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Historia Inconclusa
Forbidden Vianey
Yu Yu Hakusho
KuramaXHiei
La historia tiene lemon y los personajes tal vez parezcan fuera de carácter.
Pero no tanto
Comentarios, tomatazos, sugerencias, chocolates, propuestas matrimoniales y
demas: hiei_no_miko@hotmail.com, hiei_no_miko00@yahoo.com.mx
CAPÍTULO 2
Hiei estaba tirado en la alfombra cuando Kurama regresó a su habitación, al
parecer había intentado irse luego de devorar la comida, pero su mal estado lo
había dejado inconsciente a medio camino. Kurama se acercó y lo tomó en brazos
llevándolo hasta la cama nuevamente, el cuerpo del youkai estaba hirviendo en
fiebre, la herida del pecho abierta había llenado las vendas con sangre y la
expresión del youkai ya no era ni cercana a la tranquilidad, parecía estar
debatiéndose entre la vida y la muerte.
Kurama sacó una semilla de su cabello y la puso en la boca entreabierta de Hiei,
cerrándola luego para hacerlo tragar. Hiei se resistió débilmente pero
finalmente dejó que la pequeña semilla se deslizara por su garganta. Kurama lo
dejó en su cama y fue hasta la cocina por un paño y un poco de agua.
La fiebre no cedía, Kurama le había dado más semillas y refrescado la frente con
agua helada y aun así la fiebre no cedía. Kurama no quería que el pequeño
demonio muriera, quería salvarlo, quería quedárselo. Un sonido se escuchó en la
planta baja, Shiori había llegado. Kurama bajó apresurado y saludó a su madre
con un beso en la mejilla, Shiori llevaba ese perfume floral que tanto le
gustaba.
-¿Cómo te fue hoy en la escuela hijo?- preguntó la mujer atenta-
- Muy bien mamá, ¿Cómo estuvo el trabajo?
- Bien hijo, ha llegado un nuevo cliente llamado Tanaka-san, fue muy amable
conmigo, hablamos mucho y le conté sobre ti. ¿Puedes creer que él también tiene
un hijo llamado Suuichi?
-¿En serio?, que curioso- Kurama se acercó dándole un beso en la frente- Me voy
a mi habitación, tengo deberes.
- No te quedes despierto hasta tarde Suuichi, no es bueno para ti.
- Si mamá.
Kurama subió nuevamente sonriendo, quería tanto a su madre como nunca había
querido a nadie, ella fue la primera persona en demostrar tanta preocupación y
amor por él, por él que solo merecía el odio y temor de los seres que lo
rodeaban.
Hiei estaba un poco mejor luego de toda la noche de cuidados, Kurama se había
quedado dormido a su lado aun con el paño en las manos. El reloj le despertó
apenas a tiempo para un rápido baño y un aun más rápido desayunó. Salió de su
casa corriendo para llegar a la escuela, Shiori no estaba, así que no habría
problema con dejar al youkai dormido en casa, seguramente ni siquiera habría
despertado para cuando regresara. El día transcurrió lento y sin novedades, las
chicas le daban infinidad de cartitas en sobres rosas perfumados con esencias
que ofendían su nariz sensible, cartitas que terminaban en la basura sin ser
leídas, era una perdida de tiempo.
Cuando la hora de salida llegó, se apresuró a llegar a su casa pensando en todo
lo que podría cocinar para tentar al demonio una vez más. Rápidamente llego
frente a su puerta y tuvo que usar tres llaves diferentes hasta que la emoción
le permitió encontrar la correcta. Subió rápido las escaleras, él mismo se
sorprendía de estar tan emocionado con la presencia del youkai. Abrió la puerta
de su cuarto y ahí estaba, Hiei dormía plácidamente sobre su cama, justo como lo
había dejado, se acercó lentamente y pasó una mano frente al rostro bonito del
youkai sintiendo la respiración aun caliente. Suspiró con decepción, Hiei
todavía estaba muy enfermo.
Bajó a la cocina arrastrando los pies, comió sin ganas y la comida no le supo
bien. Luego se puso el mandil de cocina y cocinó como el día anterior. La comida
hervía frente a él mientras estaba perdido en sus pensamientos, imaginando todo
lo que podía hacerle a ese youkai si estuviera mejor, pensó en si Hiei aceptaría
quedarse con él a cambio de casa, comida, protección.
- Como una mascota- pensó en voz alta y rió a carcajadas -.Exactamente como una
mascota...
