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YOU AND ME
Forbidden Vianey
CAPÍTULO I
La tarde estaba cayendo con rapidez, el color violeta ya pintaba el cielo.
Kurama miraba desde la ventana esperando por su youkai de fuego. Habían pasado
ya dos semanas desde aquella torpe confesión que tanto había planeado y al
final, como un adolescente nervioso, había dicho de la manera más torpe e
incoherente del mundo. Sonrío recordando la expresión de Hiei, el youkai al
principio se había fastidiado un poco por su indecisión, luego su cara había
mostrado confusión al no entender bien qué era lo que Kurama trataba de decir
con esos balbuceos y palabras a la mitad y al final el sonrojó que cubrió sus
mejillas cuando las tan anheladas palabras por fin llenaron el ambiente entre
los dos. Hiei se había quedado estático, sin saber qué contestar, sin saber qué
hacer, los labios entreabiertos en completa incredulidad. Kurama temió un
rechazo, una mala palabra o peor; una huida. El zorro estaba a punto de decir
algo más para aminorar la tensión cuando notó el cambio en la expresión del
youkai; la mirada se había suavizado y los ojos brillaban como si intentara
decir algo, parecía como si Hiei quisiera acercarse pero no pudiera. Al zorro no
le sorprendió esa actitud, Hiei no era precisamente el ser más afectivo del
mundo y demostrar lo que estaba sintiendo debía serle muy difícil. Con sumo
cuidado Kurama se acercó a Hiei y para su sorpresa Hiei se acercó también, sin
pensarlo mas lo envolvió en sus brazos con fuerza para nunca más dejarlo ir.
-¿Qué estás mirando?- la voz profunda del youkai lo sacó de sus recuerdos -.
Hiei estaba de pie detrás del él, al parecer había entrado por la misma ventana
en la que él seguía apoyado y tan concentrado como estaba, ni siquiera lo notó.
-Nada, solo estaba esperándote.
Hiei sonrío un poco y correspondió al abrazo que Kurama le ofrecía, un beso
tierno probó la piel de su mejilla antes de deslizarse hasta su boca y detenerse
ahí por mucho más tiempo. Hasta ahora el youkai había aceptado bien las muestras
de afecto que Kurama le proporcionaba, desde un beso o una caricia hasta dormir
con él por las noches. Aun así, Kurama aun no intentaba llegar más lejos, quería
darle tiempo a su youkai para asimilar todas las nuevas emociones que su
relación representaba. Pero Kurama debía admitirlo, se moría de ganas por
hacerle el amor.
*
La tarde era fría y Kurama seguía haciendo sus deberes escolares mientras Hiei
sentado en la ventana, miraba el cielo sin estrellas, pronto sería invierno.
- Creo que eso es todo- dijo Kurama estirándose
felinamente en su silla luego de cerrar el último libro -. Vamos a dormir.
Hiei se volvió hacia su zorro con una duda en la mirada.
- Kurama...
-¿Si?- Kurama buscaba en sus cajones la ropa de dormir, a partir de ahora debían
usar algo más abrigador-.
-Nosotros vamos a ser... emm... ¿compañeros?
Kurama se volvió con una sonrisa y caminó hasta su youkai para abrazarlo.
-Nosotros ya somos compañeros Hiei.
Hiei asintió devolviendo el abrazo pero algo aun lo perturbaba.
-Entonces, debemos tener más confianza entre nosotros ¿verdad?. Decirnos todo y
... bueno, no tener secretos.
-Pues... claro. Podemos decirnos todo. Tal vez haya cosas que no necesitemos
saber uno del otro, no es necesario decir absolutamente todo. Si quieres guardar
algo para ti está bien.
El youkai pensó un momento. Su cara estaba en el pecho de Kurama, por lo que
éste no podía verla.
-Y aun si las cosas que nos dijéramos no fueran del todo buenas o guardáramos
algún secreto... aun seriamos compañeros, aun seguiríamos...
