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Historia Inconclusa
Forbidden Vianey
Yu Yu Hakusho
KuramaXHiei
La historia tiene lemon y los personajes tal vez parezcan fuera de carácter.
Pero no tanto
Comentarios, tomatazos, sugerencias, chocolates, propuestas matrimoniales y
demas: hiei_no_miko@hotmail.com, hiei_no_miko00@yahoo.com.mx
CAPÍTULO 4
El frío de la tarde hacía que las heridas abiertas dolieran más, la sangre resbalaba por sus brazos. Tuvo que detenerse. Miró su brazo izquierdo. Con cuidado sacó un pequeño trozo de cristal que se le había incrustado y le hacía sangrar, tenía mas cortes en el hombro derecho, en la pierna y en la cara.
Miró a su alrededor, estaba en medio de la ciudad vestido únicamente con sus pantalones y herido, ni siquiera llevaba sus botas. La noche estaba cerca, no había gente en las calles grises. El youkai dio un paso, inseguro de hacia donde se debía dirigir, no sabia si había mas youkais en ese mundo y si alguno podía sentir su energía. Tampoco sabía donde encontrar un bosque, una cueva o algún lugar seguro para descansar. Una brisa fresca llego hasta su cabello del lado derecho, el olor de los árboles y el follaje llego a su nariz y sin pensarlo lo siguió de inmediato.
No tardó mucho en salir de la ciudad, había llegado a un bosque que era bastante similar a los bosques del makai. De pronto sintió nostalgia. El makai ciertamente era el lugar de sus pesadillas, donde había sido rechazado, violentado, utilizado y abandonado, pero también era un lugar que conocía, sabia exactamente donde podía ir si algún enemigo más poderoso lo seguía, donde esconderse cuando Shigure lo buscaba luego de tratar de escapar, donde conseguir algo de comida a veces. Era el lugar donde creció, un lugar que conocía tan íntimamente como la palma de su mano, y ahora, éste lugar, tan frío y gris, tan hostil, donde habitaba ese youko... ese youko....
Cerró los ojos y se apoyó en un árbol, dejándose resbalar hasta quedar sentado. Estaba cansado, muy cansado, sus párpados pesaban como plomo, quería dormir el resto de su vida, tal vez de esa manera no recordaría el dolor, ni el rechazo, no recordaría el sabor de ese youko en su boca, ni todo lo que había sido su maldita vida desde que nació.
El sueño lo vencía lentamente, pero era peligroso dormir a la intemperie Con la mirada buscó alrededor, había un lugar entre dos árboles donde las enredaderas formaban una especie de techo, no se veía como el mejor lugar para dormir, pero no tenia mucho de donde elegir. A cuatro patas se dirigió al lugar y apenas llegó, se dejó caer y antes de darse cuenta estaba profundamente dormido.
*
Kurama terminó de vendar su mano adolorida, habían pasado horas desde que el youkai se fue. Sabía que el pequeño demonio no regresaría con él. Una punzada de culpabilidad lo atravesó. Hiei debía estar afuera, solo, confundido, cansado, humillado, herido...
Kurama tragó saliva fuerte, no, no dejaría que sus sentimientos humanos lo hicieran sentir mal. Hiei era un youkai hermoso, él solo había querido tenerlo cerca y tal vez quedárselo, ¿era eso tan terrible? Seguro cualquier otro con el que hubiera estado lo habría tratado peor, al menos él lo alimentó y cuidó esos días.
Una brisa fresca entró por la ventana ahora sin cristal, la noche estaba ya sobre la ciudad, el cielo estaba oscuro y algunas estrellas brillaban lejanamente, no había luna.
Kurama se levantó y se puso su ropa de dormir. No tenía caso preocuparse demasiado por Hiei, si había sobrevivido tanto tiempo en el Makai era porque seguro tenía habilidades suficientes para mantenerse con vida por él mismo. Aunque ahora estaba muy débil..., prácticamente no tenía youki, además estaba en un lugar extraño y estaba lastimado.
El youko agitó la cabeza para sacar esos pensamientos. Era inútil preocuparse. Si el youkai se había ido rehusando su benévola oferta de casa, comida y sexo era su problema, más aún; si lo mataban sería su culpa por irse. Apagó la luz.