Cuando subió a su cuarto Hiei seguía exactamente igual,
no se había movido ni un milímetro. Kurama suspiró y fue por el paño y el agua
fría otra vez, eso lo estaba cansado, el no quería hacer de doctor de nadie, el
quería un amante, ¿era eso tan difícil de conseguir?. Claro que no, pero no le
apetecía involucrarse con esas ningen tontas que lo idolatraban como a un dios,
un youkai era lo que quería, éste youkai era lo que quería.
La tarde transcurrió lenta, Hiei balbuceaba entre sueños el nombre de Yukina, o
algo parecido, a Kurama no le interesaba. Finamente se cansó de perder el tiempo
y se acomodó en su escritorio poniendo la pila de libros frente a él, listo para
hacer sus deberes.
La noche llegó, Shiori entró en la casa casi sin hacer ruido como era su
costumbre, Kurama bajó a saludarla sin el entusiasmo del día anterior.
Cansancio, le explicó. Shiori preocupada le dijo que debía comer más y no
estudiar toda la noche, a lo que Kurama dijo sí, como siempre.
Cuando volvió a su cuarto miró la bandeja sobre la mesita, la comida se había
enfriado hacía mucho tiempo y de pronto sintió coraje, había cocinado con la
intención de intercambiar esa comida por sexo y Hiei no despertada, estaba muy
molesto.
-¡Despierta!- Le dijo al youkai haciéndolo sentarse -. Despierta de una maldita
vez.
Hiei abrió los ojos a medias, su cuerpo no reaccionaba, se sentía mareado,
débil, su cabeza dolía y todo su cuerpo estaba caliente. Kurama lo hizo
sentarse, pero Hiei no podía sostenerse solo. Kurama gruño molesto y se sentó
detrás de él haciéndolo apoyarse sobre su pecho para que no cayera.
- Ahora escucha- murmuro el zorro furioso en su oído- cociné todo eso y vas a
comértelo, pero no creas que será gratis, cuando estés mejor tendrás que
pagarme... y con intereses!- terminó enojado -.
Luego acercó la bandeja dejándola sobre el escritorio a su lado y tomó el canto
de arroz, poniéndolo frente a Hiei que estaba casi inconsciente. Kurama olvidó
los palillos y tomó el tenedor, tomando la comida y llevándola a la boca de
Hiei, pero el youkai no hizo nada, ni siquiera sentía el abrazo fuerte que el
zorro mantenía alrededor de su cintura para que no cayera.
- ¡Come!- Kurama lo sacudió con fuerza y Hiei parecía un muñeco de trapo, su
cuerpo no respondía, no tenia fuerzas. -¡Que comas te digo!
Kurama forzó la comida en la boca de Hiei y el youkai se quejó, Kurama retiro el
tenedor y había un poco de sangre en uno de los picos.
- Eso sucede por no obedecer, ¡ahora come!
Kurama llevó más comida a la boca del youkai y lo forzó a comer, Hiei se quejaba
débilmente y trataba de alejarse, pero el youko lo sacudía violentamente o le
sostenía la cara. Aun así no logró que comiera mucho, la mayoría de la comida
había caído sobre la sabana en el regazo de Hiei, Kurama se molestó y lo dejó
caer en la cama haciéndolo a un lado para cambiar la sábana. Estaba furioso de
que las cosas no salieran como él quería. Sacó las sabanas limpias del closet y
puso al youkai sobre la alfombra mientras ordenaba la cama rápidamente, luego
subió al youkai sin esfuerzo. Había un poco de sangre en los labios de Hiei así
como restos de comida, el youkai llevó su mano hasta su boca para limpiarse pero
Kurama lo detuvo.
- ¡No hagas eso!- le gruñó- ¡ensuciaras las sábanas otra vez!
Kurama tomó un pañuelo desechable y le limpió el rostro, los ojos entrecerrados
de Hiei lo miraban sin expresión. Kurama miró a los ojos al youkai y algo
parecido a la culpa atravesó su pecho por un segundo, pero él lo alejó de
inmediato. Odiaba que sus sentimientos ningen intervinieran con su verdadera
naturaleza. Suspiró enojado cuando terminó de limpiar la cara de Hiei.
- Creo que necesito una ducha y dormir- miró a Hiei, el youkai parecía cansado y
deprimido, había un poco de sangre en sus labios otra vez.- No quiero
lastimarte- le dijo acercándose mucho "no más de lo necesario" pensó.- Solo que
me hiciste enojar, es todo.