-Sí, aun seguiríamos queriéndonos.
Hiei levantó la cara y sonrió un poco. Al parecer su duda estaba resuelta.
-¿Vamos a dormir?
-Sí.
*
Afuera llovía, seguramente era la última lluvia de la temporada y por lo tanto
el agua ahora era fría. Hiei no había regresado aun y Kurama estaba preocupado,
al lado de la ventana se amontonaban las toallas preparadas para cuando fuera
necesario secar al youkai. La ventana tuvo que ser cerrada para evitar que el
agua entrara. Un golpecito en el cristal hizo que Kurama prácticamente saltara y
de un solo paso estuviera frente a la ventana abriéndola tan rápido que sus
dedos eran torpes.
El youkai entró empapado y Kurama se apresuró a ayudarlo a secarse y sacarse las
ropas, -Quítate las ropas o vas a resfriarte- sugirió Kurama secando su
cabello-.Hiei tomó la mano de Kurama y le hizo quitar la toalla lentamente para
mirarlo a los ojos. La mirada color sangre era suave y apasionada, sexy pensó
Kurama.
-Tal vez necesite algo de ayuda- sonrío el youkai -.
Kurama tembló entendiendo la provocación de Hiei, el youkai estaba de lo más
sexy con las ropas mojadas pegándose a su cuerpo, la humedad de su cabello y las
gotas de lluvia que pelaban su piel.
Con cuidado Kurama comenzó a quitar la bufanda blanca tirándola al piso al igual
que la toalla ya olvidada. Hiei lo miraba intensamente, sus miradas no se
apartaban ni un segundo. Había un sentimiento de complicidad y deseo en cada
movimiento, en cada respiro. La lluvia seguía golpeando la ventana mientras el
ambiente en la habitación se iba calentando. Kurama había quitado la camiseta de
Hiei antes de abrazarlo con fuerza y besarlo como si fuera la última vez. Hiei
estaba prácticamente colgado de su cuello, en las puntas de sus pies para
alcanzarlo. Compartían un beso tan apasionado como nunca. Kurama apretaba el
cuerpo delgado con tanta fuerza que apenas le permitía respirar y aun así
parecía que jamás podría tener a Hiei suficientemente cerca, era como si
quisiera ser uno con él para siempre.
Las caricias y los besos estaban subiendo de tono y se hacían cada vez más
íntimas. El youko fue por los cinturones con una mano y abrazo la cintura
esbelta con la otra. Sin dejar que se apartara ni un milímetro lo fue empujando
hacia la cama y Hiei cedió. El zorro apenas podía creerlo, en verdad iba a
hacerle el amor a Hiei esa noche. Lo invadió la ternura y la emoción al pensar
lo inmensamente afortunado que era al ser el primero en la vida de su adorado
youkai. Él seria el primero y último, el único. Así como Hiei sería el último
para él y desde ahora el único para siempre.
Las piernas de Hiei tocaron la cama y Kurama lo ayudó a recostarse lentamente,
dejando un momento su boca para mirarlo a los ojos y comprobar el deseo y amor
que reflejaban.
-Te amo-le murmuró Kurama muy cerca y Hiei sonrió-.
-Y yo a ti- susurro Hiei tan bajo que sus palabras apenas era audibles-.
Kurama bajó por su cuerpo con caricias lentas y fue por las botas primero. Con
algo de dificultad las quitó, estaban completamente empapadas al igual que los
pantalones. Aun así Kurama no quería ir muy rápido, quería disfrutar cada
instante y volver loco de deseo al youkai. Con esa idea regresó a los labios
entreabiertos del youkai que lo recibió con un abrazo ansioso. El zorro apoyaba
todo su peso sobre el cuerpo más pequeño haciéndole sentir la excitación que
crecía bajo su ropa. Se separaron por un poco de aire y Kurama aprovechó para
besar la mejilla pálida y húmeda, los pómulos, los ojos, delineando con besos
las facciones del demonio de fuego que acariciaba su espalda por debajo de la
camisa. El youko no tardó mucho en ir por la piel sensible de su cuello,
disfrutando el sabor y el olor de su youkai como nunca había disfrutado nada en
toda su vida. Cuanto lo adoraba. Lo amaba tanto que a veces creía que no le
cabía en el pecho un sentimiento tan grande y que se volvería loco si algo le
llegara a pasar a quien ahora era la razón de su vida.