El segundero del reloj llenaba la habitación con su sonido monótono y angustiante. Era como si cada segundo que pasaba se sintiera más desesperado. Pensaba que si salía por la ventana y buscaba al youkai lo encontraría sano y salvo antes de que alguien lo matara ¡o peor aun! ¡se lo quedara!. Pensaba en que si le explicaba su oferta con más calma el youkai aceptaría, pensaba en tener otra vez ese cuerpo tibio entre sus brazos y en el sabor de su boca, el olor de su cuello, pensaba en tantas cosas. Pero ahí estaba, el sonido del reloj indicándole que el tiempo pasaba y él no estaba haciendo nada. Aun así no se decidía a levantarse, nunca habría ido tras un youkai en su antigua vida y a pesar de la fusión de su alma con la de un ningen, no dejaría aquel orgullo, aquella arrogancia de su vida pasada. ¿Porque él, que era deseado por todos los seres de los tres mundos debía ir tras un youkai con el que solo había pasado algunos días?... Maravillosos días, se dijo. Pero no, aun así, esperaría a que el youkai regresara, todos regresaban a él, este youkai no seria la excepción.
*
- Buen día Minamino- saludo Kitajima alegre- ¿estás bien? parece como si hubieras pasado la noche en vela
- Buen día Kitajima, estoy bien gracias por preguntar
- ¿Seguro que estás bien? Últimamente te veías tan contento
Kurama se detuvo en seco. ¿Contento?. Se veía así porque sabía que cuando regresara a casa un pequeño youkai estaría en su cama, dormido, con esa expresión infantil, con los finos labios entreabiertos, sus labios...
- No es nada, estoy bien- apresuró el paso y entró al salón sin mirar a nadie, su mente estaba en otro lugar.
Las clases eran aburridas como siempre, ninguna lograba captar su atención en lo mas mínimo. La mayoría del tiempo lo pasó mirando por la ventana, el cielo estaba azul y brillante, había bastante sol y hacía un clima agradable. Se preguntó si el youkai estaría mirando el cielo en ese momento...
De pronto la campana sonó, era hora del almuerzo ya. Kurama no se movió. Rechazó las invitaciones de compartir el almuerzo de sus compañeras sin la amabilidad de siempre, lo que provocó confusión entre sus admiradoras. Pero no estaba de humor para sonrisas falsas. Odiaba admitirlo, pero estaba muy preocupado. El salón estaba vacío excepto por él mismo, el sonido de las conversaciones en el patio parecía lejano, solo podía concentrarse en los recuerdos del youkai de fuego, el pequeño youkai de fuego...
*
Kurama se movió entre las sabanas, era la tercera noche que no podía conciliar el sueño. Desde que el youkai escapó no había podido dormir. Pasaba las noches con la angustia en el pecho pensando en las cosas terribles que podrían ocurrirle al demonio de fuego. Recordaba las ardientes sesiones de sexo y deseaba abrazarse a él y dormir como lo había hecho cuando estaba ahí mismo, en su cama, entre las sabanas que aún conservaban el ligero olor del youkai.
Agitó la cabeza y cerró los ojos fuertemente, necesitaba dormir. Nunca se preocupó por nadie excepto su madre, ese no era buen momento para comenzar. Además el youkai había sobrevivido en el makai, seguro podría sobrevivir en el ningenkai, aunque fuera haciendo lo que hacía en su mundo...
-¡Basta!- Kurama se cubrió la cabeza con la almohada, no quería imaginar al lindo youkai entregándose a nadie mas, lo quería para él, solo para él y para nadie más.-
No tenía otra solución, si no lo hacía se volvería loco. Se levantó apresuradamente y se puso algunas ropas. Abrió la ventana y el aire afuera era frío.
Buscaría al youkai, y cuando lo encontrara, lo tomaría hasta saciarse de él, luego dejaría ese asunto atrás.
*
-Maldita sea…- refunfuñaba el youko mirando desde la ventana, no había encontrado al pequeño youkai-.
Kurama tenía deseos de seguir maldiciendo pero al parecer sus pasos nerviosos despertaron a su madre. Pues no pasó mucho tiempo antes de que llamara a la puerta.
-Suuichi, hijo... ¿estás bien?
-Sí mamá, solo estaba ordenando mis libros para mañana.
Shiori no respondió pero no se alejó de la puerta. Kurama se acercó y giró el picaporte para dejar pasar a su madre.
-Estoy bien- tranquilizó con una sonrisa-. Es tarde, siento haberte despertado.
-No te preocupes hijo. Es solo que hace algunos días te noto muy extraño y pensé que algo andaba mal.
-Es época de exámenes.
-Sí eso debe ser- sonrió Shiori acariciando el cabello de su hijo-. No te preocupes, siempre sacas buenas notas. Mejor descansa, parece que no has dormido bien estos últimos días.
-Lo haré mamá, duerme tu también.
La mujer sonrió y le dio un beso de buenas noches a su hijo antes de irse. Kurama se recargó contra la puerta. Hasta Shiori se había dado cuenta.
-Maldito youkai...