"Holidays"
Por Sune

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Resumen: Y por fin llegaron las tan ansiadas vacaciones! ¿Qué sucederá cuando Kurama y Hiei decidan buscar trabajo? ¿Podrá Hiei dormir en la misma habitación que el zorro? [KxH]




HOLIDAYS
 

Notas: Olvidé por completo poner el significado del nombre del Hotel, ahí les va: Shiri (nalgas) Kami (cabello) Y por ende es... Hotel nalga peluda!

 

 

Segundo Capítulo: Buscando el Hotel

 

 

Kurama se levantó. Eran casi las seis. Había regresado al Ningenkai para recoger algunas cosas y despedirse de su madre. Con la excusa de que había conseguido los boletos de un amigo, el pelirrojo mintió diciendo que se iría de vacaciones por un mes a una lejana isla en el caribe. Pero, que se mantendría en contacto. Afortunadamente, no hubieron mayores contratiempos y ese mismo día terminó de hacer las maletas.

 

Salió de la cama y se dirigió al baño. Por lo menos quería darse una buena ducha antes de salir. El baño era pequeño, pero ya estaba acostumbrado. Terminó, se colocó una toalla alrededor de la cintura y salió. Estaba tan sumergido en sus pensamientos que no se percató que había alguien más en su habitación. Levantó la mirada y se encontró con un par de ojos carmesíes que lo observaban fijamente... ¿Hiei?- dijo casi en un susurro.

 

El Youkai se sobresaltó. Se había quedado mirando el cuerpo desnudo del pelirrojo... el agua goteando por su torso... ¿¡QUÉ DIABLOS ESTABA PENSANDO!?

 

- Yo...- el koorime estaba empezando a ruborizarse...

- ¿Qué haces aquí? Pensé que me esperarías en el Makai...- dijo el pelirrojo sonriendo.

- Hn. Me cansé de esperar.

- Oh. Entonces, ¿decidiste venir a escoltarme?- dijo, guiñándole un ojo.

- Baka Kitsune.

 

Si Kurama no lo hubiera sacado de sus pensamientos... el koorime estaba seguro que se hubiera vuelto loco. ¿Qué estaba haciendo allí en primer lugar? Es cierto que se había aburrido de esperar pero, ese no era motivo para ir hasta la casa del Zorro. Lo que es más, ¿por qué tenía esa clase de pensamientos? No era propio de él. Ya estaba acostumbrado a ver desnudo al zorro... ¡NO! Es decir, ya lo había visto así, pero... ¿Qué mierda le estaba pasando? Antes no ocurría nada si ambos estaban cambiándose en la misma habitación. Eran compañeros después de todo. Kurama era... su amigo. Y los amigos no tienen esa clase de pensamientos... ¿o sí?

 

- Bueno, Hiei, ya terminé. Me despido de mi madre y nos vamos, ¿quieres que te la presente o...?

- No es necesario. Estaré en la puerta- y dicho esto, desapareció.

 

Kurama se quedó solo en su habitación. Le dio un último vistazo. Miró su cama  y suspiró. Iba a extrañarla. En el Makai, no disfrutaría de todas esas comodidades. Cogió su maleta y salió, cuidando de cerrar la puerta con llave. No quería que Suuichi entrara de nuevo y encontrara uno de los libros que él había traído especialmente del Makai.

 

El corredor estaba desierto. Se dirigió a la habitación de su madre. Tocó la puerta dos veces y esperó.

 

- ¿Suuichi?- la voz de Shiori sonaba somnolienta.

- Madre, ¿puedo pasar?

- Pasa, hijo, pasa

 

Kurama entró. La habitación estaba a oscuras así que decidió abrir las cortinas. Shiori se tapó los ojos con las manos.

 

- Lo siento...

- Está bien, Suuichi. Después de todo... ya debería haberme levantado.

 

El pelirrojo sonrió. Se sentía un poco culpable por dejar a su madre sola en casa mientras Suuichi y su padrastro habían ido a pescar.

 

- Sólo que no se qué le voy a decir a Hatanaka-kun...

- No te preocupes por eso, le deje una nota en su escritorio.

- ¿De veras? Eso me hace las cosas más fáciles, Suuichi- la mujer sonrió.

- Sip. Aunque creo que Suuichi-kun va a ser el más sorprendido.

- Tienes razón.

- De todas formas, dile estaré de regreso en cuanto pueda.

- Está bien.

- Cuídate mucho, mamá.

- Tú también, Suuichi.

 

Kurama besó a su madre y se dirigió a la puerta. Antes de cerrarla se despidió con la mano. Adiós, mamá- dijo en un susurro.

 

Bajó las escaleras lo más rápido que pudo. No quería hacer esperar al pequeño demonio de fuego, que de por sí ya estaba bastante aburrido. Dio un último vistazo a su casa. La fotografía de él y su madre en la mesita. La oscura cocina... En fin. Iba a extrañar el Ningenkai.

 

Afuera, Hiei estaba esperándolo con cara de pocos amigos. Kurama cerró la puerta con llave.

 

- Creo que ya podemos irnos.

- Te demoras demasiado.

- Tenía que despedirme de mi madre, Hiei.

