"El sabor de la Navidad"    
Por Sanasa   siguiente »
Resumen: Hiei descubrirá que las Navidades en el mundo humano pueden ser más divertidas de lo que creía, mientras que Kurama deberá decidir a quien ama.

 

Parejas: Kurama/Yukina, Hiei/Kurama

Warnings: Yaoi.

Disclaimer: Nada mío, por desgracia XD

La última vez nos quedamos en Kurama’s POV así que...

......................................................................................................................................................

Exhalé profundamente, captando un fuerte y agradable olor a hierba. La entrada permanecía con su legendaria tranquilidad, sugiriendo paz. Lentamente, empujé la puerta.

-¡Yukina!

No obtuve respuesta.

-¡¡Yukina!!

Des de la esquina, vi como mi hermana asomaba tímidamente la cabeza y me observaba con confusión en sus ojos.

-¿Ya estás aquí?

-¿?

-Llamé a Yusuke para que te avisara –soltó una leve risilla.

-¿Avisarme de que? –en absoluto me parecía divertida la situación. Demasiadas estupideces en un mismo día...

-Le avisé para que te preguntara si podías pasarte un momento por aquí.

-¿Y para que querías que viniera?

-Es que verás... como somos hermanos... ya sé que no lo sabemos des de hace mucho pero...

Eso si me parecía divertido: su inocencia. Quizás si que hacía poco que ELLA sabía que éramos hermanos. Aún recordaba su reacción cuando se lo conté hace poco... pareció como... si se lo esperara...

-... pero el caso es que quería contarte algo muy extraño que me está sucediendo últimamente...

¿Más confesiones? Bueno... mientras no me diga que... !!

-Verás... nunca antes me había pasado esto... resulta que...

-¿Estás enamorada de Kurama verdad?

Se sonrojó... y me pareció tremendamente difícil decir con claridad donde acababa su piel y donde empezaban sus ojos rojos.

-¿Quién te lo ha dicho?

Y de pronto se presentaron ante mi unas repentinas ganas de patear cualquier cosa.

~*~*~*~*

Nunca llegué a entender porque Hiei estaba allí. El caso es que ante él estaba Yukina... desconcertada...

-¡Kurama! –dijo Hiei al verme- ¡Llegas en el mejor momento! Que oportuno de verdad.

-Esto... ¿de verdad te encuentras bien Hiei? –le pregunté alarmado. Ese sarcasmo eterno empezaba a hacerse insoportable.

-¿Yo? Me encuentro perfectamente K-u-r-a-m-a.

-Ya... esto... hola Yukina.

-H-hola –contestó sin tan siquiera mirarme.

Hiei paró sus ojos sobre mi. Luego se detuvo para observar a su hermana y un suspiro de resignación escapó de sus labios.

-Bueno... yo me voy. Os dejo s-o-l-o-s.

Y cerró la puerta a sus espaldas.

-Esto... verás Yukina –empecé. Otra vez las palabras se bloqueaban en mi garganta, como si de pronto se me olvidara como utilizarlas- Hay algo que quería decirte...

-¿¿Ah si??

-Pues... si.

-Yo también tengo algo que decirte.

-¿? ¿¿En serio??

Genial, ahora los dos parecemos idiotas.

-Si... es que... –el nerviosismo también la había alcanzado. Frotaba sus manos de una forma extraña y miraba hacía todos los lados posibles, siempre y cuando yo no estuviera en ellos.

Se acercó un poco a mi.

-Bueno... mejor empiezo yo... ¿vale? –le dije, ayudándola.

-Bien. –esta vez si me miró, expectante. Clavando sus ojos en mi. Sin apartarlos un instante.

Bien Kurama... ¿ahora que le digo?

-Esto... -acorté la distancia entre nosotros, escasos centímetros separaban ahora nuestros rostros- Resulta que des de hace algún tiempo...

Perfecto, ahora parece que le esté contando un cuento.

-... pues que...

Agrandó sus ojos y acercó su boca un poco a la mía... como si esperaba oír las palabras que no salían de mis labios.

¿Realmente es necesario que se acerque tanto?

-... te...

-...¿me...?

De repente pareció darse cuenta. Rápidamente se alejó, sin dejar de mirarme, y su respiración de aceleró.

-Kurama... yo también...