Hiei gemía suavemente cuando el youko mordía su cuello, las caricias descendían
por su pecho palpando la piel suave y los músculos tensos. Kurama bajó un poco
más besando cada centímetro de piel en su camino y tomó un pezón rosado en su
boca chupando y besando con vehemencia, haciendo a Hiei gemir y moverse buscando
más contacto. Una mano ávida buscaba ya abrir los cinturones mientras los labios
del zorro seguían trabajando en el torso desnudo y delicioso de su amante. Su
amante. Su amado.
Los cuatro cinturones finalmente estaban abiertos y Kurama deslizó su mano
dentro. Hiei gimió y se arqueó cuando la mano de Kurama llegó hasta su
excitación acariciando lentamente.
-Ahh.... Kurama...
El youko sonrió y descendió, deteniendo las caricias un momento para quitar los
pantalones completamente. Su youkai era hermoso. La piel pálida y mojada, los
músculos tensos, el deseo impreso ya en su cuerpo lo hacían parecer un
espejismo, una ilusión, se veía tan hermoso e irreal. Kurama dio un gran
suspiro, amaba tanto a ese youkai, y esa noche por fin tendría la oportunidad de
demostrárselo físicamente, haciéndole probar el placer que pensaba darle el
resto de su vida. Hiei estaba sonrojado y nervioso, miró hacia un lado tomando
la sabana y tratando de cubrirse pero Kurama lo detuvo.
-No, déjame verte... eres tan hermoso...
Hiei se sonrojó más y apartó la mirada. Estaba algo nervioso pero amaba a
Kurama, quería pasar el resto de su vida con él, quería tener más confianza en
su compañero.
-Parece que ahora soy yo quien necesita ayuda- dijo el zorro sentándose en las
caderas del youkai-.
Hiei sonrió un poco y comenzó a desabotonar la camisa con torpeza. Estaba
nervioso y ansioso, necesitaba a Kurama. Quería entregársele en cuerpo y alma.
Los botones se resistían demasiado y Hiei comenzaba a desesperarse, necesitaba a
su zorro ahora. Con un jalón la camisa quedó deshecha en varios pedazos y Kurama
se sorprendió.
-Parece que estamos muy ansiosos ¿verdad?- rió suavemente mientras volvía a
recostarse sobre el youkai y tomaba sus labios en un beso profundo-.
Hiei buscaba abrir el pantalón café que Kurama llevaba pero estaba perdiendo la
paciencia otra vez.
-Espera- lo detuvo Kurama- yo lo haré, no quiero que lo rompas también- le guiñó
el ojo-.
Sin dejarlo salir de debajo de su cuerpo se quitó los pantalones con algo de
dificultad. La ropa interior le siguió mientras sentía el temblor del cuerpo
debajo suyo por el roce que sus movimientos provocaban.
Finalmente estaban desnudos y habían olvidado por completo el frío de la noche,
entre ellos solo había calor, en sus cuerpos y en sus corazones.
Kurama besaba apasionadamente al youkai acariciando su cuerpo, las mano de Hiei
recorrían su espalda tratando de traerle más hacia sí.
-Hiei- habló Kurama muy cerca- te amo, quiero estar contigo el resto de mi vida.
Quiero estar contigo siempre.
Hiei lo miraba con los ojos brillantes de amor y deseo, Kurama estaba tan cerca
que casi estaba fuera de foco.
-Kurama, yo... también quiero estar siempre contigo... no sé que decir... yo...