- Hn. Humanos.

- Te recuerdo que todavía soy un Youko, querido.

 

Hiei sonrió. Baka Kitsune. Le hizo una señal con la mano y ambos desaparecieron.

 

- Ne, Hiei.

- ¿Qué sucede?

- Este portal, ¿a qué parte del Makai nos lleva exactamente?

- No lo sé.

- Ah... ¿CÓMO QUE NO SABES?

- Es el más cercano, Kitsune. El otro está en la siguiente ciudad.

- Oh. ¿Y qué pasa si aterrizamos muy lejos del Hotel?- Kurama estaba empezando a preocuparse.

- Será culpa tuya, Zorro- dijo Hiei sonriendo.

- ¿Y eso por qué?

- Porque tú te demoraste “despidiéndote de tu madre”.

- No me vas a echar la culpa por eso, Hiei- replicó el pelirrojo.

- Hn. Ya llegamos.

- ¿Qué?

 

Era verdad. Ya habían llegado. El Makai se erguía frente a ellos. Con ese olor característico a demonios y maleza. Kurama nunca había estado allí. A él le gustaba robar castillos.

 

- Zorro, el edificio está por allá.

- ¿No dijiste que...?

- Mentí- Hiei lo miró con una sonrisa triunfante.

- Así que mentiste...

- Sí, Kitsune, mentí.

 

Hiei iba a pagar por eso. Sip. Le había mentido al gran Youko Kurama. No se saldría con la suya. Sólo... tendría que planear su venganza.

 

- Lo dejaré pasar por esta vez, querido.

- Hn- Hiei sonrió.

 

Ya estaba acostumbrado a fastidiar a Kurama. Cada vez que le decía “querido”, era porque planeaba vengarse. Hn. Baka Kitsune.

 

Avanzaron lentamente por el espeso matorral. Hiei sabía que el Hotel no estaba muy lejos. Diez minutos a pie. Al menos, no llegarían tarde.

 

La ciudad pronto apareció frente sus ojos. Kurama sonrió. Habían llegado finalmente. Ahora tendrían que encontrar el Hotel. Volteó a ver al Youkai. Hiei estaba a pocos metro de él, avanzando entre la multitud. Lo siguió. No quería perderse como la última vez y volver a pasar la vergüenza de decirle a Hiei que no sabía dónde diablos estaban.

 

La gente lo miraba de forma extraña. Soy mitad ningen, después de todo- pensó. Hiei volteó a verlo y con una señal le indicó que lo siguiera. Ambos desaparecieron.

 

- ¿Qué sucede?- el pelirrojo lo miró sorprendido.

- Hay demasiada gente.

- Lo sé. Tomemos otro camino.

- El Hotel está a la vuelta.

- Entonces, corramos- dijo Kurama sonriendo.

- ¿Qué...?

 

El zorro no le dio tiempo de contestar y lo tomó de la mano mientras gritaba:

- ¡Hombre herido! ¡Abran paso, abran paso!

 

Kurama iba a pagar por esto. Lo estaba haciendo pasar vergüenza otra vez. Maldito zorro. Se estaba vengando de él.

 

A Kurama no le importaba hacer el ridículo en el Makai. Nadie lo conocía ahí. Pero estaba seguro que por lo menos ALGUIEN conocería a Hiei. Sonrió.

 

- Esto te pasa por mentirme, querido.

- ¡Suéltame, Kitsune!

- Ok- dijo con una amplia sonrisa.

- Baka.

 

Hiei estaba totalmente rojo. Kurama lo había echo correr por toda una avenida hasta las puertas del Hotel. Con suerte nadie lo habría reconocido.

 

- Por fin llegamos, Hiei.

- Hn.

- Oh, vamos, no te molestes, querido. Estas cosas pasan.

- Lo dices como si no te importara.

- Pues... la verdad no- dijo el pelirrojo con sinceridad.

- Baka.

- Yo también te quiero, Hiei.

 

Kurama estaba provocándolo. Hn. No caería en su trampa. Él también podía jugar su jueguito.

 

- Entonces, ¿entramos?

- Lo que tú digas.

 

Empujaron la puerta. Sintieron un profundo olor a rosas. Kurama se relajó. Por lo menos en ese lugar había plantas.

 

Los recibió una muchacha con orejas y cola de gato. Tenía un delantal rosado y un pantalón negro. Interesante vestimenta- pensó Kurama.

 

- Buenos días. Mi nombre es Midori, un placer- dijo la muchacha sonriendo.

- Mucho gusto. Soy Suuichi... y el pequeñito de allí, es Hiei- el koorime le dirigió una mirada asesina.

- Baka Kitsune.

 

La muchacha soltó una pequeña risita. Hiei simplemente la ignoró. Le daba igual lo que pensara esa mujer.

 

- Hacen... hacen una linda pareja ustedes dos- dijo sonriente.

- Hn... ¿¡QUÉ!?

 

La muchacha volvió a reírse. Disfrutaba fastidiar a los nuevos. Al menos tendría a un Youkai de mal temperamento y a un jovencito ningen que no estaba nada mal. Sonrió para sus adentros. Estas vacaciones se volvían cada vez mejores.

 

 

 

 


 

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