De verdad parecíamos idiotas con tantos “Pues... veras... yo... es que”. Empezaba a cansarme de tantas... estupideces.

-Mira Yukina... voy a serte sincero...

Decididamente había que poner fin a esa situación... y por lo visto encontré la solución.

Con cierta precaución, acerqué mis labios a los suyos. Ella se puso en tensión, pero no se apartó, hecho que me animó a seguir adelante. Pude sentir su agitada respiración sobre mi boca. Finalmente, nuestros labios se rozaron para encontrarse en un dulce beso. Su sabor era simplemente tan... delicioso. Automáticamente, mis manos se pasearon por su espalda, y ella reposó sus tembloroso dedos en mi pecho. Y así permanecimos. Con mis labios... en los suyos. Capturé su pequeño cuerpo con mis brazos posesivamente, me pareció como si estuviera corrompiendo algo puro e inocente.

Nos separamos. Toda clase de vergüenza había abandonado mi cuerpo. El beso pareció tener el efecto contrario sobre ella. Sus mejillas se habían teñido de un rojo intenso, dándole un toque precioso a su semblante, pero aún así sonreía feliz.

Me abrazó.

Se me hacía extraña esa sensación. La de tener entre mis brazos a esa chica, tan frágil, como un bello cristal que amenazaba con romperse en pedazos si aumentaba la intensidad del abrazo.

"¡¡¡PUM!!!"

Un inesperado estrépito nos hizo dar la vuelta. No vimos nada salvo la puerta a nuestras espaldas... un poco abollada por cierto.

~*~*~*~*

Hundía con fuerza mi pies en el suelo lleno de nieve. Ni siquiera me molesté en pensar hacía donde iba, tan sólo tenía que alejarme de... ese maldito zorro...

No sólo tenías que “quererla”... ¡¡ahora vas y la besas!!

Lo había visto. Había visto sus rostros acercarse y...

¡¡¡Serás imbécil!!!

Yusuke. Yusuke era mi mejor opción. Al fin y al cabo, de nada me servía ir a casa de Kurama, como siempre hacía cuando estaba en el ningenkai. Ahora estaba vacía... vacía como mi alma en verles... besarse...

Otro suspiro. Si al menos Kurama no fuera tan estúpido... podría haberse dado cuenta de algo. Podría haberse dado cuenta de cómo mis ojos repasaban constantemente su perfecto cuerpo, de cómo su sonrisa llenaba mi corazón...

Sí, el también había sonreído al besar a mi hermana... pero... era diferente. Era diferente a esas veces... cuando estábamos solos, en su habitación... y él me sonreía a mi. Sus labios curvándose, sinceros, dulces, sugerentes, y sólo para mi.

Eso me llenaba. Más que su simpatía misma, más que ese afecto que me mostraba... ¿por qué tenía que ser tan atento conmigo si sólo deseaba a mi hermana?

Noté que chocaba con alguien.

-¡Auch! ¡¡Hiei vigila un poco más hombre!!

Oh. Era Yusuke. Al parecer había hecho el camino hasta su casa sin darme cuenta, pero parecía que él se iba.

-¡Oye! ¿Que haces aquí?

-Si quieres me largo.

-No hombre no hace falta... err... sube.

Entramos en su casa. Desordenada, con la cocina por limpiar y el suelo lleno de piezas de ropa... tan diferente a la casa de Kurama. Miré su habitación divertido. Aquella vez descubrí que las habitaciones humanas también sufrían estampidas. Al menos la habitación de Yusuke...

Al darse cuenta de mis pensamientos, soltó una carcajada.

-Es que no esperaba visita... –se excusó mientas nos sentábamos en su cama.

-¿Es que cuando esperas a alguien lo limpias? –pregunté, sarcástico.

-¡Claro que si! ¡Ah!

De repente me miró como si hasta entonces no se hubiera percatado de mi presencia.

-¡Tengo algo que decirte!

¡No por favor!

Resistí la tentación de levantarme y marcharme, en vez de eso le miré, curioso.

-Como se acerca Navidad... bueno, ¡ya estamos en Navidad! ¡Pues he pensado que podríamos dar una fiesta en mi casa!

-¿Una fiesta de Navidad? No gracias.

-¿Por que no? Será muy divertido... sin padres... con bebida... –una sonrisa maliciosa se coló en sus labios, y sus ojos se perdieron en el techo mientras saboreaba lo que fuera que estuviera pensando. No me sorprendí, al fin y al cabo no era ningún secreto que Yusuke era un pervertido- ¡Venga!