Diciendo esto lamió suavemente la sangre de sus labios y Hiei alejó la cara
débilmente. Kurama estaba molesto otra vez, pero se controló.
- Esta bien, no tengo tiempo para esto, descansa, quiero que te recuperes lo
antes posible.
Había pasado un día más y Kurama regresaba sin ánimo a su casa, odiaba que el
youkai estuviera tan enfermo, odiaba que se resistiera, odiaba no poder tenerlo
cuando quería y como quería. Gruño abriendo la puerta y subió las escaleras
lentamente, la emoción anterior se había convertido casi en un fastidio, aunque
si lo pensaba bien, un par de días no eran mucho para alguien que había vivido
tanto y aun así, estaba más que ansioso.
Hiei dormía otra vez sobre la suave cama, Kurama dejó su cartera de la escuela y
se acercó, poniendo una mano en su cara. Su rostro se iluminó al sentir que la
temperatura había bajado bastante, de inmediato se saco otra semilla del cabello
y despertó al youkai, Hiei abrió los ojos lentamente y los frotó con su mano.
- Come esto - dijo Kurama emocionado poniendo la semilla en su boca-
-No- Hiei trato de alejarse, siempre intentaba resistirse- Te digo que
nohbhjknmm....
Kurama había metido la semilla a la fuerza y cerrado su boca, Hiei la tragó
cerrando los ojos y luego alejó las manos del zorro tratando de ganar algo de
aire.
- Veo que te sientes mejor- dijo Kurama sonriente- .Déjame prepararte algo de
comer, debes tener hambre.
- No tengo hambre- fue la seca respuesta de Hiei mientras intentaba levantarse.-
- Hey, a dónde crees que vas?
- Me voy de aquí - el youkai estaba mareado y débil, pero quería salir de aquel
lugar -.
-A dónde?, no tienes otro lugar a donde ir, si sales seguro morirás antes de
encontrar un portal al makai, quédate un tiempo más, hasta que hayas sanado
completamente...
Hiei lo pensó un momento, era verdad, estaba débil y no tenia a donde ir, ese
mundo era muy extraño, seguro no eran los únicos demonios ahí, si alguno lo
atacaba ahora podría matarlo fácilmente, no podía morir ahora, no antes de
encontrarla.
- Quédate - le propuso el zorro- aquí tienes comida y techo, yo no voy a
lastimarte.- Hiei le dirigió una mirada significativa y Kurama entendió lo que
estaba pensando- Bueno, si lo que te preocupa es el precio del hospedaje, la
comida y los cuidados, no veo porque. Seguro no es la primera vez que lo haces,
debes haberlo hecho por cosas menos importantes, además, si te portas bien,
puede que yo sea tu último amante...
- Yo no tengo amantes- se defendió Hiei -.
- Entonces cliente o como quieras llamarlo- dijo Kurama sin interés -, sabes que
tengo razón así que no discutas conmigo, recuéstate.
Hiei apartó la mirada y cedió cuando el youko lo ayudó a recostarse. Kurama
cambió los vendajes mirando satisfecho como la herida iba cerrando, sus
medicamentos habían hecho un muy buen trabajo.
- Ahora, voy a cocinar algo delicioso para ti- le guiñó un ojo al salir y dejó
la puerta abierta -.
Hiei se quedó solo, mirando el techo, pensaba en ella, en la única razón por la
que estaba ahí, la única razón por la que soportaba todo aquello. Si no hubiese
sabido que tenía una hermana seguro habría muerto hace mucho, el saber que tenía
alguien que podría considerarse familia lo hizo querer vivir y encontrarla, más
aún, sabía que ella lo estaba buscando también. Un dolor cruzó su alma cuando
pensó en cómo sería pararse frente a ella y decirle que él era su hermano, que
ella lo viera así, que supiera por todo lo que había pasado, el rechazo, el
odio, el desprecio que todos sentían por él aparentemente sin razón, decirle que
había tenido que hacer de puta para conseguir información sobre los portales al
makai, sobre Shigure, sobre cualquier cosa. El pequeño youkai se arremolinó
sobre sí mismo conteniendo un sollozo. No, él no era digno de ser el hermano de
Yukina, él, el niño maldito no era digno de nada, ni siquiera de un poco de
comida que no fuera cobrada con sexo o con cualquier otra cosa. Un sonido lo
sacó de sus pensamientos y enjugó rápidamente las lagrimas que amenazaban con
salir.
- Mira qué conveniente- dijo Kurama entrando a la habitación con la bandeja
llena de comida- Hay comida lista, parece que hoy no cocinaré- anunció
triunfante -.