-Di que sí...
-¿Que sí?...
-Di que vas a compartir votos conmigo, mi youkai...
Hiei comprendió lo que Kurama trataba de decirle y lo abrazó fuertemente,
emocionado por sus palabras.
-Sí zorro, quiero que compartamos votos.
Sus labios se unieron aun sonriendo, estaban tan felices. Kurama continuó con
sus caricias tiernas, excitando a su youkai pero Hiei partió el beso mirándolo a
los ojos.
-Kurama yo... tengo algo que decirte, algo... algo sobre mi pasado que...
-Shhh- lo cayó Kurama con un dedo sobre sus labios- ¿no puede esperar? estoy
tratando de hacerte el amor...
Hiei se sonrojó y se abrazó nuevamente a su zorro, deseando que el youko pudiera
ver en su corazón y saber lo mucho que lo amaba, lo mucho que significaba ese
momento para él más allá de sus recuerdos...
Kurama bajó nuevamente por su cuerpo besando y lamiendo, arrancando gemidos cada
vez más fuertes de los labios húmedos de su youkai conforme se acercaba a la
parte mas sensible de su cuerpo. La excitación de Hiei rogaba por atención y
Kurama no lo dudo ni un segundo, humedeció sus labios casi saboreando a su
youkai antes de tiempo y lo tomó todo en su boca. Hiei gimió fuerte y se arqueo
aferrándose a las sabanas, apretando tan fuerte los puños que sus nudillos se
volvieron blancos. Una onda de placer recorrió todo su cuerpo y lo hizo perder
el control. Kurama seguía bajando y subiendo por su longitud y Hiei movía las
caderas inconscientemente al ritmo de Kurama. El placer era demasiado, era como
si su cuerpo fuera demasiado pequeño para soportar tanto placer.
-Ahhh!... Kurama... Kurama...
Kurama había soñado tantas veces con tener al youkai así que escuchar su propio
nombre en la voz ronca y llena de deseo del youkai le parecía un sueño. No
quería esperar más, quería tomar a Hiei y entregársele por completo ahora mismo.
Hiei soltó un quejido de frustración cuando Kurama abandono su excitación y
subió por su cuerpo. La sangre le hacia hervir el rostro y su respiración estaba
agitada Se miraron un segundo respirando el aliento del otro antes de unir sus
bocas en un beso profundo y apasionado.
Kurama se acomodó entre las piernas de Hiei y se frotó contra él haciendo al
youkai gemir en el beso y arquearse contra él.
-¿Estás listo?- preguntó el zorro dulcemente en su oído en un tono bajo y
amoroso-.
Hiei asintió abrazándose más fuerte a su youko, aferrándose a él. Ninguna duda
en su mente, solo quería pertenecerle a Kurama el resto de su vida, lo amaba
tanto...
Kurama se colocó en su entrada y con cuidado empezó a empujar, no quería ir
demasiado rápido, no quería hacerle daño, quería que disfrutara de ese momento
tanto como él. Hiei se arqueó gimiendo y retorciéndose un poco de tanto placer.
Kurama se detuvo un momento sorprendido y abrió los ojos para mirar a Hiei.
Había entrado con un solo empujón, el cuerpo de su youkai no había presentado
mucha resistencia. Kurama se quedó helado ante el pensamiento. Estaba mirando a
Hiei quien aun tenía los ojos cerrados y esa expresión de placer en el rostro
bonito. Se veía tan hermoso, tan condenadamente hermoso. El cabello le caía en
la frente, el sudor resbalando por su cara, los ojos fuertemente cerrados, los
labios húmedos y
entreabiertos, se veía... irreal. El youko estaba embelesado mirando esa
perfecta imagen de su youkai pero al mismo tiempo su mente vagaba por un lugar
muy lejano.
*No es posible... debe haber algún error...* Hiei gimió un poco nuevamente y
Kurama tragó.
No podía creerlo... Hiei no era virgen.