-He dicho que “no”. ¿Qué parte es la que no entiendes?

-Oye Hiei...

-¿Qué?

-¿Quieres que te diga un secreto? –alzó sus cejas de una forma desmesurada.

-¿? Di

¿Pero que le pasa hoy a todo el mundo con los secretos?

-Divertirte... –empezó- ... ¡¡no te hará daño!!

Y se echó a reír. A pleno pulmón.

-Espera... no encuentro la gracia –dije malhumorado.

-¡¡Pues yo si!!

Me levanté y di un paso, antes de notar como una temblorosa mano a causa de la risa sujetaba con firmeza mi muñeca.

-Lo siento... –dijo entre carcajadas- Vamos quédate, lo siento.

Me senté despacio y crucé los brazos, remarcando mi enojo.

-No, en serio... te lo pasarás bien.

-..........¿Quién vendrá?

-Errrr... deja que piense, deja que piense.... pues Kuwabara ,Shizuru, Keiko –sonrió ante el nombre- Botan, Koenma, Yukina, Kurama ... y creo que ya está. Anímate anímate!! –y junto sus manos, poniéndolas sobre su cabeza.

-Hn. –gruñí. Odiaba no salirme con la mía.

-Bien pues. ¿No te sientes afortunado de ser el primero en saberlo?

-No.

-Me lo imaginaba... bueno igualmente vas a ayudarme. Yo avisaré a Keiko, Yukina, Kuwabara y Shizuru, y tú avisarás a Kurama, Botan y Koenma.

-¿Y por que tengo que ayudarte?

-¿Para que están los amigos?

-¿Para patearte el trasero?

-No exactamente... bueno, diles a esos tres que les espero mañana en mi casa a las ocho. ¿¿Y tu ven también eh??

-Ya lo veremos.

-¡Diles que traigan regalos! Toma estos papelito, dales uno a cada uno y que le compren un regalo al nombre que les toque. ¡Hasta mañana Hiei!

~*~*~*~*

¿Dónde me he metido?

Después de nuestro beso... sencillo, me marché del templo de Genkai, no sin antes tener el privilegio de contemplar la sonrisa de una alegre Yukina.

Ahora volvía a estar en mi habitación. Tumbado de nuevo en mi cama. Con pensamientos que no podía sacar de mi mente otra vez. Exactamente como una hora antes.

No. No exactamente. Ahora estaba más perdido. ¿Qué se suponía que debía hacer cuando viera a Yukina? ¿Actuar como si no hubiera pasado nada? ¿O permitirme todas las libertades del mundo sólo porque nos habíamos besado? Realmente no quería ver el desenlace, no quería que el momento en que tuviera que decidir llegara. Más que sentirme feliz, o con mi sueño cumplido... sentía como si cargara con un peso a mi espalda.

Abracé la almohada. En un acto infantil, desesperado. Intentando sin éxito que esa suavidad que acariciaba mi rostro se llevara mis preocupaciones. Sinceramente, no me hubiera importado quedarme allí toda la vida. De repente me di cuenta de mi error. Me incorporé con prisa.

¿Por qué estoy pensando todo esto?

Lo único que importaba era que nos quisiéramos... no podía asegurarlo por su parte, pero yo la quería... muchísimo... y con eso bastaba. ¿No? Necesitaba oír la respuesta.

“Toc toc toc”

Me giré hacía la ventana, origen del ruido. Hiei se encontraba tras ella.

Rápidamente, me levanté y caminé hasta ella para abrirla y permitirle la entrada. Avanzó y se dejo caer en el suelo.

-¡Hola! –le dije con una sonrisa.

-Hn.

-¿Qué querías?

-Yo nada.

-Entonces... ¿por qué estás aquí?

-Yusuke quería que te dijera algo.

Su respuesta me extrañó un poco pero aún así...

-Dime. –tracé una media sonrisa.

-Quiere que vayas a una estúpida fiesta de Navidad en su casa. Mañana a las... –me pareció que intentaba recordar la hora- ... las ocho. Dice que traigas un regalo para este -me entregó un papel.

-¿Y por que vienes tú a decírmelo?