Hiei desvío la mirada esperando, era hora de pagar por la comida.
- Así es- dijo Kurama dejando la bandeja sobre la mesita y subiéndose
felinamente sobre Hiei- además tienes que pagar el hospedaje, los cuidados, las
medicinas...
Mientras hablaba el youko iba besando la cara y el cuello del youkai, bajando
por su cuerpo, acariciando la piel caliente, exhalando su aliento en su cuello,
haciendo a Hiei temblar. Kurama se acomodó entre las piernas de Hiei haciendo
rozar su sexo contra el muslo del youkai, Hiei se estremeció y cerro los ojos.
Escuchó cómo Kurama reía suavemente divertido por su reacción. El zorro comenzó
un movimiento suave frotándose despacio contra el youkai, excitándose
lentamente, se dirigió a sus labios pero apenas los rozó, Hiei volteó la cara al
otro lado. Al zorro le gustaba la resistencia del youkai, le daba una sensación
de poder que solo lo excitaba más.
Kurama tomó el rostro de Hiei con una mano haciéndolo encararlo, le sostuvo la
mirada un momento y se inclinó para besarlo, sintiendo ya la dureza bajo sus
pantalones. Hiei se resistió tratando de alejarse, pero la mano de Kurama lo
sostuvo fuertemente. Luego besó aquellos labios con fuerza, Hiei trató de
alejarlo con las manos y el youko se enfureció. Kurama gruñó aun en el beso y
apartó las manos de Hiei sosteniéndolas sobre su cabeza con una sola. El zorro
estaba molesto pero muy excitado, tener al youkai así, tan indefenso, luchando
débilmente por liberarse, sintiendo la desesperación.
Usó una mano rápida y bajo el ziper de su pantalón, liberando su miembro
hinchado y latente. Hiei estaba asustado, lo podía ver en sus ojos, la herida en
el pecho debía dolerle mucho con el esfuerzo que hacóa, trataba de liberarse y
el youko no pudo evitar forzar otro beso, Hiei cerró los labios y aun intentó
alejarse. El youko sonrió un poco encontrando la entrada estrecha del cuerpo del
youkai ahí abajo, con un empujón fuerte, Kurama entró hasta el fondo, Hiei abrió
la boca para quejarse y el youko aprovechó para resbalar su lengua dentro,
probando cada rincón, lamiendo salvajemente, yendo profundo en la boca del
youkai.
Todo el cuerpo de Hiei se estremeció ante la dolorosa invasión, el peso del
pelirrojo sobre él lastimaba su herida y no podía liberar sus manos, no podía
evitar sentirse desesperado y asustado. El youko empezó a moverse fuertemente
dentro de él y Hiei jadeó, el dolor le recorría de pies a cabeza y trató de
controlarse un poco, trató de pensar, no era la primera vez que veía a un sujeto
así, sabia que lo que lo excitaba era su resistencia, así que trato de
relajarse, eso evitaría también que su cuerpo fuera dañado aun más. Kurama
sintió como el temblor en el cuerpo de Hiei iba cediendo poco a poco, se irguió
para verlo. Hiei tenia los ojos entrecerrados y trataba de controlar el dolor,
Kurama le sonrío empujando más fuerte y disfrutando del jadeo que Hiei no podía
controlar cuando hacía eso. El youko comenzó a empujar más fuerte, sintiendo la
resistencia, Hiei cerró los ojos, ya sin poder controlar su respiración ni los
sonidos involuntarios que ese youko le provocaba. Kurama echó la cabeza hacia
atrás disfrutando, adoraba los quejidos del youkai, salían tan profundo de su
garganta sin que el pequeño demonio pudiera contenerlos. Delicioso.
La mano de Kurama soltó de pronto las manos pequeñas de Hiei y comenzó a
acariciarlo mientras apoyaba todo su peso en él nuevamente. Hiei le puso las
manos en los hombros pero no intentó apartarlo, no tenía caso. Su cuerpo más
pequeño estaba casi totalmente cubierto por el del pelirrojo y se le estaba
dificultando de verdad respirar, la fricción en su pecho aun lastimado era
insoportable, al menos el youko ya no lo estaba lastimando ahí abajo, Hiei cerró
los ojos fuertemente alejando la cara todo lo que podía de Kurama, esperando,
solo esperando a que el youko terminara de utilizarlo. Al menos después de eso
tendría una comida caliente, recordó cuando, años atrás, en vez de comida
recibía palizas después de ser utilizado una y otra vez...