|
||||
HOLIDAYS
Noveno Capítulo: Buscando a Kurama
Kurama’s POV
Me relamí los labios. Había logrado mi cometido... y al parecer, Hiei también lo había disfrutado.
El Youkai miraba a cualquier cosa menos a mí. Hn. Interesante jugada, Koorime. Pero no creo que después de ese beso, quieras irte sin más.
Dimos vuelta en una esquina. Las luces estaban apagadas. Genial.
Acorralé al pequeño Youkai de fuego contra la pared. Sentí como todo su cuerpo se estremecía al colocar mi mano sobre su mejilla. Aunque estaba oscuro, podía notar una expresión de sorpresa en sus ojos. Inari, realmente eran hermosos. ¿Cómo podían gustarle tanto? Ni él mismo lo sabía.
Volví a juntar mis labios con los suyos. Era una sensación deliciosa. Aún no terminaba de gustarme.
El Koorime respondió. Sentí una tímida lengua pidiendo entrada en mi boca. Accedí gustoso presionando más al Youkai contra la pared. Una sensación de sublime placer recorriendo todo mi cuerpo... ah... exquisito.
Hiei’s POV
... Me sentía desorientado. Diferentes emociones acumulándose en mi interior. Tenía al Zorro delante de mí... bueno, no precisamente delante... Hn! Estaba casi ENCIMA de mí. No podía creerlo. Kurama... ¿no podía ser alguien más? Es decir... ¿Por qué aquella persona que siempre me demostraba que podía confiar en él? ¿Que me mostraba una sonrisa a pesar de lo mal que iba la situación? ¿Que me decía te quiero... y le salía del corazón?
Me sentía confundido. Quería seguir besando al pelirrojo. Sentir cada centímetro de su piel. Probar su sabor... Pero... ¿cómo podía siquiera pensarlo? El Kitsune no me pertenecía. Todo era una ilusión. No podía ser real, ¿verdad? Tal vez era un sueño. Sí, eso era. Estaba soñando...
Una repentina punzada de tristeza atravesó su corazón. ¿Desde cuándo...? ¿Desde cuándo era triste el hecho de no tener al pelirrojo? Había conseguido entrar en lo profundo de su ser. Había llegado a su corazón... y por más que lo quisiese, le era imposible sacarlo de su mente. ¿Cómo diablos había llegado a eso? Él, que nunca se preocupaba por nadie, que nunca hablaba más de lo necesario, que no demostraba lo que sentía... ¿había llegado a enamorarse? ¿Podía ser eso cierto? Se había enamorado... ¿por primera vez?
- Hiei...
La voz de Kurama lo sacó de sus pensamientos. Él pelirrojo lo miraba curioso, una media sonrisa en sus labios. Hiei no lo pudo resistir. Lágrimas comenzaron a caer de sus ojos. ¿Por qué? ¿Por qué dolía tanto?
- ¿Qué sucede?- el Zorro lo miraba ahora con preocupación.
- Yo... - las palabras no salían de mi boca. Quería gritar. Quería decirle que lo quería, que lo amaba... pero lo único que salía eran más y más lágrimas. Me sentía impotente. No poder expresar mis sentimientos era algo que nunca me había importado... hasta ahora.
De pronto, el Kitsune se separó de mí y colocó sus dedos sobre mis párpados, cerrándolos suavemente. Mi corazón latiendo con rapidez. Sus brazos bajaron lentamente hasta mi cintura, juntándose en mi espalda, atrayéndome hacia él. Su calidez invadió mi cuerpo, tranquilizándome. No quería abrir los ojos, me bastaba con saber que el pelirrojo estaba conmigo y que a pesar de todo, podía confiar en él.
Depositó un beso en mi frente, haciendo que me sonrojara. Levanté la mirada y me encontré con esos hermosos esmeralda, que brillaban a pesar de... Un momento... ¿¡Desde cuándo los ojos del Zorro brillaban en la oscuridad!? Oh, mierda.
Me solté con brusquedad. Kurama me dirigió una mirada de desconcierto. Lo siento Zorro, pero esta vez, te pasaste de la raya.