-Yo tengo que decíroslo a ti, Botan y Koenma, y él a Kuwabara, Shizuru Keiko y Yukina... – se detuvo como si esperara mi reacción ante ese nombre. No hice nada salvo mirarle

-Bien pues. Allí estaré. ¿Tu también vendrás no?

-Emm... si.

-¿Ya has comprado tú regalo?

-No.

-¿Quieres que vayamos juntos? Y así los dos compramos el nuestro.

Sus rubíes se abrieron en sorpresa. Y por primera vez, me pareció darme cuenta de su belleza. Ese rojo incandescente, como ardientes llamas consumiéndose por su propio calor.

-Vale... si no vas a tener que ir sólo.

-¡Que bien! Así que me acompañas por compasión.... –dije evocando una suave risa en mis palabras.

Y nos dirigimos hacía las tiendas ningen.

~*~*~*~*

Esa noche me costó conciliar el sueño.

No sabía si por el nerviosismo en ver lo que me esperaba mañana, o por que la suave respiración de Kurama a mi lado me desconcentraba.

Habíamos pasado toda la tarde buscando los regalos para la fiesta de Yusuke, no sin antes pasar a saludar a Botan y Koenma para avisarles sobre la fiesta. En el momento de separarnos, mientras yo pensaba si Mukuro no se extrañaría ante mi repentina aparición, Kurama me invitó a pasar la noche en su casa.

Y allí estaba yo. Con algo que había llamado “saco de dormir” en el suelo. Al lado de su cama.

Noté como se movía. Me incorporé y observé lo que hacía. Me daba la espalda, mostrándome esa hermosa cascada roja que caía sobre sus hombros... desnudos...

¿Tanto le cuesta ponerse una maldita camiseta para dormir?

Volví a mi “saco”. Respiré con fuerza e intenté alejar la tentación de aprovechar la ocasión...

-¿Hiei?

Su voz me sobresaltó. Me sobresaltó el hecho de que la dulzura de su tono, esas eternas caricias en los oídos, se habían convertido en amarga angustia.

-Hn.

-Tu... –me apoyé sobre mis codos de nuevo para ver su espalda, pues al parecer se negaba a mirarme- ... crees que yo... ¿quiero a Yukina lo suficiente?

Tsk. Era eso.

-¿Cómo pretendes que lo sepa? No estoy dentro de ti. –solté un gruñido, pero por suerte el dichoso comentario sólo me pareció extraño a mi.

-Lo sé pero... –bien, el chico lo sabía-... se nota cuando una persona está enamorada ... ¿no?

-No sé... yo no entiendo de estas cosas.

-Ya. Quizás lo mejor es hacer como tú, y no atarse nada ni a nadie.

Eso me molestó. Me molestó porque no parecía que constatara un hecho de mi personalidad... parecía un reproche... un asqueroso reproche... e incorrecto además.

-Claro, cuando ni tú mismo sabes qué piensas, lo mejor es meterse conmigo ¿verdad?

-Creo que es mejor no saber lo que se siente que no sentir nada.

-Claro... como tu sabes tan bien si yo siento algo o no...

En decirle eso se giró hacía mi. La luz de la luna iluminando su cara, acentuando la perfección de su rostro.

-Venga Hiei, ahora me dirás que en realidad eres un sentimental...

Me tumbé.

-Ahora no me apetece discutir.

-¿Puedes decirme por que estás tan enfadado conmigo?

-No.

-¡Bien! –e imaginé por el ruido, que el también se había tumbado.

Sonó casi como un grito. ¿Kurama, el eterno educado, acababa de gritarme? Si no hubiera sido por que el sueño interviene en los peores momentos, no le hubiera permitido ni a él que me gritase... pero mis párpados cayeron pesados, privándome de la vista.

Mañana sería un día muy duro... no me gustaban las fiestas...

......................................................................................................................................................

Notas de la autora: Bueno, este capítulo era un poco más largo, espero no haberos aburrido ^_^. Suerte que Kurama y Yukina sólo se daban un beso, porque si no Hiei destroza el templo entero XDD... La verdad es que la declaración entre Kurama y Yukina me ha quedado un poco rara... pero es que los dos son tímidos ¿no? XDD

En el próximo capítulo irán a la fiesta, y POR FIN, Hiei hará alguna cosita....^_^

Ya sabéis, para cualquier cosa, black_youko@hotmail.com.