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Animal
Instinct
Si el fuego pierde su calor, habrá sido porque la plata ha perdido su
alma
Tsukai ya estaba acomodado entre las sábanas de la extensa cama cuando oyó la puerta de la habitación abrirse.
Los movimientos que siguieron aquel ruido fueron como sombras imperceptibles desplazándose por la habitación, una presencia deslizándose entre la oscuridad hasta la cama.
Sus músculos se tensaron un poco cuando sintió la mano de Kurama posarse sobre su espalda. Se tumbó para mirarle.
Y cuando sus ojos rozaron los dorados de Kurama y vio frustración cubierta con apatía en ellos, supo que aquella noche su misión no había sido un éxito.
Y por eso no se extrañó cuando el zorro se inclinó rápidamente para besarle para que dejara de ver el fracaso en sus ojos, para no tener que seguir observándole a través de él.
Y antes de que pudiera detenerlo o disfrutarlo las ropas de los dos ya se encontraban desperdigadas y olvidadas en el suelo, y la pequeña llama que a Tsukai le gustaba mantener ardiendo durante la noche pronto se vio ahogada por el aire que Kurama hizo que se arremolinara a su alrededor con el movimiento de su mano. Porque la oscuridad escondía la inseguridad. Y sabía que en aquel momento lo único que haría borroso y abstracto ese sentimiento de frustración en Youko sería dominar algo. Y quería dominarle a él. Y lo estaba demostrando cuando acariciaba su pecho y su estómago y tanteaba alrededor de su entrepierna.
Eso era lo que el zorro deseaba y necesitaba. Porque oh gran señor no había conseguido robar lo que quería y había fallado y ahora necesitaba reafirmarse a si mismo que nada estaba por encima de él y que todo se rendía ante sus manos.
Y casi lo consiguió. Si no fuera porque Tsukai no iba a dejarle conseguir lo que quería.
Pero justo cuando podía sentir los dedos de Kurama sobre el centro palpitante de su placer, colocó las manos sobre los hombros del zorro y le apartó de súbito con una voluntad que le sorprendió hasta a él mismo. Y no dejó ahí sus actos. Si no que aprovechó el interludio de desconcierto del otro para incorporarse y dejar caer su peso sobre el otro, y las posiciones estaban intercambiadas. Y en un momento una de sus manos estaba descendiendo a través del muslo del zorro, y era él quien le besaba el cuello y no al revés, y fue Kurama quien gimió con desespero cuando detuvo su mano y no al revés, y fue la espalda de Kurama la que se arqueó cuando presionó sus cuerpos y no al revés, y era Kurama el que se estaba rindiendo y no al revés.
Y adoró quitarle lo que había venido buscando, quitarle lo que tenía que ser su salvación.
Porque aquello no iba a manchar su relación. Porque su relación eran flashes, porque el sexo es eso en las relaciones, flashes de pasión necesarios y cálidos y adictivos. Pero en esos destellos se quedaba su relación, porque verdaderamente no había amor en lo más fácil. Aquello era fácil. Y si se preguntaba por qué estaban juntos, sólo una respuesta quería acudir a su mente...
...Instinto. Por instinto se hacían llamar amantes y por instinto había querido Kurama dominarle.
Y adoró quitarle lo que había venido buscando, quitarle lo que tenía que ser su salvación.
Adoraba quitarle lo que quería.
Porque no sabía lo que Kurama le quitaría a él en el futuro.
~end~