"BR: from the other Side."    
Por Sanasa    

Strange and Beautiful
Si el fuego pierde su calor, habrá sido porque la plata ha perdido su alma

 

Nat parpadeó, la llama que apartaba la habitación de la oscuridad desplegándose hasta rozar las puntas de los dedos de la youkai, su pelo cayendo sobre la hoja en que escribía, elegante, y sus ojos grisáceos fundiéndose en el oro del fuego. Creí que sería correcto apartar la mirada, y aunque mis ojos me hacían saber su deseo de permanecer ahí, obedecí al poco sentido común que podía quedar en mi cabeza viendo aquella imagen. Sacudí la cabeza, y decididamente aparté la mirada cuando Nat lamió la suavidad de la punta de la pluma con la que escribía, y casi imperceptiblemente la devolvió a la hoja para seguir rasgándola con palabras.

Pero yo no lo había visto. Porque había apartado los ojos. O debería.

Finalmente lo hice.

-Tsukai...

Levanté la vista, sintiendo que nunca la había apartado.

-Esta mañana, -habló Nat, pausadamente- he oído a Kurama comentar que estás siendo uno de sus amantes favoritos.

Solté una carcajada amarga.

-Supongo que eso es un gran mérito...

-Muchos pagarían por estar en tu lugar –Nat dejó escapar una pequeña risita después de aquellas palabras, y yo recé para que ella no se incluyera entre aquellos- Pero bueno... hablar de Kurama no es mi pasión secreta, así que, ¿qué tal las cosas?

Sonreí interiormente. Y, cuando ella frunció el ceño y dejó entrever una sonrisa juguetona e interesada, adiviné que no había sido tan interiormente.

-Más difíciles sin ti –confesé, y ella entrecerró los ojos, invitándome a que me explicara- ... hay un youkai que nunca me hace caso a menos que estés tú por aquí. Es uno de mis siervos, parece sufrir cuando no estás...

Ella abrió los ojos en  sorpresa, y no pudo evitar reírse, carcajadas limpias y suaves a mis oídos.

-En realidad preguntaba por ti –dijo ella, después de que la noticia quedara olvidada.

Me encogí de hombros. Tomé aire lentamente y, queriendo olvidarme de Kurama en aquellos momentos, decidí no medir mis palabras antes de pronunciarlas, porque la espontaneidad hacía maravillas a veces.

-Creo que estoy igual que... ese youk—

-Oye Nat, -el sonido de la puerta, abierta atropelladamente por Kurama, ahogó la palabra. Bajé mi cabeza en decepción- necesito un rato tu ayuda...

El zorro sonrió maliciosamente a Nat, quien aún me miraba perpleja, casi sin la necesidad de que mis palabras llegaran a su fin. Sin despegar uno de sus sorprendidos ojos de mí, Nat empezó a alzarse y a acercarse al youko, que nos miraba con una expresión de suficiencia.

Ella se dirigió hasta la puerta, e increíblemente, una sonrisa muy, muy tímida y a la vez satisfecha apareció en sus labios.

-Después... terminas de decir ‘youkai’ para que pueda entenderte –y casi me pareció ver que su sonrisa se acentuaba con un rubor en sus mejillas cuando atravesó la puerta siguiendo a Kurama.

Apoyé mi espalda en la silla y exhalé el aire que había estado conteniendo.

...wow.

~end~