- ¿Qué ocurre?
- ¿Acaso ya olvidaste QUÉ horas es?
- ... Oh, maldición.
Fue lo último que supe del pelirrojo, porque en ese momento, sus ojos se tornaron ámbar por completo, y las orejas de zorro surgieron de entre unos finos hilos color plateado. Youko Kurama hacía su aparición.
Fue sólo un instante pero... pude ver una sonrisa de superioridad en su rostro antes de que desapareciera por completo.
Mierda. Mierda. ¡MIERDA! ¿Cómo diablos iba a encontrar al Zorro esta vez? Si no se daba prisa perdería por completo su rastro. Afortunadamente, el Kitsune no había ocultado su youki. Eso hacía más fácil su búsqueda... ¡Al diablo! Youko Kurama no se dejaría atrapar simplemente. ¡Maldito Zorro y sus estúpidas transformaciones!
Youko Kurama’s POV
Ah... Por fin libre. Estiré mis piernas mientras me recostaba en una de las mesas del comedor. Gracias a Inari que había investigado ese lugar con anterioridad. No tenía nada que perder. Había suficientes clientes en ese Hotel como para comprarse un castillo. Je. Sólo faltaba, encontrar a su primera víctima. Youko Kurama, estaba de cacería.
Sintió la presencia de Hiei. Hn. Lo siento pequeño, pero esta vez, no eres el plato principal.
Dio un salto y desapareció nuevamente, esta vez teniendo cuidado de ocultar por completo su presencia. Corrió por los pasillos, todos en completa oscuridad, ningún problema para el Kitsune. Se dio el lujo de apagar todas las cámaras. No había problema con el Jefe, no sentía su presencia en ninguno de los cuartos, eso quería decir... la seguridad corría por su cuenta.
Centró su atención en los cuartos que estaban vacíos. Genial. Dos a la derecha y cuatro a la izquierda. Con suerte encontraría uno que complaciera sus demandas. Si, el Kitsune era alguien muy exigente.
Entró en la primera habitación. Con un solo vistazo pudo darse cuenta de que se había ganado la lotería. Era una suite matrimonial. Una pequeña punzada de culpa lo atravesó. No ahora Suuichi, si te olvidaste de salir, no es mi culpa.
Abrió el cajón de la mesita de noche y lo primero que encontró fue un joyero color negro. Lo abrió, en su interior había un par de aretes de oro con esmeraldas incrustadas. Mmm... El color de los ojos de Suuichi. Siempre había pensado que eran bonitos, tal vez era hora de hacerle un regalo. Sacó un aparitito color marrón, útil en este tipo de casos. Por esta vez, lo haría al estilo del pelirrojo, se llevaría las joyas, pero dejaría una copia para que nadie supiera lo que había ocurrido. Colocó los aretes en el interior del artefacto, emitió un pequeño click y aparecieron un par de aretes nuevos, idénticos al original. El juego consistía en meter el objeto dentro y éste lo copiaría instantáneamente. Sonrió. Siempre se asombraba de lo eficiente que era en esos casos. Tendría que agradecerle a Kuronue el hecho de tenerlo consigo. Metió los aretes en su bolsillo y dejó las copias en el joyero, teniendo cuidado de colocarlas en su lugar. Cerró el cajón y salió de la habitación sigilosamente.
Los pasillos estaban desolados. Genial. Entró en la siguiente habitación cuidando de cerrar la puerta con llave. No quería interrupciones, sabía que Hiei estaba cerca y no quería que arruinara la diversión tan pronto. Su atención se centró en un joyero color blanco. Lo abrió, una suave melodía se escuchó en toda la habitación. Recuerdos regresaron a su mente al percatarse de lo que había en su interior.
.+- Flash Back -+.
El bosque del Makai se erguía siniestro. Hebras plateadas ondeándose con el viento. Youko Kurama saltaba de un árbol a otro, una sonrisa en su rostro. Un grupo de Youkais lo seguía, lanzas y antorchas en sus manos. Les dirigió una última mirada, antes de desaparecer por completo.
..........
- Not bad, darling.
