¡¡Ha pasado que le voy a matar!! ¡Está engañando a Yukina!
Kurama abrió los ojos incrédulo.
-¿Con quién? –preguntó, pero Hiei sólo pareció enfurecer más.
-¿Cómo que con quien? ¿Eres idiota o qué?
-No Hiei, pero si dices que la está engañando...
-¡¡Entonces es verdad!! ¡Salen juntos! ¡Mierda!
-Pues no lo sabía...
Hiei cerró los ojos con fuerza y pareció como si contuviera el puñetazo que Kurama sabía que quería darle. Por una vez en su vida, no entender las cosas a la primera le estaba causando problemas, pero es que Hiei no se explicaba nada bien... bueno, Hiei no se explicaba, sólo gruñía.
-¡¿Pero estás tonto o qué?!
-Hiei por favor... dime ya lo que ha pasado.
-¡Pues que Yukina me ha dicho que está saliendo con alguien, y tiene que ser Kuwabara!
-No necesariamente.
-¡¡Tiene que ser el payaso!! ¡Por eso Yukina se marcha siempre tan pronto por las mañanas!
-Hiei... Kuwabara te preguntó ayer donde estaba Yukina, si estuviera saliendo con ella, no estaría con nosotros.
La cara del chico palideció por unos momentos, y la verdad es que Kurama empezaba a estar muy seguro de que Hiei prefería que Yukina estuviera saliendo con Kuwabara, porque si no tenía que ser un desconocido.
-¡No te hagas el listillo, Kurama!
-No me hago el listillo, me hago el lógico.
-¡Que no te hagas el listillo!
-Que no me hago el listillo, Hiei.
-¡Vete a la mierda!
-No Hiei, gracias. Deberías calmarte.
-¡Cálmate tú!
-Mira, si te calmas le pregunto a Kuwabara si está saliendo con Yukina.
-¡No lo harás, sólo lo dices para que me calle! ¡No intentes engañarme, listillo!
Kurama abrió la boca dispuesto a hablar, pero volvió a cerrarla con una sonrisa de culpabilidad por falta de argumentos. Era una lástima que Hiei le conociera tan bien.
Hiei se pasó una mano por los ojos, tratando de regularizar su respiración, y se sentó en la cama de Kurama, con la cara enterrada entre las manos mientras negaba con la cabeza.
-A ver Hiei, no tienes que preocuparte porque Yukina salga con alguien, al contrario. Si ella está feliz tendrías que estarlo tú también.
-¡Pero seguro que se está equivocando! ¡Seguro que ese sólo quiere aprovecharse de ella!
-No puedes saber eso.
-¡Ni tú tampoco!
-Pero Yukina sí, y ya sabe lo que se hace, que tampoco es tan pequeña. Recuerda que tiene tu edad.
-Ya lo sé, no soy idiota.
-Pues no tienes que preocuparte más por ella...
Hiei mantuvo los ojos fijos en el escritorio de Kurama unos segundos, como si de golpe reflexionara sobre las palabras del pelirrojo, quien verdaderamente se extrañó.
Agrandó los ojos de golpe y le miró con esperanza antes de decir en voz alta:
-¡Puedo amenazar a algunas de sus amigas para que me cuenta con quien sale!
Kurama suspiró.
-Claro que sí, Hiei. Y de paso avisas a la policía. Mira, esta noche vendrá un detective a mi casa, contrátale y así les ahorras el trabajo de buscarlo a los policías.
Hiei abrió la boca lentamente, aspirando aire con sorpresa, y una mirada de adoración se dejó entrever levemente en sus ojos durante un segundo, sólo un destello.
-¡¡Eres un genio, Kurama!!
-No Hiei, era sarcasmo –se apresuró a decir Kurama, un poco alarmado.
Pero Hiei ya no le escuchaba, se levantó deprisa y le dio una rápida palmada en el hombro antes de salir por la puerta con grandes pasos. Kurama le siguió, descubriendo a una pálida Botan detrás de la puerta, sus ojos muy abiertos y su boca gesticulando una mueca. Pensó que no debía encontrar el comportamiento de Hiei muy normal, y tampoco la culpaba.
Llegó a tiempo a la entrada antes de que Hiei se marchara, y este le lanzó una mirada asesina cuando se interpuso en su camino.
-Kurama, ya sabes que ya me puedes decir lo que quieras, que no voy a cambiar de opinión.
-Hiei, piensa que lo que quieres hacer es algo muy serio, ponerle un detective a tu hermana es...
-Lo que quiero hacer no, lo que voy a hacer. Vendré a las ocho y pobre de ti como no haya detective.
Y con eso se marchó, haciendo que Kurama frunciera el ceño. Con un último suspiro que dejó entrever una media sonrisa de resignación, Kurama caminó hasta el salón y se dejó caer en el sofá, donde se encontró a Botan ojeando una revista de forma rara, como si tratara de disimular.
Ese detective iba a forrarse. Todo el mundo se había vuelto loco, una le quería para que echara los fantasmas de su casa y el otro para que le descubriera con quien dormía su hermana. Oh, dios.
¿Y el detective, cómo debía llamarse?
-Botan... ¿cómo se llama el detective que tiene que venir esta noche?
La chica levantó la mirada y le respondió, y le respondió algo con lo que Kurama no reparó mucho.
-Yusuke Urameshi, ¿por qué?
-Ah... por nada en especial.
~tbc~