- He. No problem with that, you know.
- Ja ja ja… Why are you always the same? - Dijo con una sonrisa.
- I already told you, Honey. You are very important to me.
- I KNOW that- una sonrisa de satisfacción en su rostro.
- No puedo permitir que nos encuentren...y la manera más fácil de perderlos es dejarlos en mitad del bosque.
- Je. Me sorprende lo cuidadoso que eres.
- ¿Contigo? Siempre.
……….
- Ne, Kuro. Are you sleeping?
- Hn?
- ...
- What’s wrong?
- It’s only that...
- Are you still worrying about that?
- Yep.
- God, you are insatiable!
- Yeah, I know.
- Si te sirve de consuelo, mañana iré y me robaré esa pieza por ti, are you happy now?
- Yes, I am happy now.
..........
- ¿Kuronue?
- Dime, Zorro.
- ¿Por qué siempre llevas ese pendiente?
- ¿Por qué?
- Sí...
- Pues... porque me lo diste tú.
.+- End Flash Back -+.
Un pendiente negro en forma de gota con una gema escarlata en su interior. Realmente se parecía al que le había regalado a Kuronue años atrás. Tenía ganas de verlo de nuevo. El simple hecho de saber que no lo tendría nunca más... era insoportable. Metió el pendiente en el aparitito y dejó la copia en su lugar. Cerró el joyero y metió el colgante en su bolsillo. Dándole una última mirada al cuarto, abrió la puerta y salió.
Hiei’s POV
Diablos. ¿Dónde mierda estaba ese Zorro? Lo había seguido hasta el comedor para encontrarse con un cuarto vacío, ni rastro del Youko. Había vagado por los pasadizos esperando encontrar alguna señal, pero el Kitsune sabía ocultar su presencia y lo hacía muy bien.
Maldijo de nuevo. ¿Cómo demonios le explicaría al Jefe que Kurama no era el que se robaba las cosas sino Youko? Como si fuera a creerle la historia de su doble personalidad...
No se dio cuenta por donde iba hasta que chocó contra algo que lo hizo caer.
- Fíjate por donde...
- ¿Hiei?
Midori. De todas las personas que podía haberse encontrado, ¿por qué tenía que ser ella? Ah... esto empezaba a fastidiarle.
- ¿Qué haces aquí?- dije incorporándome.
- La pregunta es qué haces TÚ aquí- una idea cruzó por su mente.
- Hn. Te estaba buscando.
- ¿A mí?
- ¿Qué acabo de decir?
- Ok. ¿Para qué?
- No tenemos las llaves de nuestra habitación.
- ¿No tienen? ¿Dónde está...?
- ¿Suuichi? Suuichi está dando un paseo, ¿lo recuerdas?
- Oh, es cierto- su mirada se nublo con tristeza.
- Bueno, ¿las tienes?
- Sí, dame un minuto- dijo sacando un manojo de llaves de su bolsillo, cada una con su rspectiva etiqueta- Mmm... Creo que es esta. Toma.
- ¿Crees?
- Oh, Hiei, ¿por qué siempre eres así conmigo?
- Hn.
Di media vuelta y desaparecí, dejando a una boquiabierta Midori. ¿Quién la manda a meterse en mi camino? Baka.
Esta vez decidí ir al primer piso. Tenía una corazonada. Era el único piso que le faltaba. Había sido un error pensar que el Zorro se iría los pisos de arriba.
Al bajar las escaleras, escuchó pasos acércandose. Había ocultado su Youki, así que simplemente se escondió entre las sombras.
Una imponente figura plateada apareció. Kurama. Había dado en el clavo esta vez.
- No sirve de nada esconderse, Jaganshi. Puedo verte con claridad desde aquí.
- Hn. No me importa.
- ¿Es esa manera de hablarme?- dijo acercándose peligrosamente, empujándome contra la pared.
- Yo decido cómo hablarte- dije, dirigiéndole una mirada asesina.
- ¿Así que no me vas a saludar apropiadamente?
- ¿A qué te...?
El Zorro no me dejó terminar. Había puesto sus labios sobre los míos, otra vez.